37semanas+2

Hace casi 6 meses que soñaba con la llegada de mi primera hija,y por desgracia tuve la mala sensación de dejar de sentirla y en el hospital me confirmaron aquellas palabras que nunca olvido,”no hay latido”.
En mi caso todo fue muy rápido, y tengo que dar las gracias al personal que me atendido.
Que perdida estaba cuanta información y cuanto miedo no entendida nada.
Me programaron el parto y me rompieron la bolsa,no empezaba de cero porque estaba dilatada de 3cm y medio.
Antes de ello me explicaron las complicaciones de la cesárea, por la que decidí descartarla, aunque prácticamente lo decidieron los médicos mas que yo.
Aun recuerdo como preguntaba una y otra vez si habría forma de reanimarla, ahora lo pienso y que ilusa era,”si no hay latido no hay vida”.
Una vez di a luz,el valiente fue mi chico que la cogió y no la solto.
Yo cuando terminaron de coserme le pedi a mi chico que se acercara,estaba preparada para conocerla.
Ojala todo hubiera sido diferente, ojala no hubiera tenido que pasar por ello.
Nosotros decidimos donarla a la ciencia y hacerle la autopsia.

4 meses después los resultados fueron muerte súbita.

Ojala nadie tenga que pasar por ello,pero si te toca,no estás solo,somos muchos luchadores,y ojalá algún día esto deje de ser un tema tabú, y no tengamos que oír las típicas frases que tanto daños nos hacen.

-no te preocupes eres joven
-ya vendra otro
-no puedes seguir estando mal, anímate

Esto es un duelo hemos perdido a nuestros hijos, y si somos jóvenes es porque queremos ser padres jóvenes, si decidimos tener otro es porque nadie nos va a quitar el dolor de lo ocurrido pero somos mamas y papas luchadores, y necesitare el tiempo necesario para estabilizarme, porque olvidarlo nunca.

Yo os dejo un hilo de esperanza vuelvo a estar embarazada de 10 semanas.
Los miedos son grandes pero las ilusiones también.

A mi “Bebé Bola”

A mi “bebe bola”

Hace 6 meses que nos tocó digerir el amargo trago de tener a nuestra pequeñita en brazos por primera y ultima vez, para despedirla. En nuestro caso este era nuestro tercer bebe, Manuela. Todos en la familia estábamos como locos con su llegada ya que nuestros otros hijos tienen ya 13 y 11 años, así que Manuela iba a ser un “juguetito”, una “bolita de amor”, un “bebé bola” como la llamaba su hermana mayor, a la que esperábamos con muchísima ilusión.

Me quedé embarazada de Manuela con 43 años, diría que por azar, bajamos la guardia y vino, así de fácil. Al principio tenía un poco de miedo por la edad, ya que a mis otros hijos los había tenido con treinta y pocos y un embarazo a estas alturas no era algo que me había planteado así en firme. Pero una vez que sucedió y nos confirmaron que estaba sana y que era niña la alegría fue inmensa. Fue el embarazo más fácil, el que  disfruté más, todo iba sobre ruedas, me encontraba llena de energía…. En la última ecografía, una semana antes de salir de cuentas me dijeron que la niña ya pesaba 3 kilos y que todo estaba genial: el líquido, el latido, la placenta, el bebé… todos los parámetros muy bien. Estaba tan feliz. Lista ya para recibir a Manuela, con su  cunita preparada, habíamos ido a comprar unos ositos para ella todos juntos, unos pijamitas, la bañerita…Los niños veían todas las mañanas antes de ir al cole y me daban un besito en la tripa y decían: “Manuela sal yaaa, que te queremos abrazar” Cuanta ilusión había en nuestra casa.

Todo iba tan bien que todo lo que sucedió después nos pilló totalmente descolocados. Dos días antes de salir de cuentas, el 28 de Noviembre, le dije a mi marido que notaba que Manuela se movía menos y que esa noche había tenido dolor en la parte baja del vientre. Achaqué todo esto a que mi cuerpo se estaba preparando para el parto y Manuela se estaba encajando. Por insistencia de mi marido y mi hermana, como Manuela siempre se movía mucho, fue al centro de salud a ver si todo estaba bien. El ecógrafo que tenían allí era muy básico así que me dijeron que todo parecía estar bien pero que fuera mejor al hospital a ver. Fuimos, yo super tranquila, estaba tan segura de que las cosas iban bien, por qué iba a pensar lo contrario si 4 dias antes me habían dicho literalmente que tenía un “embarazo de libro”.

