LUKEN, NUESTRA LINDA MARIPOSITA.

LUKEN, NUESTRA LINDA MARIPOSITA.

“Y una vez que la tormenta termine, no recordarás cómo lo lograste, cómo sobreviviste. Ni siquiera estarás seguro si la tormenta ha terminado realmente. Pero una cosa sí es segura. Cuando salgas de la tormenta, no serás la misma persona que entró en ella.

De eso se trata esta tormenta.”

Haruki Murakami.

 

11- 04-20

Ya han pasado cuatro meses de ese fatídico día, el día en el que empezaba la mayor pesadilla de nuestras vidas. Hasta hoy no he podido expresar con palabras más de una línea, unas pocas palabras, antes de derrumbarme. Pero, necesito expresarme por darle visibilidad a mi bebé, a todos esos bebés que tocaron la muerte sin apenas respirar la vida.

El 11 de Diciembre de 2019 nos dirigíamos al Hospital a realizar la Ecografía del tercer trimestre. Estaba embarazada de 33 semanas y estaba feliz, no había sido un embarazo fácil; nauseas, cansancio, malestar, pero hacía unas cinco semanas que me sentía mejor, más vital, menos cansada, en definitiva, empezaba a disfrutar del embarazo. Estábamos ansiosos por ver a nuestro pequeño y no teníamos ninguna duda de que todo iba bien, ya que tres semanas antes habíamos estado en la consulta privada y así nos lo habían confirmado.

Entramos en la consulta, empezamos a hablar entre risas con el Ginecólogo y la auxiliar, paso a tumbarme en la camilla para proceder a la exploración y de repente, la cara del médico se tornó seria, yo empecé a ponerme nerviosa, apretaba fuerte la mano de mi marido y nos mirábamos, lo mirábamos y mi pareja le preguntó “¿qué pasa?” y él dijo “estoy viendo algo que no me gusta”. Y yo, no me lo podía creer, ¿cómo a estas alturas algo podría ir mal?, ¿qué había pasado?, mil y una preguntas me venían a la mente.

Nos sentamos en la mesa y el ginecólogo con gran sensibilidad, nos informó de que la Ecografía hacía sospechar que Luken padecía una “grave anomalía incompatible con la vida que impedía que sus hemisferios cerebrales pudieran estar interconectados entre sí (ACC)”. Seguidamente, tuve que hacerme una RMN fetal para confirmar el diagnóstico.

No me lo podía creer, pensaba que no era real lo que estábamos viviendo. Faltaba poco más de un mes para mi Fecha Probable de Parto, que era el 25 de Enero del 2020. Ya empezábamos a imaginarnos nuestra vida los cuatro juntos; nuestro pequeño de dos años y nosotros tres.

Vinieron días de mucha confusión, de llorar sin parar, de no dormir, no querer hablar con nadie, no querer ver a nadie. Sólo quería estar con mi marido y mi hijo. Me sentía perdida, insegura. En esos días mi mayor apoyo fue mi pareja, me entendió y apoyó como nadie. Y nuestra mayor alegría nuestro pequeño, que estaba en pleno auge y no dejaba de sorprendernos con sus ocurrencias.

Después de una semana, por fin, llegó la temida o esperada llamada. El comité ético había estudiado nuestro caso y nos daban su aprobación para interrumpir el parto. Nos informaron de que al día siguiente podíamos ingresar para provocar el parto. Por una parte, era una sensación de alivio, pero, por otra, sentía mucho dolor y angustia. Pensar que no iba a volver a sentir a mi bebé, ni dentro ni fuera de mí. Era una mezcla de sentimientos tan difícil de expresar; se juntaba la rabia, la culpabilidad, la frustración, el desamparo… pero sobre todo, me inundaba una profunda tristeza que jamás había sentido.

Así, llegó el 19 de Diciembre, a las nueve de la mañana después de ese doloroso pinchazo,  empezaron a provocarme el parto. Vinieron horas y horas de llanto, de dolor, mucho dolor y hasta el día siguiente, 20 de diciembre, a las cinco de la tarde pudimos abrazar y besar a nuestro Luken.

Dar a luz, sin luz. Tener a mi hijo en mis brazos sin vida. Esto es algo de lo que jamás nos habían hablado, algo que yo, ignorante de mí, pensaba que hoy en día ya no pasaba.

Recuerdo ese momento cada día, no hay noche en la que me acueste sin pensar en su carita, era un muñeco perfectamente formado. Un bebé de 2400g. y 49 cm. Lo tuvimos una media hora en brazos mi marido y yo. Le hablamos de nosotros, de su hermanito y le pedí perdón por no haberle cuidado como se merecía.

