Luca, compat18ble con mi amor💛

Tuve la suerte de tener a mi segundo hijo Luca 8 hermosos meses conmigo, lamentablemente se quedó dormido el 14 de febrero de 2021, tenía diagnóstico de Trisomía 18, si bien lo sabíamos desde las 29 semanas que tenía muy mal pronóstico, uno como ma-padres está preparado para enfrentar esta situación. Lo tuve por cesárea, pudimos estar con el un tiempo menor a 1 hora, como leí por ahí, tuvimos que entregarle todo el amor que le hubiéramos dado en toda su vida, en ese corto pero intenso tiempo.

Si me preguntan cómo me sentí en esos minutos, realmente con mucha Paz, lloramos, lo besamos y lo acariciamos.. solamente le dije que lo amaba mucho, el resto solo fue caricias y mimos, una situación muy primitiva…animal…

Tengo en el día muchas sensaciones y sentimientos, trato de que fluya.

Y todos los días le repito, un día menos para volverte a ver mi bebé… mientras tanto, tengo que cuidar de su papá y su hermano mayor. UN DIA A LA VEZ.

Abrazo infinito a quienes están leyendo este texto y están transitando este doloroso momento…

 

mi angel

Mi nombre es Selenia Lebrón y estoy pasando por el dolor mas grande que puede pasar cualquier mujer. Tenia mucho entusiasmo de tener un segundo bebe, mi esposo y yo lo esperábamos con ansias ya que teníamos una niña y este sería un niño. Nuestro primer varón. Mi embarazo nunca presento complicaciones, al cabo de las 35 semanas de gestación comencé a presentar unos dolores combinados con algo denominado ciática en donde se me acalambraba hasta las piernas.

 

Todo lo que estaba sucediendo se lo comunicaba a mi ginecóloga obstetra, me pusieron cita para practicarme una cesárea a las 37.5 semanas de gestación, nunca me mandaron a poner ningún tipo de inyección para madurar los pulmones de mi bebé y siempre me decían que todo en mi embarazo estaba bien: yo feliz por esa notica de que todo estaba bien.

 

Llegó el día de mi cesárea en donde vería a mi bebé tan esperado (18 de febrero del 2021). La cesárea fue todo un éxito, de repente veo como la pediatra se lleva a mi bebé rápidamente de la sala de cirugías y claro que me asusté (esa pediatra no la conocía porque yo nunca elegí esa pediatra para que recibiera a mi bebé, por el contrario, la ginecóloga que me atendió nunca me preguntó qué pediatra quería que estuviera presente en mi parto).

 

Me llevan a mi habitación y mi bebe el cual había nacido de 7.7 libras no estaba ahí conmigo, la pediatra fue a la habitación y dijo que el bebe estaría pal de horas en observación en la sala de perinatología debido a que había nacido con LARINGOMALACIA que es un defecto que se presenta al nacer. Durante el desarrollo fetal, es posible que las estructuras rígidas de la laringe no se desarrollen por completo. No entendía bien a que se refería, pero estaba tranquila porque siempre me decían que todo estaba bien. A parte de eso me pusieron un suero que no llevaba y mi brazo ahora se me acalambra a cada rato.

 

Cuando ya me pude parar de la cama fui a ver a mi hijo el cual tenía un oxigeno puesto. Le hice varias preguntas a la pediatra y me decía que estaba mejor, no me gustó para nada esa pediatra ya que cuando le hacían preguntas estaba más pendiente al celular que a otra cosa. La pediatra me dijo que en la noche llevaría a mi bebe a la habitación, estaba feliz pero no fue así. Jamás olvidaré ese día (19 de febrero de 2021) en vez de llevar a mi bebe a la habitación como me había dicho, más bien recibí la noticia de que mi bebe había fallecido a causa de un paro respiratorio. El alma se me partió en mil pedazos.