Al llegar al hospital me pusieron las correas. 5 minutos todo bien y de repente todo se desencadenó muy rápido. Vino la médico y vió algo raro en los latidos, me metió en una sala para explorarme. Todo se precipitó. En cuestión de minutos estaba en una camilla dirección a un quirófano, la médico decía “rápido rápido branquio parada” Otra decía “avisad al marido”, otro decía “ahora lo importante es la madre, rápido”. Al llegar había como 10 personas que se movían a mi alrededor frenéticamente, me pusieron una máscara para sedarme y solo pude decir “tengo miedo” antes de caer dormida. Me desperté en reanimación, me sentí vacía, mi bebe ya no estaba ahí dentro, me habían hecho una cesárea de emergencia. Pregunté por Manuela, las enfermeras no me decían nada del bebe. A los 5 min entró mi marido y me dijo que nuestra pequeñita estaba muy malita, que había nacido en parada habían tardado 7 minutos en reanimarla, lo habían conseguido pero que estaba muy grave. La estaban intentando estabilizar. Me quedé en shock. No entendía que había pasado, sentía que estaba en una pesadilla de la que quería despertar “¿es esto un mal sueño?”. Las siguientes horas fueron muy duras. Me subieron a planta, en la misma donde estaba al fondo la UCI de neonatos, allí estaba mi pequeñita, mi Manuela.

El primer día no pude verla porque no podía levantarme de la cama por la césarea que me habían practicado, estaba desolada, sólo quería poder ponerla en mi pecho y sentirla. Sentía tanto su ausencia. Mi marido cada ratito iba a la UCI para estar con ella. Le pedí que le hiciera una foto porque quería verla. Lloramos los dos mucho. Tan bonita, tan morena, tan regordeta y a la vez llena de tubos, de cables, rodeada de máquinas,con moraditos en los brazos y en las piernas de tantos pinchazos. Se me caía el alma al verla así tan indefensa. Pobrecita, mi niña pequeña. Cada 6 horas recibíamos un parte médico, cada vez eran peores. No nos sabían decir que había pasado, no entendíamos nada, “pero, si todo iba bien”. Al día siguiente conseguí sentarme en una silla de ruedas porque necesitaba ir a ver a mi bebé. Manuela estaba sedada, conectada a un respirador, la habían metido en un programa de hipotermia bajo el cual intentan reducir las lesiones cerebrales de los bebés que nacen en parada. Le habían puesto un chaleco de pingüinos y estaba fría. Al parecer el bajarles la temperatura ayuda a frenar el deterioro cerebral y si consiguen estabilizarlos pueden lograr mejoras. Me abrí paso entre todos los cables y las máquinas que vibraban y pitaban todo el tiempo para darle besitos, para que escuchara mi voz. Era tan pequeñita. En una sala contigua el cuadro médico nos preparó para lo peor. Nos dijeron que a priori parecía que lo que había sucedido había sido algo que llaman “inversión feto materna”, un análisis de sangre que me hicieron lo corroboró meses mas tarde. Es algo infra diagnosticado que pasa en 2 de cada 30.000 casos. No se sabe por qué se rompe una membrana, una venita que comunica la placenta con el bebé y esto hace que la sangre del bebé se vaya a la madre. El bebé pierde la hemoglobina y deja de latirle el corazón. Es indetectable y sucede en la ultima semana de embarazo sin causa aparente y con bebes sanos. Según me dijeron lo normal es ir al hospital y que ya no haya latido, así de duro. Nosotros habíamos llegado in extremis pero ya no se pudo hacer nada. Cuando le pregunté al médico cuantos bebés en el estado de Manuela había visto salir adelante su respuesta fue: “ninguno”. Volvimos a la UCI a acariciar a nuestra pequeñita, me desmayé. ¿Por qué nos estaba pasando esto? ¿era real? ¿por qué a nosotros? ¿por qué se moría Manuela?