Teníamos claro que queríamos un dulce recuerdo de nuestro bebé. Así que, en una bonita postal con un árbol y una mariposa, hecha por una auxiliar, guardamos las huellas de sus manitos y sus piececitos.

A las dos horas quería irme a casa, pero finalmente no pudimos volver hasta el día siguiente, ya que tenía la tensión por los suelos y era incapaz de andar por mí misma. Así, que pasamos otra noche en el Hospital y a la mañana siguiente, después de desayunar, nos fuimos dirección a casa, pero claro, antes tuvimos que realizar otro doloroso trámite; el tanatorio. Decidimos incinerar a nuestro bebé.

El día de Nochebuena por la mañana, mi marido y yo, junto con las cenizas de Luken, subimos al monte y desde las alturas le escribimos unas palabras. Yo seguía con mi sentimiento de culpabilidad, por lo que mi discurso se centraba en pedirle perdón y decirle lo mucho que lo quería, mientras que mi marido le hablaba de todo lo que se había imaginado enseñarle y compartir con él, con nosotros. Así que le leímos nuestras sensaciones y nos pusimos una pulsera cada uno, como símbolo de que sigue en nuestros corazones y jamás lo olvidaremos. Lo enterramos, nos abrazamos y lloramos, lloramos mucho.

Después de esos días de celebraciones, para algunos, llegó Enero y con ello revisiones de ginecólogos y otros especialistas. Todos insistían en lo mismo; “a veces pasa”, “no es tu culpa”, etc., Pero yo necesitaba respuestas más precisas, una causa que me aclarara el por qué. Así, que después de varias pruebas y analíticas nos dijeron que la patología de Luken había sido causada por un virus. Nos aseguraron que no era algo genético, que esa parte del cerebro la tenía formada en la Ecografía del segundo Trimestre.

Después de un parto doloroso, vino un duelo todavía peor. Un postparto sin bebé. ¿Cómo? Sí, así es, si un postparto no suele ser fácil, imaginaos un postparto en el que se te cae el pelo, tu cuerpo está deforme, tu piel no brilla y te das media vuelta y tu bebé no está. Te das cuenta de que jamás lo volverás a tener en tu regazo. Jamás le darás el pecho, ni el biberón. Nunca le cantarás, le besarás ni le acariciaras. Me invadía un tremendo sentimiento de vacío.

En estos cuatro meses, me ha invadido un halo de tristeza y un sentimiento de culpabilidad, que es cierto, que con el tiempo se va atenuando y con la ayuda de profesionales, amigos y familiares voy asumiendo que la decisión que tomamos fue la más acertada por el bien de los cuatro. Un día, un médico me dijo “si lo dejas vivir, le darás la muerte. Si lo dejas morir, será libre”, mi tía pediatra me dijo “no será un niño feliz”, “os pasaréis el día de médicos”, “no podréis atender a vuestro hijo mayor como se merece”, etc. Éstas son algunas de las cosas que nos decían y en las que me intento apoyar para deshacerme de ese sentimiento de culpabilidad.

 

01-06-20

Enseguida habrán pasado seis meses y puedo decir que el dolor no es tan inmenso como el de hace unos meses. Intento afrontar la situación como un aprendizaje que me ha dado la vida. Un aprendizaje que me hará más fuerte ante las adversidades y todo lo negativo que nos toque vivir.

Durante este tiempo, he conocido y compartido experiencias con otras mujeres que han vivido dificultades en sus embarazos; mujeres que han tenido hasta siete abortos, mujeres que después de más de cinco años intentándolo no consiguen el ansiado embarazo, mujeres con problemas de fertilidad que han tenido que someterse a varias intervenciones, mujeres que han tenido que estar en reposo desde el principio del embarazo y lo han perdido en el tercer trimestre, mujeres que han perdido a su bebé en la semana 40 de embarazo, otras que lo han perdido con horas, días o semanas de vida, etc. Pueden surgir tantos obstáculos en un embarazo que sería imposible nombrarlos todos. Considero que es importante tener todos los posibles impedimentos en mente a la hora de buscar un embarazo, pero debemos de saber también, que por suerte, la mayoría de ellos, llegan a buen puerto.