 

Cuando a una mujer que llega con un bebe dentro de su vientre a una clínica quiere salir con él en brazos no como yo que Sali vacía y con un bebe dentro de una caja

 

Me gustaría saber como se puede afrontar esa perdida, la herida de la cesárea no me importa, la que me importa es la del corazón.

 

A causa de ese suceso dije que jamás pisare esa clínica, cambie de clínica y hasta de ginecóloga porque algo dentro de mi me dice que me escondieron algo o mas bien que no me dijeron toda la verdad referente a mi bebe. Dios es grande y maravilloso, espero que me de las fuerzas necesarias para salir de esto y que cuando lo considere necesario me conceda el milagro de ser madre otra vez.

 

Dios es grande y maravilloso y sabe por qué hace las cosas, pero nada puede cambiar el dolor que se siente, trato de ocultar mi dolor por mi hija de 5 años y por mi esposo para que no me vean llorar, pero es mucho más difícil.

 

Las personas siempre te dicen que debes de ser fuerte, que por algo Dios lo decidió así, que debo de ser fuerte por mi hija, pero no es tan fácil, solo él que a pasado por esa situación sabe lo difícil que es, es muy fácil decirlo, pero no vivirlo.

 

A veces me despierto y quiero como pensar que todo a sido una pesadilla, la peor de las pesadillas pero no es así, es real y muy real.

Lucía, la luz que nos guía

En la semana 24 nuestra pequeña Lucia murió.

Nosotros, unos ilusos, nos afianzamos al único rayo de luz que nos dieron cuando vieron que uno de los mellizos había dejado de crecer, y nos quedamos incompletos, desolados, desconcertados …

Cuando en julio de 2019 supe que estaba de nuevo embarazada, algo dentro de mi me decía que esta vez eran 2 bebés… Algo dentro de mí me lo gritaba, los síntomas eran exagerados y simplemente lo sabía. Más tarde cuando me dieron los resultados de las analíticas al verlos lo confirme al compararlos con los del primer trimestre del embarazo de nuestra hija mayor María, las hormonas estaban disparadas, mi marido y mi madre no me hacían caso y bromeaban con la idea, pero cuando fuimos a la primera eco vimos por primera vez a nuestros bebés. Mi marido se quedó perplejo y pronto nos abrazábamos llorando con una inmensa felicidad y desconcierto al saber de su llegada.

En el hospital, la ginecóloga que nos atendió, nos explicó que eran embarazos complicados, habría que ir viendo día a día que todo fuera bien y me seguirían en alto riesgo. La matrona de mi centro de salud, nos tranquilizó, nos explicaba que no debíamos preocuparnos, como era un embarazo bicordial-biamniotico, de los gemelares el “más seguro”, y además ella había tenido siempre buenas experiencias en estos embarazos.

Super felices, viendo que todo iba bien, nos montamos en nuestra nube de felicidad esperando vuestra llegada, pero había algo dentro de mí que no me dejaba ir a las tiendas a preguntar por carros… Nunca imaginé que pasaría esto, en la semana 20, vieron que Lucía era más pequeña pero nada alarmante, había que esperar, y en la semana 22 saltaron todas las alarmas , había pasado de un PEG a un CIR selectivo tipo I precoz, nos indicaron que la niña estaba muy mal, arrinconada porque tenía poco líquido y fallos renales, se estaba repartiendo mal los recursos, ella se lo enviaba todo al cerebro y corazón, haciendo así que le estuviera fallando el intestino, nos explicaron que probablemente habría que pinzarle el cordón (eutanasiarla) de lo mal que se encontraba, todo esto ahí sin más, sin ningún tipo de apoyo psicológico, sin un trato humano, y recalcándonos que Miguel estaba muy bien, pero nadie se daba cuenta que nosotros estábamos esperando 2 bebés y queríamos sanos a nuestros bebés; que te digan que uno de ellos está fatal, con una mala evolución muy rápida y sugerirte eutanasiarlo, destroza a unos padres. La ginecóloga que nos atendió en el ecógrafo, tiró a la basura la ecografía de Lucía y sólo nos entregó la de Miguel, no supimos reaccionar, ahora pienso que debimos exigirle que nos la hubiera dado.

