Los hombres no lloran, pero los padres si

Revista Muerte y Duelo Perinatal Número 4 (Testimonios)

 

Iván Ochoa

Correo electrónico: papabichoraro@gmail.com
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Palabras claves: duelo perinatal, padre en duelo

 
De pequeño cuando me caía, me regañaban, me quitaban un juguete, o pasaba algo que me hacía daño, escuchaba muchas veces antes de que mis ojos dejaran escapar alguna lágrima: “¡los hombres no lloran!”. Yo no lo entendía, si estaba sufriendo ¿por qué tenía que reprimir mis sentimientos, mi dolor y aguantar las lágrimas? Y me preguntaba “¿por qué los hombres no lloran?” Nunca lo entendí. Crecí escuchando esa frase, cada vez que ponía cara de empezar a llorar, la oía y esas lágrimas se quedaban dentro de mí, quemándome como si fueran un fuerte ácido, al principio hacían tanto daño. Pero con el tiempo me acostumbré a no llorar (realmente a que nadie me viese hacerlo) y pensaba que me estaba convirtiendo en un HOMBRE.

Cuando escucho que se dice esa frase a un niño, lo paso mal porque ¡los hombres si lloramos! Y los padres puede que más, ya que no sólo sufrimos por nosotros, también lo hacemos por nuestro/as hij/as incluso antes de nacer, desde que están en el vientre de su madre. Recuerdo que en el momento que vi las primeras dos rallitas rosas en un test de embarazo, ¡ya me sentí papá! Y a los pocos días viví el primer susto como padre, porque mi mujer tuvo un pequeño sangrado, fuimos al hospital y nos confirmaron que nuestro hijo estaba bien, pero ¡menudo susto nos llevamos¡ Tuve muchas ganas de llorar camino al hospital, pero no lo hice porque en mi cabeza sonaba la frase de “los hombres no lloran”, y pensaba “tengo que ser fuerte para animar a mi mujer, pase lo que pase”.

Yo he llorado mucho, pero por culpa de esta frase, lo más habitual es que lo hiciera estando solo. Por lo que más he llorado y seguiré haciéndolo durante toda mi vida, fue cuando perdí a mi primer bebé. A las 39 semanas de gestación me llamó mi mujer, diciéndome que sentía dolores y se iba al hospital con su madre, al colgar el teléfono salí corriendo del trabajo. Los 20 minutos que tardé en llegar iba preocupado y emocionado a la vez, a lo mejor podría conocer a mi hijo ese mismo día.

Al poco de llegar, pasé a una sala donde mi mujer estaba llorando y me hicieron sentarme para escuchar la frase más dolorosa que había oído “no hay latido”. En ese momento se me paró el mundo y como “los hombres no lloran”, intenté hacerme el fuerte para poder consolar, apoyar, no sé cómo llamarlo o describirlo, pero mi mujer me necesitaba. Y yo como era un hombre, no lloraba. Sólo cuando me quedaba sólo o ya no podía más y ella no me veía.

Nos preparamos durante todas esas semanas para ser padres, y nuestros sueños se vieron truncados por un “accidente” como nos dijo uno de los médicos. Son cosas que sabes que pasan pero piensas que nunca te va a tocar, y por desgracia a nosotros nos tocó. Y creo que sólo si has pasado por algo similar, puedes imaginar lo duro que es. Tuvimos que vivir un parto desde la dilatación hasta el nacimiento y luego pasar por el post-parto, con un bebé que no vino con nosotros a casa.

Alguna frase tenía que escuchar de: ayúdala, cuídala, estate pendiente de ella… Y muchas veces pensaba “¿y yo? ¿Qué pasa conmigo? ¡Yo también he perdido a mi hijo!”. Sabía que ella lo estaba pasando peor que yo, su cuerpo se había preparado para criar a un bebé que había vivido con ella 39 semanas, y ese bebé ya no estaba con nosotros, se había marchado antes de tiempo. Pero me sentía muy incomprendido, como si la gente no se diese cuenta que yo también me había preparado para cuidar a un bebé, para ser un padre molón… Y ese bebé que había muerto ¡TAMBIÉN ERA MI HIJO! Había leído muchísimo para ser un buen padre, un padre presente en la crianza de su hijo, pero mi bebé amado ya no estaba. Lo peor de todo es que para gran parte de este mundo ni siquiera ha existido, no me dejaron registrarle.

Fueron un montón de sentimientos juntos, que son difíciles de explicar, de asimilar, de afrontar… Si los hombres no lloran, yo esos días dejé de ser un HOMBRE. Junto a mi mujer lloré mucho, al principio varias veces al día, luego una o dos veces cada día, lloré durante mucho tiempo, pero poco a poco lo iba haciendo menos y había veces que me sentía mal por eso, pensaba que “¿cómo podía dejar de llorar por mi hijo?” no le quería olvidar, le amé durante el tiempo que estuvo con nosotros dentro de su madre y le sigo queriendo, y estoy seguro que siempre le amaré. Todavía lloro su perdida, y la seguiré llorando toda mi vida.

Hasta que no pasó este accidente, no sabía lo que era el dolor de verdad. Cuando ese tres de abril, escuché la frase “no hay latido” mi corazón se partió en mil pedazos y ¿cómo no voy a llorar por eso?

Es muy incómodo para la gente que te quiere no poder hacer nada, saber que no podían llamar porque queríamos estar solos, lo necesitábamos, teníamos que vivir nuestro duelo, cada uno a su ritmo y de forma distinta. También era muy duro encontrarte con personas que no sabían lo que había pasado y te preguntaban, al contárselo la cara que ponían lo decía todo (no sabían que contestar, se veía como se arrepentían de la pregunta).

Con los siguientes embarazos, resulta especialmente difícil tener que contar una y otra vez lo que pasó a los profesionales que nos atienden, estamos en el mismo lugar y muchas veces son las mismas caras, incluso algunas estuvieron en esos días tan dolorosos.

Si no has pasado por algo similar y conoces a alguien que está viviendo su duelo ante la pérdida de su hijo/a, te diría que aunque intentes “empatizar” no des consejos, porque puedes decir algo que duela mucho, aunque sea tu mejor intención. La frase “no os preocupéis, sois jóvenes” no te imaginas las veces que la escuché y lo mucho que me dolía, nuestro hijo no estaba con nosotros y ser joven no nos lo iba a devolver.

Por último como dice el título los padres lloramos. Pero los hombres también, yo he visto llorar a un montón por distintas circunstancias, por fallecimientos, rupturas amorosas, problemas en el trabajo, etc. Y como te contaba al principio un papá llora por él y por sus hijo/as. No escondas tus lágrimas y llora, eso es una muestra de que estás vivo, de que tienes sentimientos, de que te duele lo que les pasa a tus hijo/as… de que eres un HOMBRE, porque los HOMBRES SI LLORAN.

Un abrazo a todos los papás que han tenido la mala suerte de tener que llorar por la marcha temprana de sus hijo/as.
 
 
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Muerte y Duelo Perinatal (MDP) está publicada por Umamanita, una Asociación sin ánimo de lucro

ISSN: 2530-9390

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