Después de 2 días interminables en la UCI neonatal sedada (nos dijeron que no sufría nada) nuestra Manuela se estaba apagando. Les dijimos que no queríamos que se muriera así, rodeada de máquinas sin el calor de su familia. Nos dejaron una salita al lado de la UCI, donde se cambia el personal, y la trajeron solo con la máquina del respirador y el pijama y el gorrito del hospital. Estábamos los 4 allí: su papá, su mamá y sus hermanos. La fuimos cogiendo todos en brazos, dándole besitos, haciéndonos fotos entre sonrisas y lágrimas para no olvidar ese momento único en el que estábamos los cinco juntos, hasta que se apagó. Fue un momento muy duro a la vez que bonito, era la primera vez que podíamos cogerla en brazos, también la última. Era tan bonita… Se parecía tanto a su hermana mayor…

Han pasado 6 meses desde aquello. No hay un día en el que no piense en Manuela y está claro que nunca la vamos a olvidar porque es parte de nuestra familia. Escribo estas líneas llorando, es tan duro perder un hijo así, los primeros meses fueron los peores, sentía que me falta el aire. Por suerte, familia y amigos se han volcado en darnos su cariño y acompañarnos en este duro trago. También el tener el cariño de mis otros hijos cerca y estar tan unidos mi marido y yo en esto me ha hecho tirar para arriba.

La muerte neonatal es un tema tabú y muy silenciado. Hasta que no te toca de cerca parece que no existe. Ahora he conocido algún caso más de amigos de amigos. Es tan duro afrontar algo así, muchas veces me siento como si me hubieran amputado una parte. Echo tanto de menos a Manuela. Al principio me costaba dormir, lloraba continuamente, estaba vacía con una pena tan profunda que es difícil de explicar, daba mil vueltas a lo que había hecho esos últimos días de embarazo, me sentía culpable pensando en que podría haber hecho algo, haberme dado cuenta, haberla salvado, no podía mirar a ningún bebé y el mundo me parecía lleno de madres felices y bebés recién nacidos allá donde miraba… el tiempo ha mitigado la culpa y he entendido que tristemente nada de esto estaba en mis manos, que la vida sigue. Poco a poco he ido saliendo de este pozo de dolor en el he estado, esta montaña rusa de sentimientos. He sufrido mucho viendo a mis hijos llorar por su hermana, nunca habría deseado para ellos este tipo de vivencia tan pequeños pero es lo que nos ha tocado vivir.

No podemos cambiar el pasado. He leído que el duelo es amor sin entregar, amor que se ha quedado atrapado en tus ojos, en tu garganta, en el corazón. Así es. Espero que el tiempo nos ayude a toda la familia a aprender a vivir con la pérdida de Manuela porque no creo que sea algo que se pueda superar, simplemente el tiempo mitiga el dolor.

La ginecóloga me dijo que con mi edad ya iba a ser muy difícil volver a quedarme embarazada (en un mes cumplo 45), que el quedarme de manera natural con Manuela había sido una lotería a pesar del triste desenlace y que esto me podría haber pasado con 30, con 35 o con 40, ya que esta dolencia no está asociada a la edad materna. Hace 2 semanas que me he dado cuenta de que estoy de nuevo embarazada de 7 semanas. Con esto quiero abrir un hilo de esperanza a otras madres que piensan que ya no van a poder ser madres. Me daba miedo el tema de la cesárea tan reciente pero la ginecóloga me ha tranquilizado diciendo que lo que haremos será planificar el parto porque el riesgo está en sufrir contracciones de parto pero que se planificará otra cesárea y que no tengo que agobiarme con estos pensamientos. Estoy contenta pero no tengo esa ilusión “inocente” de pensar que todo va a ir bien. Me invade cierta intranquilidad, me veo diciendo frases como “si el bebé nace” “si todo va bien” cuando hablo con mi marido.

Hemos sufrido tanto que es como si tuviéramos una coraza que nos prepara para lo que pueda acontecer. Se que va a ser un embarazo lleno de luces y sombras hasta que tengamos a nuestro pequeño en brazos, porque ahora sabemos que hay bebés que mueren.

Manuela te quiero.

Héctor

Nuestro hijo, tenía nombre, un nombre que pocas veces me he atrevido a decir en voz alta, Héctor.