Siempre diré que Lucía ha sido muy generosa con nosotros y cuidó como una buena hermana a Miguel, ella, siempre fue el primer gemelo, y cuando dejó de crecer y todo el caos invadió nuestra vida, Lucía se movió a un lado, dejándole todo el sitio a Miguel.

Nos dejaron esperando en el pasillo de la sala de espera, llorando abrazados, aterrados, destrozados, ante las miradas de todo el que estaba allí o pasaba por allí, desde embarazadas con sus parejas o gente que iba a otras consultas; estaban llamando al 12 de Octubre, y no se les ocurrió, dejarnos en algún sitio apartados. Era el día después del cumpleaños de mi marido, y recuerdo como el día anterior estaba apagada, porque tenia una voz dentro de mí que me decía que Lucía no había cogido peso y era grave lo que nos iba a acontecer.

Nos derivaron al 12 de Octubre en Madrid, esa misma semana nos vieron, allí nos explicaron que Lucía estaba mal, era un caso difícil, pero no veían necesario eutanasiarla, sí que era cierto que tenía dificultades, pero no existía en ese momento sufrimiento fetal y como tenía poco líquido, estaba más débil, podría morir de causa natural sin necesidad de realizar el pinzamiento del cordón. El trato no tenía nada que ver con el recibido en nuestra ciudad, era evidente que en el 12 de Octubre estaban acostumbrados a abordar casos similares al nuestro. Realizaron pruebas, se preocuparon de dejarlo todo ese mismo día, sabían que íbamos de fuera. En el 12 de Octubre, si nos dieron la ecografía tanto de Lucía como de Miguel, y es esa ecografía, la última que tenemos de ella con vida, la que tenemos enmarcada en nuestra casa, junto a las fotos de recién nacidos de sus hermanos. Tardamos un año en poderla poner, pero ahí está al fin, con sus hermanos, donde sentimos que debe estar.

Como cualquiera en nuestra situación, después de todas las pruebas, nos explicaron que deberíamos esperar. Miguel pesaba 500gr y Lucía no llegaba a 300gr y en la semana que estábamos, no era viable una cesárea de urgencia, porque corrían mucho riesgo ambos, habría que esperar a la semana 25 y ya nos reuniríamos con los neonatólogos, y así se podría valorar que nacieran ambos.

Primero descartaron que se hubiera fisurado su bolsa. Intentaron hacer una cordocentesis, porque Lucía tenía poco líquido, pero no encontraban un punto de apoyo y yo estaba muy mareada, asique finalmente, por mucho que me doliera tuvieron que hacer una amniocentesis, era consciente de que ella tenía poco líquido, pero necesitábamos saber que estaba sucediendo y queríamos, encontrar el motivo por el cual su crecimiento se estancó, encontrar una solución, hicimos todo lo que era posible para intentar salvarla y que su hermano estuviera bien.

Ella lo intentó, y nosotros no perdimos la esperanza, pero no aguantó. Todos los días vigilábamos sus movimientos, eran más débiles que los de Miguel, pero Lucía se movía, fuimos a nuestra matrona unos días antes y ella seguía ahí con nosotros.