En este tiempo, me he querido documentar un poco acerca de la muerte perinatal, neonatal y la interrupción del embarazo por anomalías fetales graves. Por desgracia es algo que sucede con más frecuencia de la que pensamos y sin embargo, es un tema tabú. Os diría datos concretos, para que os hagáis una idea, el problema es que hay una infradeclaración, es decir, no todos son declarados, tanto para la mortalidad fetal como neonatal. Por lo tanto, los datos oficiales no representan la realidad.

No obstante, os voy a dar unas pinceladas de la información que he recogido. En el año 2016, se estima que la tasa de mortalidad en embarazos de más de 22 semanas de gestación alcanzó el 7,5 por 1.000 nacidos. También me gustaría resaltar que, en cuanto a la evolución de la mortalidad perinatal durante los últimos 20 años, el análisis muestra que la mortalidad fetal (-18,5%) ha descendido de manera significativamente más lenta que la mortalidad neonatal (-85,4%). Se estima que los países con rentas altas, como España, podrían reducir su tasa de mortalidad fetal hasta una tercera parte con estrategias de prevención clínicas y socio-educativas. (datos de “Revista Muerte y Duelo Perinatal Número 4”, Paul Richard Cassidy).

También hay estudios acerca de la atención sanitaria en casos de muerte intrauterina, considero que las mujeres y /o familiares que se enfrentan a una situación como ésta necesitan una atención especializada, tanto psicológica como clínicamente, las conclusiones obtenidas en un Informe de Umamanita muestran que “en términos generales la atención no alcanzó los fundamentos de la buena práctica”.

Yo, por mi parte, he de decir, que hemos tenido una atención sanitaria, en la sanidad pública de Vitoria, encomiable. En cuanto a los profesionales con los que nos hemos cruzado en este tiempo, desde ginecólog@s, psicólog@s, matronas, enfermer@s, auxiliares de enfermería, etc. Nos han mostrado una gran sensibilidad, nos han atendido con gran humanidad facilitándonos así todo el proceso.

También me gustaría hablar de un sentimiento muy común en las mujeres que han tenido obstáculos a la hora de buscar un embarazo o a lo largo de su embarazo y/o maternidad. El sentimiento de inferioridad como mujer; de ser “peor mujer”, de ser “peor madre” que las que tienen hij@s y no han tenido problemas para ello. En primer lugar, hay que tener claro que muchas mujeres puede que hayan tenido problemas y no los hayan querido contar, algo totalmente respetable. En segundo lugar, no es mejor ni peor mujer la que no tiene hijos porque ha decidido no tenerlos o porque tiene problemas de fertilidad, ni es mejor ni peor madre la que ha perdido a su bebé recién nacido, ni siquiera es mejor ni peor madre la que tiene un hijo que la que tiene cuatro.

 

25-06-20

Simplemente, hemos de tener claro, que la vida nos hace vivir situaciones bonitas, no tan bonitas y duras o muy duras. Para superar las situaciones difíciles, tenemos que lograr comprender lo ocurrido, aceptarlo y sacar un aprendizaje de ello. No es fácil, hay momentos de nostalgia y la felicidad no vuelve de repente, pero lo importante es sentir que por fin estás mirando hacia delante con un poco de ilusión.

Ahora puedo decir, que no soy la misma que hace siete meses. Empatizo mucho más con las personas que tienen familiares enfermos o que acaban de fallecer, evito mucho más los conflictos, tengo más claro lo que quiero y lo que no quiero, disfruto más del ahora y pienso menos en el futuro. Pero también, soy más sensible, tengo más miedos, miedo a perder a las personas que más quiero, por lo que, en ocasiones, tiendo a sobreproteger más a mi niño.

Me consideraba una persona fuerte y segura. Pero hace unos meses, sentí como si de repente me debilitara por completo, mi mundo se derrumbaba y me quedaba sin fuerzas ni ganas de hacer nada. Por suerte, hoy no puedo decir lo mismo. Aunque he perdido seguridad en mí misma, me siento más fuerte que hace unos meses.

Hoy comienza una nueva etapa para mí, después de más de siete meses, vuelvo a trabajar y lo mejor de todo, me muero de ganas. Tengo ganas de hacer cosas, tengo ganas de Salir, en definitiva, tengo ganas de vivir.

Luken, el día 20 de Junio hizo seis meses que te tuve en mis brazos, por primera y última vez. El aita y yo fuimos al monte, a sentirte más cerca y a hablar contigo. Quiero que sepas que siempre serás parte de nuestra familia. Si tú no hubieras existido en nuestras vidas, nosotros ahora no seríamos los mismos. A mis 32 años, puedo decir que has sido mi mayor lección de vida. Gracias por enseñarnos tanto, por enseñarnos a querernos mejor y a agradecer cada día todo lo que tenemos. Pienso en ti cada día.