Me quedé embarazada de Héctor, cuando nuestro primer hijo Martín, tenía año y medio. Fue una sorpresa, no esperábamos que eso fuese a pasar, porque tenía puesto el DIU. Fui corriendo a urgencias, me extrajeron el DIU sin complicaciones y lo que parecía imposible pasó, estaba embarazada.

Cuidar de Martín no siempre es fácil y tanto mi marido Paco como yo, teníamos claro que era pronto para tener otro bebe. Pero las cosas a veces suceden y pusimos todas nuestras esperanzas e ilusiones en ello.

Yo me encontraba estupendamente, quizás un poco acelerada, pero en general todo fue bastante bien hasta que llegué a la 12 semana. El 31 de mayo, un domingo cualquiera mientras jugaba con Martín, empecé a notar como algo frío me corrían por las piernas….sangre….llamé a mi hermana y a unos amigos para que se quedasen con Martín y, corriendo otra vez a urgencias. Tras la consiguiente ecografía, me dijeron que tenía que hacer reposo pero que todo estaba bien.

A partir de ahí comenzaron mis reposos, hemorragias, visitas a urgencias, enviar a mi hijo lejos de mí, darme de baja en el trabajo….y nuestro bebé seguía resistiendo.

Cual era mi problema….tuve una rotura prematura de la bolsa, pero no fueron capaces o no sé vio claro hasta la semana 21. Habíamos cambiado de hospital por falta de confianza, queríamos otra opinión, pero aunque fue una decisión acertada, todo eso hizo que los plazos se nos fueran de las manos.

Siempre he sabido que Héctor no iba a vivir, pero al pasar el tiempo, los días, las semanas, se iba generando en Paco y en mí cierta expectativa.

Así que, así nos encontramos en la semana 21, rotura de bolsa, ingreso en el hospital y un diagnóstico que cambiaba según el obstetra al que le tocase ese día la ronda. Más o menos había un cierto consenso, pero salvo la primera ginecóloga que nos dijo que esto implicaba que mi embarazo no iba a llegar a término, el resto hablaba de posibilidades.

Así que como en principio no había riesgo de infección, me quede a la espera en la planta de obstetricia rodeada de recién nacidos, quieta y sin moverme claro, sin mi familia y sobre todo sin decidir qué era lo que yo quería.

Si la incertidumbre era insoportable para mí, imaginaros para Paco. Alguna vez le he dicho que lo que él vivió fue mucho peor que lo que yo viví…no sólo tenía que llorar la potencial pérdida de nuestro bebé, tenía que cuidar de Martín, gestionar la ansiedad de toda la familia preocupada, ir a trabajar y pensar en lo que yo estaba pasando. Porque sé a ciencia cierta, que él hubiese pasado todo aquello por mí.

Con mi ingreso en el hospital la cosa se estabilizó…ni infección, ni más pérdida de líquido, pero nuestro bebé tenía que vivir en tres charcos de líquido amniótico- esto no es una licencia poética, fue lo que nos dijo uno de los médicos.

He leído que a los profesionales sanitarios no les enseñan a gestionar bien estas situaciones, pero dé lo que yo me di cuenta es que para ellos también tiene un coste emocional, ellos estudiaron para mejorar y preservar la vida, y la muerte de un bebe es terrible para todos.

Doy las gracias a esos médicos/as que me cuidaron, pero me hubiese gustado que nos hubiesen preguntado desde el principio que era lo que queríamos. Yo querría haber podido decidir en libertad.

Al final, tras un alta y una vuelta al hospital, mi cuerpo dijo basta, ya estaba casi en la semana 24 de embarazo. El recuento de leucocitos subió y decidieron inducirme el parto. Para mí lo peor fue el parto, he leído que ayuda al duelo, pero todavía siento miedo y dolor al recordar cómo me sentía incapaz de empujar. No quería que naciese, porque yo sabía que no viviría. Quizás Paco y yo hubiésemos agradecido más información y poder elegir si estar o no sedada, por ejemplo.

Yo tuve suerte y mi interrupción del embarazo por motivos médicos fue en un hospital público. ¿Pero qué pasa con esos padres y madres que tienen que tomar la peor de las decisiones y encima tienen que irse “clandestinamente” a otros hospitales privados?