Lucía nos dejó el 02/12/2019. Pienso que se fue el día antes de la revisión, llevaba un día preocupada porque apenas la notaba, y el día antes, después de comer, noté unos dolores muy fuertes en la zona en la que ella estaba. Mi marido me decía que no me preocupara, que seguro que no era nada. Unos días antes fuimos a comprarle algo, porque no me había atrevido a comprarle nada para los bebés, estaba tan desconcertada, tenía tanto miedo, que me era imposible plantearme ir de compras o mirar algo. Fue una bofetada, un duro golpe, una noticia que ojalá nadie tenga que pasar por ella, porque es lo más duro a lo que me he enfrentado y creo me tendré que enfrentar en mi vida. El 03/12/2019 fuimos a la revisión en nuestra ciudad, entramos raros a la consulta, recuerdo como la ginecóloga se extrañaba de que no hubieran propuesto el pinzamiento de cordón y no daba crédito de la amniocentesis que realizaron, y nos confirmaron , allí sin más, que no había latido, y nunca olvidaré, como fue, primero nos mostraron a Miguel, y luego cuando estaban mostrándonos a Lucía, primero la ginecóloga nos indico que nos fijáramos en la forma del cráneo de la nena, y poco a poco fue bajando para que viéramos que no había latido, al romper en llanto entró la ginecóloga del ecógrafo de al lado, para confirmar que nuestra bebe se había ido. Nos dijo unas palabras muy duras: “Se ha quedado sin líquido, ¿veis? Parece que tiene una bolsa en la cabeza“. Pregunté cuando había pasado, quería saberlo, lo necesitaba, pero la ginecóloga dijo que era mejor para mí no saberlo y no nos dijo nada más. En ese instante nuestro mundo se paró, y desde entonces empezamos a caminar perdidos en una oscuridad inmensa, de la que no sabíamos cuando íbamos a salir.
Recuerdo como nos dejaron en la sala de espera, rotos de dolor, llorando abrazados ante la mirada de otras embarazadas y sus parejas o acompañantes, sin darnos un espacio íntimo en el que poder digerir la noticia, Luego, pasamos a consulta, y la ginecóloga nos dijo que nos tomáramos un par de semanas de duelo y en pocas palabras la vida sigue y el niño esta bien.

Por parte del hospital de nuestra ciudad y de los profesionales que nos estuvieron atendiendo en ningún momento se nos prestó ayuda psicológica ni aplicaron ningún protocolo, como existen en estos casos, es más, insistían en reafirmar: “Miguel está vivo y sano, no debéis preocuparos, este embarazo a partir de ahora se gestionará como uno único y no debe pasar nada más, hay riesgo de parto prematuro las primeras semanas”. Pero el trato no era humano, no nos sentimos arropados, se olvidaron de Lucía, y nosotros no estábamos dispuestos a olvidarla, porque ella seguía dentro de mí, junto a su hermano Miguel, y tendría que nacer junto a él.

Fueron unos meses muy duros, el embarazo seguía y yo, muerta de miedo, llena de culpabilidad y llena de preguntas, no quería bajo ningún concepto que nadie supiera lo sucedido, me avergonzaba, me sentía un monstruo, llevaba a mi hija muerta y a mi hijo vivo dentro de mí, era todo anti natura, no era posible, esa pesadilla de la que quería despertar.

Gracias a una prima que trabaja en la unidad de duelo de su hospital, gracias y eternamente gracias a ella, me fue preparando poco a poco para los acontecimientos que iban a ir sucediendo, porque ella que es enfermera y trabaja en la unidad de obstetricia, sabía que nuestra historia podría acabar muy mal, y fue la que me estuvo guiando en los pasos que debería dar.

Quizás el destino lo quiso así, además de la matrona de siempre, teníamos otra matrona en nuestro centro de salud que había pasado por una perdida y también nos estaba atendiendo durante este embarazo, recuerdo como nos decía que era normal que estuviéramos mal, que teníamos siempre la puerta abierta para ir tantas veces como quisiéramos, que bajara a urgencias cuando lo necesitara y que allí me entenderían, porque era totalmente normal estar preocupados en este embarazo que tanto se nos torció. Ella nos aconsejó acudir a un grupo de ayuda porque nos quedaba mucho embarazo por delante, y en nuestra ciudad hubo un intento de grupo que no prosperó, pero nos citamos con la psicóloga que nos prestó su tiempo para podernos acompañar un poco en este mal trago. Mi prima también me lo aconsejaba, ella fue la que me puso en contacto con la Red para que pudiéramos recibir apoyo y seguir caminando en ese oscuro camino, que deseábamos terminara, pero teníamos tanto miedo del final, porque nos separaría de nuestra hija, nos devolvería a la cruda realidad, tendríamos solo que asumir la crianza de Miguel junto a nuestra hija mayor María, la que por cierto, sentí que llegue a abandonar durante el proceso, porque, estaba tan inmersa en la lucha por Lucía, que a veces siento, mis otros dos hijos, los tuve que dejar en un segundo plano, pero mi marido, me devuelve a la realidad, me da un golpe de aire fresco y me recuerda, que en ese momento, de nuestros tres hijos la que nos necesitaba en cuerpo y alma era Lucía y nos estuvimos dedicando a ella, porque era la que más nos necesitaba, ahora, un año después, miro atrás y me doy cuenta que fue así, luchamos en cuerpo y alma por Lucía, y volveríamos a luchar 1000 batallas por cualquiera de nuestros hijos.