 

LUKEN, BETI GURE BIHOTZETAN.

 

Mamá de una estrella, Valeria

Soy mamá de una estrella, que nació y murió el 25 de Abril de 2020,en medio de toda esta locura del confinamiento y soy madre de un niño que tiene 2 años y medio.

No sé cómo empezar..tengo 36 años.Fue una niña buscada y vino a la primera como se suele decir.Fuimos de viaje de novios a Tailandia y nos trajimos de vuelta el mejor regalo sin duda: ella, mi pequeña, quedé embarazada en ese viaje y no me lo podía creer que hubiera sido tan rápido. Comenzaba mi nueva ilusión, mis 9 meses maravillosos de embarazo.Con mi primer embarazo puedo decir que fue una buena experiencia en todos los sentidos: gestarlo, un parto bueno y rápido..

En mi ecografia de las 20 semanas me confirmaron que era una niña, lo soñado para mi.Era todo perfecto, la edad que se llevaría con su hermano, la parejita, estaba sana..todo iba perfecto sin ninguna anomalía.En Marzo, empezó todo este confinamiento y me daba un miedo terrible , pero tenía la tranquilidad que todas las pruebas salían correctamente desde el principio del embarazo y sentía sus pataditas.Martin, su hermano pese a ser pequeño estaba ilusionado y me la nombraba en muchas ocasiones según iba creciendo mi barriga día a día.Le hacíamos partícipe y su cometido seria compartir juegos con ella y cuidarla.

Estaba en mi semana 35 de gestación, teníamos ese maldito día la ecografia rutinaria, digo maldito porque ahí se acabó todo. Entré sola a la consulta ( mi marido y mi niño se quedaron esperando dentro del coche en la calle.Recibi la peor noticia sola: cariño, llevas mucho tiempo sin sentirla o notarla? “No hay latido”. Quedé en schock, pedí que por favor volviera a mirar bien en la pantalla. Yo tenía un mal presentimiento, desde el día anterior no la notaba moverse, pero te lo niegas y piensas que quizás tiene menos movimiento, que esté dormida por momentos y que eso no te puede pasar a ti.

Ahí comenzaba mi sufrimiento y mi despedida de ella, mi niña, mi pequeña. Jamás pensé que tendría que enfrentarme a un parto vaginal de mi hija fallecida.No soportaría ese dolor tan grande, ¿como me enfrentaría a eso? Nunca había escuchado hablar de la muerte perinatal ni que significaba eso..Me dejaron ingresada de urgencia y comenzaron a preparar mi cuerpo y mi útero para dar a luz.No me lo quería creer, mientras tanto, el personal sanitario te empiezan a hacer preguntas y en poco tiempo tienes que ir tomando decisiones importantes: yo, mejor dicho nosotros, decidimos verla, donarla a la ciencia , quedarme con su gorrito de recuerdo, su pulserita, su huella del pie plasmada. Decidimos firmar la autorización para la realización de autopsia, que a día de hoy no tenemos aún los resultados del informe.

El momento del parto puedo decir que fue precioso en si, rápido, sin apenas dolor físico, sin puntos.A mi pequeña Valeria le pedí que ya que la habíamos perdido para siempre, que ayudara a su mamá a ponerle las cosas fáciles y no tuviera un parto traumático, pese a la situación tan dolorosa que ya teníamos con su pérdida, no quería ese recuerdo de dolor físico.Y así fue: mi niña prácticamente en apenas 2 horas desde la epidural se me salió sola, no tuve ni que empujar.Mi niña fue buena hasta para eso…

Desde que me dejaron ingresada hasta a dia de hoy no encuentras respuestas, te preguntas una y otra vez :¿por que a mi? ¿Por que a las 35 semanas y no antes? Y puedo decir que lo que me ha servido a mi para cerrar esa pregunta es que ” las estadísticas se basan en personas ” y me tocó a mi. Soy soy unas de esas estadísticas. Es lo único que me ha dado descanso mentalmente.