Los que hemos vivido la muerte perinatal nos sentimos solos y poco acompañados. Por eso escribo lo que hace un año condicionó para siempre nuestras vidas, para que nuestro testimonio ayude a otros que están pasando por lo mismo y, sobre todo, por hacer un pequeño homenaje a nuestro Héctor, nuestro segundo hijo, el héroe de una aventura que no llegamos a vivir.

 

El Regalo de Lola: Lactancia y donación de leche tras la muerte perinatal y la creación del Proyecto Lola

Revista Muerte y Duelo Perinatal Número 4 (Testimonio)

 

Julia Vázquez Dodero Fontes

Proyecto Lola

Correo electrónico: julietavd@gmail.com

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Índice de MDP#4
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Palabras claves: Donación de leche, muerte perinatal, muerte gestacional, muerte neonatal, Proyecto Lola, testimonio

 
Introducción

Estaba embarazada de 27 semanas cuando perdí a mi bebé. Dejé de sentir sus movimientos. Me tomé un vaso de chocolate caliente con un montonazo de azúcar para ver si reaccionaba y al seguir sin sentirlo me fui a urgencias. Allí me confirmaron que ya no tenía latido y me dijeron que tenía que dar a luz a mi bebé sin vida.

Y sí, aunque no lo parezca, ésta historia también habla de lactancia.

Los hombres no lloran, pero los padres si

Revista Muerte y Duelo Perinatal Número 4 (Testimonios)

 

Iván Ochoa

Correo electrónico: papabichoraro@gmail.com
papabichoraro.wordpress.com/

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Palabras claves: duelo perinatal, padre en duelo

 
De pequeño cuando me caía, me regañaban, me quitaban un juguete, o pasaba algo que me hacía daño, escuchaba muchas veces antes de que mis ojos dejaran escapar alguna lágrima: “¡los hombres no lloran!”. Yo no lo entendía, si estaba sufriendo ¿por qué tenía que reprimir mis sentimientos, mi dolor y aguantar las lágrimas? Y me preguntaba “¿por qué los hombres no lloran?” Nunca lo entendí. Crecí escuchando esa frase, cada vez que ponía cara de empezar a llorar, la oía y esas lágrimas se quedaban dentro de mí, quemándome como si fueran un fuerte ácido, al principio hacían tanto daño. Pero con el tiempo me acostumbré a no llorar (realmente a que nadie me viese hacerlo) y pensaba que me estaba convirtiendo en un HOMBRE.

Cuando escucho que se dice esa frase a un niño, lo paso mal porque ¡los hombres si lloramos! Y los padres puede que más, ya que no sólo sufrimos por nosotros, también lo hacemos por nuestro/as hij/as incluso antes de nacer, desde que están en el vientre de su madre. Recuerdo que en el momento que vi las primeras dos rallitas rosas en un test de embarazo, ¡ya me sentí papá! Y a los pocos días viví el primer susto como padre, porque mi mujer tuvo un pequeño sangrado, fuimos al hospital y nos confirmaron que nuestro hijo estaba bien, pero ¡menudo susto nos llevamos¡ Tuve muchas ganas de llorar camino al hospital, pero no lo hice porque en mi cabeza sonaba la frase de “los hombres no lloran”, y pensaba “tengo que ser fuerte para animar a mi mujer, pase lo que pase”.

Yo he llorado mucho, pero por culpa de esta frase, lo más habitual es que lo hiciera estando solo. Por lo que más he llorado y seguiré haciéndolo durante toda mi vida, fue cuando perdí a mi primer bebé. A las 39 semanas de gestación me llamó mi mujer, diciéndome que sentía dolores y se iba al hospital con su madre, al colgar el teléfono salí corriendo del trabajo. Los 20 minutos que tardé en llegar iba preocupado y emocionado a la vez, a lo mejor podría conocer a mi hijo ese mismo día.

Al poco de llegar, pasé a una sala donde mi mujer estaba llorando y me hicieron sentarme para escuchar la frase más dolorosa que había oído “no hay latido”. En ese momento se me paró el mundo y como “los hombres no lloran”, intenté hacerme el fuerte para poder consolar, apoyar, no sé cómo llamarlo o describirlo, pero mi mujer me necesitaba. Y yo como era un hombre, no lloraba. Sólo cuando me quedaba sólo o ya no podía más y ella no me veía.