Recuerdo como acudí a urgencias unos días después de que Lucía falleciera porque apenas notaba a Miguel, asustada, aterrada, pensando que le había pasado algo a él también. Y ese viaje no fue el último, tuve que acudir en varias ocasiones, trataban a Lucía como unos restos, no como nuestra hija, incluso no querían mostrármela en las ecografías, insistían en el bienestar de Miguel, quitándole hierro a lo sucedido, intentando que olvidáramos a nuestra hija. Teníamos que aguantar comentarios fuera de lugar constantemente, “céntrate en el otro que está bien “, “estos embarazos son complicados “, “lo natural es que solo venga uno”. Un día me acompaño mi madre al hospital, y no pudo contenerse, al oír a la matrona uno de esos comentarios desafortunados, le dijo que había perdido a mi hija, la llevaba dentro, y eso era muy doloroso para cualquier madre, y la matrona le contestó que no sabia a veces que decir, a lo que mi madre le rebatió: “antes de hacer esos comentarios, si no se sabe que decir, lo mejor es guardar silencio” Desde aquel día, cuando coincidí con aquella matrona, sus comentarios cambiaron afortunadamente, llegué a sentir miedo cada vez que iba, por lo que me dirían.

Tuve que exigir en el hospital que me derivaran a la unidad de duelo perinatal, que según las gines que me trataron existía, pero una vez me dieron el volante, tuve que explicarle al administrativo de citaciones a que planta debían dirigirlo, porque como he contado al principio, el caso se les escapaba, insistían en saberlo gestionar, cuando era evidente que no era así, sólo nos hacían un daño atroz psicológico a mi marido y a mí, cada vez que íbamos a consulta, estábamos “con la escopeta montada” porque no sabíamos quien nos iba a atender, y qué nos iban a decir esta vez .

Seguimos yendo al 12 de Octubre a consultas de control, enseguida que tuvieron los resultados de la amniocentesis de Lucía nos llamaron y nos los remitieron por e-mail. Además, cuando volvimos a la siguiente consulta y comunicamos que Lucía había fallecido, enseguida nos arroparon y pusieron a nuestra disposición la reciente unidad de duelo perinatal. Se preocuparon de concertarnos la siguiente revisión del embarazo junto a la consulta con la unidad de duelo perinatal porque eran conscientes del largo camino que hacíamos y no podíamos estar yendo a Madrid cada 2×3 porque además teníamos a nuestra hija mayor con 20 meses, que en ocasiones nos acompañaba y en otras teníamos que dejarla con mi madre.

En esta vida hemos tenido que luchar mucho, pero jamás imaginé que tuviéramos que luchar tanto para que trataran con dignidad a nuestra hija.

Ahora que conozco a otras familias y mamás que han pasado por la pérdida de un bebé, sé que fuimos unos “privilegiados” porque pudimos decidir qué queríamos hacer cuando Miguel y Lucía nacieran.