Cuando di a luz , saqué fuerzas y decidí ver a mi pequeña, mi preciosa hija , mi Valeria. He de reconocer que me daba mucho miedo llegar a ese momento, pero puedo decir que una vez nació y la cogí en brazos, senti el amor más puro y maravilloso que se pueda tener, que sentí mucha paz.Era mi primera y ultima vez para todo. Mi primer y ultimo beso a ella, el poder tocarla por primera y última vez, olerla, coger su manita, acariciarla,tocarla con toda la delicadeza del mundo como instinto de protección para no hacerle daño..Conocer a mi pequeña y mi ultimo adiós. 8 meses de embarazo gestandola, sintiendola , 2 corazones juntos para luego seguir mi camino sola, sin mi pequeña. Nuestras vidas se separaban, no la volvería a ver nunca más, no podría pronunciar su precioso nombre nunca: VALERIA.

Esto va por ti mi pequeña,  porque unos amigos nuestros bautizaron en la realidad a una estrella de la constelación de Cáncer con tu nombre. Me da paz saber que hay una estrella con tu nombre con fecha desde 25 de Abril.

Y por último decirte mi querida hija, que me acuerdo de ti todos los días, que te sigo llorando..Me quede con los brazos vacíos y mi corazón lleno de ti.Te quiero hija, mi niña, quiero darte tu lugar. Estas situaciones no tendrían que pasar nunca, un bebé morir antes de nacer , es antinatural. Dedicados a todos esos bebés estrellas y a esas familias valientes que nunca nos olvidamos de nuestros pequeños.Descansen en paz esos angelitos.

V.C.L.

Álvaro de mi vida

Hola a tod@s, mi nombre es María y vengo a contaros mi testimonio ahora que me siento con un poco de fuerzas aunque sólo haya pasado un mes desde que Álvaro naciera y se fuera de mi vida para siempre pero no de mi corazón, pienso que compartir mi historia es como un legado que me ha dejado mi hijo para que otras familias que se vean en mi misma situación se sientan comprendidas y no crean que son las únicas porque yo así fue como me sentí, y por supuesto también es la forma que tengo de nombrar y mantener vivo el recuerdo de mi niño para siempre.
Mi marido y yo desde que nos conocimos siempre habíamos hablado que ser padres era nuestra ilusión, y ese instinto maternal lo tengo muy arraigado desde que era una niña.
Una vez que decidimos que empezaríamos a intentarlo pero sin ningunas prisas que viniera cuando quisiera, cual es nuestra sorpresa que el primer mes que lo intentamos me quedo embarazada. Al principio fue un poco de shock porque no lo esperábamos tan pronto pero al instante ya estábamos súper ilusionados y nuestra familia también.
Empiezo a ir a mis controles y mis analíticas y todo esta correcto, mi niño se está desarrollando con total normalidad y su corazón latía con fuerzas. Justo dos semanas antes de la próxima ecografía empiezo a tener el presentimiento de que algo no va bien, yo había sentido al bebé y de repente había dejado de sentirlo, como era primeriza y estaba de poco tiempo (18 semanas) todo el mundo me decía que era normal que aún estaba de poco tiempo pero yo en el fondo sabía que algo no iba bien. Como estaba en pleno confinamiento por el Coronavirus decidí esperar al 30 de Abril que tenía mi eco 20.
Por fin llega el día en el que voy a verlo y estaba muy nerviosa, tuve que entrar sola en la consulta ya que mi marido no lo dejaban entrar. Automáticamente cuando la doctora me pone el ecógrafo encima pasan unos segundos y me dice esas palabras que jamás en la vida olvidaré “Ojú hija esto no está bien” las tengo grabadas a fuego, a partir de ese momento mis recuerdos se nublan un poco, se que le dije “Como que no está bien” y me dice que no, que no tiene latido, hace aproximadamente 2 semanas que se paró.
Empezé a llorar como una loca y a temblar, un frío que me recorría el cuerpo que no podía controlar. Eso fue a las 9:00 de la mañana y me ingresaron para inducirme el parto, a las 22:45 Álvaro nació en aquella cama del Hospital de Cádiz y se separó de mí para siempre.
Jamás pensé escuchar esos “empuja cuando te venga una contracción” “ánimo que lo estás haciendo muy bien” por primera vez, sería para tener a mi hijo sin vida.
En el momento que sentí como cortaban el cordón sentía que me cortaban el alma, estaban quitándome lo único que me quedaba de unión con mi pequeño. Lo más raro de todo esto ahora que lo pienso es que en el momento del parto no lloré ni una lágrima, estaba tan en shock que no era consciente de lo que había pasado, parecía que estaba viviendo una pesadilla que no era mía, hasta que por la noche de madrugada en la habitación me desperté y fui consciente te todo cuando me acaricié la barriga y noté que estaba blandita y plana, ahí fue cuando rompí a llorar desconsoladamente y desde entonces no hay un solo día que no le llore al cielo, a mi angelito precioso.
Yo no quise verlo pero mi marido sí, yo no me quería quedar con ese recuerdo de él. Prefiero quedarme con el amor que sentí cuando lo vi por primera vez y escuché su corazón, cuando sentí su primer movimiento en mi mano, cuando bailábamos en el salón a ritmo de bachata, o cuando después de ducharme por las noches me dedicaba a darme mi cremita en la barriga y masajearla, eran nuestros momentos y solo nuestros.
Jamás olvidaré tampoco cuando nació y la enfermera se lo llevó en una mantita liado para que yo no lo viera, ni lo volveré a ver nunca. Ese recuerdo es el más duro y complicado para mí, es el único momento que pude intuir su cuerpecito, se me parte el alma de pensarlo.
Justo hoy un mes después de todo esto he vuelto a aquella consulta en la que me dieron la noticia y ha sido otro escalón enorme que he tenido que subir para recoger los resultados de la autopsia. Resulta que tenía “Corioamnionitis”, una infección en la placenta causada por una bacteria en el endometrio. Según me ha comentado el médico es algo totalmente aislado y no tiene porqué volver a suceder, simplemente he tenido mala suerte, esto es como una lotería y me ha tocado a mi vivirla.
Cuando me vea con fuerzas y pase un poco de tiempo iré en búsqueda de un hermanito, no pienso renunciar a mi maternidad por mala suerte del destino una vez. Tengo que volver a ser feliz y sobretodo hacerlo por él. Nunca voy a dejar que Álvaro caiga en el olvido, es mi hijo, yo lo he gestado, lo he sentido y lo he parido. Siempre lo llevaré por bandera hasta que me muera, y será mi estrellita en el cielo.
Álvaro hijo mío, tus padres te amamos y jamás te olvidaremos.
Vuela alto, quizás algún día podamos volar juntos.