Nos preparamos durante todas esas semanas para ser padres, y nuestros sueños se vieron truncados por un “accidente” como nos dijo uno de los médicos. Son cosas que sabes que pasan pero piensas que nunca te va a tocar, y por desgracia a nosotros nos tocó. Y creo que sólo si has pasado por algo similar, puedes imaginar lo duro que es. Tuvimos que vivir un parto desde la dilatación hasta el nacimiento y luego pasar por el post-parto, con un bebé que no vino con nosotros a casa.

Alguna frase tenía que escuchar de: ayúdala, cuídala, estate pendiente de ella… Y muchas veces pensaba “¿y yo? ¿Qué pasa conmigo? ¡Yo también he perdido a mi hijo!”. Sabía que ella lo estaba pasando peor que yo, su cuerpo se había preparado para criar a un bebé que había vivido con ella 39 semanas, y ese bebé ya no estaba con nosotros, se había marchado antes de tiempo. Pero me sentía muy incomprendido, como si la gente no se diese cuenta que yo también me había preparado para cuidar a un bebé, para ser un padre molón… Y ese bebé que había muerto ¡TAMBIÉN ERA MI HIJO! Había leído muchísimo para ser un buen padre, un padre presente en la crianza de su hijo, pero mi bebé amado ya no estaba. Lo peor de todo es que para gran parte de este mundo ni siquiera ha existido, no me dejaron registrarle.

Fueron un montón de sentimientos juntos, que son difíciles de explicar, de asimilar, de afrontar… Si los hombres no lloran, yo esos días dejé de ser un HOMBRE. Junto a mi mujer lloré mucho, al principio varias veces al día, luego una o dos veces cada día, lloré durante mucho tiempo, pero poco a poco lo iba haciendo menos y había veces que me sentía mal por eso, pensaba que “¿cómo podía dejar de llorar por mi hijo?” no le quería olvidar, le amé durante el tiempo que estuvo con nosotros dentro de su madre y le sigo queriendo, y estoy seguro que siempre le amaré. Todavía lloro su perdida, y la seguiré llorando toda mi vida.

Hasta que no pasó este accidente, no sabía lo que era el dolor de verdad. Cuando ese tres de abril, escuché la frase “no hay latido” mi corazón se partió en mil pedazos y ¿cómo no voy a llorar por eso?

Es muy incómodo para la gente que te quiere no poder hacer nada, saber que no podían llamar porque queríamos estar solos, lo necesitábamos, teníamos que vivir nuestro duelo, cada uno a su ritmo y de forma distinta. También era muy duro encontrarte con personas que no sabían lo que había pasado y te preguntaban, al contárselo la cara que ponían lo decía todo (no sabían que contestar, se veía como se arrepentían de la pregunta).

Con los siguientes embarazos, resulta especialmente difícil tener que contar una y otra vez lo que pasó a los profesionales que nos atienden, estamos en el mismo lugar y muchas veces son las mismas caras, incluso algunas estuvieron en esos días tan dolorosos.

Si no has pasado por algo similar y conoces a alguien que está viviendo su duelo ante la pérdida de su hijo/a, te diría que aunque intentes “empatizar” no des consejos, porque puedes decir algo que duela mucho, aunque sea tu mejor intención. La frase “no os preocupéis, sois jóvenes” no te imaginas las veces que la escuché y lo mucho que me dolía, nuestro hijo no estaba con nosotros y ser joven no nos lo iba a devolver.

Por último como dice el título los padres lloramos. Pero los hombres también, yo he visto llorar a un montón por distintas circunstancias, por fallecimientos, rupturas amorosas, problemas en el trabajo, etc. Y como te contaba al principio un papá llora por él y por sus hijo/as. No escondas tus lágrimas y llora, eso es una muestra de que estás vivo, de que tienes sentimientos, de que te duele lo que les pasa a tus hijo/as… de que eres un HOMBRE, porque los HOMBRES SI LLORAN.

Un abrazo a todos los papás que han tenido la mala suerte de tener que llorar por la marcha temprana de sus hijo/as.
 
