Nuestra primer hija, Emma

Por Cristina Alarcón del Almo

18 de Octubre de 2015, hoy hace 3 meses que perdimos a nuestra bebe, Emma, que nació y murió el mismo día, pero tendría que haber venido al mundo el mes próximo.

Es un día gris y lluvioso, también en nuestro corazón y yo me siento vacía en cuerpo y alma…

Todos dicen que era lo mejor, que era lo que teníamos que hacer, que la enfermedad cardiaca que tenía era muy grave y que “eso no iba a ser vida”, pero aunque fuese lo correcto no duele menos, si no que suma un sentimiento de duda y de culpa al dolor de la perdida … Quiénes somos nosotros para haber decidido sobre la vida … Ese día marcó un antes y un después, nada volverá a ser igual y aunque espero que el sol vuelva a salir entre las nubes hoy por hoy la tristeza nos invade.

A los recuerdos emocionales de sus maravillosos 5 meses de vida en mi interior, se añaden los recuerdos físicos de sentir sus patadas, ver cómo me iba creciendo la tripita, con lo que aún se hacía más presente, y mirarla en las ecografías llenando “un hogar” que ahora está desolado, deshabitado, su único hogar.

Me siento frustrada, fracasada y el sentimiento inevitable de envidia al ver embarazos y bebés ajenos se vuelve contra mí y me quema por dentro, y no me gusta ser así, yo no era así.

Me siento como subida en una montaña rusa que no controlo: hay días que estoy en el pico de la montaña y desde allí me siento fuerte y capaz de seguir adelante, esperanzada, y al día siguiente he bajado al valle y no veo cómo empezar a avanzar de nuevo; en ese momento el tiempo se para para mí, pero el resto del mundo sigue caminando y yo querría sólo esta dormida para no sentir tanto dolor, para vivir en el engaño del sueño.

¿Por qué le ha tocado a ella?, ¿por que a mí? ¿por qué a nosotros?… pero ¿por qué no?… Todos participamos en este sorteo de la vida, sólo que no somos conscientes de éllo, no nos preparan ni nos hablan sobre la pérdida de un bebe, de un hijo.

Para mi es mi hija y siempre la querré y la recordaré como tal, como parte de mi vida y de mi familia, donde quiera que esté.

 

Para Emma:

“Si algo me hace feliz por qué no volver a reír y disfrutar,

no te voy a querer menos ni te voy a olvidar más.

El dolor no encoge y los recuerdos no se borran,

Siempre serás mi niña amada,

aunque intente volver a estar viva.

Perdóname si es que me equivoqué,

mi alma no descansa en paz desde el día que tuvimos que decidir nuestro camino.

Siento tu ausencia aunque nunca te haya tenido.

Echo de menos lo que no he llegado a sentir,

tu peso en mis brazos y mirarte mientras duermes.

Es el dolor de lo que nunca ha sido y pudo haber,

de la hija que fuiste, sin llegar a ser”.

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