Mi Estrella Enzo

La verdad que no se ni por donde empezar, esta inmensa tristeza y vacío  que llevo en silencio a diario , creo que no me deja avanzar.

  1. En medio de toda esta pandemia yo era feliz con mi pequeño creciendo como un campeón  día a día, no fue un embarazo fácil  pero si muy deseado, con 44 años ya nada es igual , después de 2 abortos tempranos  ahora parecía que la cosa si podía ser ,apesar de  estar sangrando casi todo  el tiempo  de embarazo  , mi pequeño estaba en un mundo aparte, creciendo hasta más de lo que le tocaba, con un buen latido,  sin anomalías despues de realizar las pruebas pertinentes por tener una madre  más mayor , estuve ingresada 3 veces,  que si sangrado por hematoma, reposo,  reposo,  reposo, vuelta a sangrar que no se sabe de dónde viene el sangrado  y para casa otra vez a reposo,  el día 13 de marzo fui a mi revisión  mensual y todo  parecía  estar bien, hasta se dejo sacar una buena foto…. y para casa, al día siguiente empecé a sangrar pero como de costumbre pensé ya parará,  al no ser así, me fui al hospital y por supuesto me dejaron ingresada en medio de este caos, sola, pues ahí estuve durante 10 días con antibióticos por si acaso pero nadie veía nada de donde venían  esos sangrados, hasta que mi niño decidió que no quería estar más ahí dentro y empecé con contracciones , al parecer tb se había roto la bolsa y no tenía liquido pero su corazón  seguía latiendo y con 22semanas y 1 día nació  mi Enzo, la estrella más bella que me pudo dar y quitar la vida en un instante. La salida del hospital fue devastadora,  llegas con tu niño y sales sola con una sensación de vacío que nunca en mi  vida había sentido por nada .Han pasado 2 meses y todavía  sigo perdida, perdida en un mar de porques,  en un duelo en solitario, silenciado que se hace más duro aún  si cabe  por que te dicen pues ya esta ya pasó,  ya tienes que estar bien, no puedes estar  todos los días llorando y Si! hay que seguir viviendo  eso lo se, pero que nadie le ponga  un tiempo  a este dolor , solo el que ha pasado por  esto sabe de lo que hablo,  todo llegará,  las aguas volverán  a su cauce, me imagino que si que llegará  ese día que pueda hablar de él si echarme a llorar pero todavía no es ese día.  El se había convertido en mi  mundo y ese mundo simplemente se esfumó en un abrir y cerrar  de ojos. Siempre estarás  conmigo mi gordito, mami te amará siempre .