 
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Muerte y Duelo Perinatal (MDP) está publicada por Umamanita, una Asociación sin ánimo de lucro

ISSN: 2530-9390

5 meses sin marta

Hola, soy Raquel de 36 años, hace cinco meses que di a luz a Marta, mi segunda hija, todo el embarazo fue perfecto con respecto a ella, yo tuve nauseas todo el tiempo al igual que con mi primera hija,y por fin en la semana 40 + 5 comence con las contracciones a las 4 de la mañana, espera para que fueran regulares y llame a mi madre para llevarle a mi niña de 4 años, mi hospital lo tengo a medio a hora en coche, asi que a las 5mas o menos llegue, me miraron y como no estaba dilatada me dijeron que me dejarian ingresada por no ser de alli, pero en cuanto me pusieron los monitoteres todo fue correr, algo no iba bien, me llevaron corriendo a paritorio y de alli directamente al quirofano para hacer cesarea, marta a las 6 menos veinte habia nacido, la oi un momento llorar, y poco mas,me dijeron que habia tragado meconio y, que estaba regular…. mi primera hija ya trago meconio y se la llevaron al hospital de ciudad real a la uci, por eso no me preocupe mucho, susupe que le pondrian antibiotico y a la semana la tendria, pero no fue asi, cuando me sacaron de quirofano, la pude ver de lejos con mi marido en una camilla llorando, esa fue la primera y la última vez que la vi, a mi marido le dijeron que se la llevaban a ciudad real en la uvi pero que el se quedara conmigo que yo le mecesitaba mas, asi que mi hija se fue sola en una ambulancia y llego alli sola, cuando llego viva a pesar de todo pronostico no habia nadie de su familia alli, entonces nos llamaron y se fueron corriendo mi marido su madre, mi cuñada y mi hermana, yo mientras tanto estuve todo el tiempo en la planta de maternidad, cuando llego mi marido ya no la pudo ver viva, es verdad que en ciudad real, le ayudaron mucho, se despidio de ella, hasta la pudo hacer fotos, pero a mi que me quedo, un raja con 26 grapas, un vacio inmenso, y no saber como podria continuar mi vida asi… ahora cinco meses despues yde gracias a mi hija Carla,estoy empezando a sonreir de vez en cuando y ha aceptar un poco todo lo que pasamos, pero nunca olvidaré a mi Marta, porque es mi hija y la quiero…

Día Internacional de la Matrona – Jane Warland

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SER MATRONA

Jane Warland
Matrona, Brisbane, Australia
Traducción: Gemma Rovira

“Lo siento, no hay latido”: ninguna comadrona quiere pronunciar estas palabras, y, sin embargo, casi todas tendrán que decirlas en algún momento de su carrera. La primera vez que yo dije esa frase está marcada a fuego en mi memoria; como lo está, aunque de otra forma, la vez que la oí poco antes de que mi hija Emma naciera sin vida.

Día Internacional de la Matrona – Daphne Secall

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SER MATRONA

Daphne Secall
Matrona,

La muerte. Ocurre en todos lados, en cada instante. Silenciosa, penetrante. No queremos verla, escondida en este universo de pulcritud y plástico. Aunque no te lo creas, siempre ha estado aquí: en los ancianos, en los adultos, en los adolescentes y en los niños…y sí, por supuesto, también en los bebés, en los abortos y en los embarazos que, antes o después, se detuvieron quedando suspendidos en el tiempo. Existe, dejemos de ignorarla y empecemos a compartirla. ¿Por qué?

Olivia, nuestra historia de amor: Un cuento de esperanza

Revista Muerte y Duelo Perinatal #3


Autora: Adela C.A.

Madre de Olivia e Ingrid

Esta historia es un extracto del libro Historias de Amor, editado por Jillian Cassidy y Cheli Blasco

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Me gustaría dedicar este cuento, no sólo a mi morenita, a mi hija Olivia, sino especialmente a todas esas mamás que se encuentran en las primeras etapas después de haber perdido a su hijo/a. Me gustaría que este cuento fuera un punto de esperanza en ese durísimo camino que supone el duelo tras la muerte de quien hemos llevado en nuestro vientre. Cambian tantas cosas, cambian tantos valores que a veces parece que hemos vivido otra realidad.