Tardó un poco, pero en Enero, se puso en contacto con nosotros la psicóloga del hospital con la que contactaban a las familias que pasaban por estas situaciones, exactamente la unidad de duelo perinatal no existía como tal en nuestro hospital, pero esa PROFESIONAL, así con mayúsculas, porque lo es, una gran persona y psicóloga, enseguida que supo de nuestro caso y situación concertó una cita con nosotros , a la que acudimos junto a nuestra hija mayor, y le explicamos todo el proceso por el que estábamos pasando, nuestra situación psicológica, y que ya nos había valorado la psiquiatra de la unidad de duelo perinatal del 12 de Octubre, la cual amablemente nos remitió un informe, donde detallaba que éramos conscientes de lo sucedido, queríamos y deseábamos recibir a nuestra hija dignamente, y sabíamos que el tiempo que ella permaneciera ahí acompañando a su hermano, iba a deteriorarla, pero eso no nos importaba, porque era nuestra hija y deseábamos recibirla con todo nuestro amor . Solicitamos dicho informe, debido a los comentarios a los que estábamos constantemente sometidos en las consultas de revisiones o cuándo acudíamos a urgencias. Llegábamos destrozados a casa, llorábamos de rabia, impotencia, desolación … Pero llegó esta psicóloga, que se interesó por nosotros, y como mi marido dijo: “Después de tanto tiempo vagando por el desierto, encontrarte a tí fue encontrarnos con el maná “.

Y ese mes también, fuimos al grupo de apoyo mutua de Valladolid de la Red, recuerdo que nos daba miedo ir, porque estaba tan embarazada, que teníamos miedo a que nos rechazaran, mi marido no estaba muy convencido en asistir, porque no le convencía, pero accedió por mí.
Una vez allí, entre lágrimas, nos presentamos y contamos la historia que estábamos viviendo, nos sentimos muy arropados y apoyados por el resto de familias y mamás que estaban allí, entonces mi marido abrió los ojos y se dió cuenta de lo necesario que era ese grupo de apoyo mutuo.

El grupo nos ayudó a saber que queríamos y que no en el nacimiento de nuestros hijos, a prepararnos para las preguntas incomodas a las que estás sometido cuando el embarazo termina y todo el mundo quiere saber con pelos y señales qué le pasó a nuestra pequeña Lucía. Además nos ayudaron a confeccionar un plan de parto, para que supieran como queríamos recibir a nuestros hijos y así tenerlo todo lo mas “fácil posible” en el momento del nacimiento de nuestros pequeños.

Ella, que forma parte del grupo de apoyo de la Red de Ávila, nos mandó un plan de parto precioso, al que apenas hicimos cambios, que pensábamos entregar en el momento que estuviera de parto. Pedí a una tía que me tejiera una mantita pequeña para que envolvieran a Lucía cuando naciera, solicitábamos que entendieran que íbamos a recibir a nuestros dos hijos y pedimos tiempo para poder estar juntos. Nada del otro mundo, solo que esperábamos con mucho amor a Miguel y a Lucía, y con amor queríamos despedirnos de ella.

Ya teníamos aclarado con nuestro seguro de decesos que queríamos hacer con Lucía, los días pasaban, y queríamos tenerlo todo “solucionado”, mientras caminábamos un duro camino de alegría y tristeza, vida y muerte, amor y desolación.

Cuando todo en nuestro hospital estaba más calmado, habíamos conseguido un trato más humano gracias a la intervención de la psicóloga del mismo, además, coincidimos de nuevo con la ginecóloga que nos llevó el embarazo de nuestra hija mayor, para nosotros una gran profesional, cercana y humana. Recuerdo como bajaba la psicóloga al ecógrafo a hablar con ella, a expresarle nuestro deseo de ver a nuestra hija, pues por normal general, en las ecografías nadie quería mostrárnosla, en Madrid si lo hacían, en nuestra ciudad pensaban que era malo para nuestra salud mental… Le dije a la psicóloga, con esta ginecóloga no vamos a tener problemas, me llevó el embarazo de María y seguro que ahora a ella no le va a importar, y así fue, la psicóloga entró a hablar con ella para asegurarse, y cuando salió, nos dijo que la ginecóloga estaba a nuestra entera disposición y sin problema en mostrarnos a nuestra pequeña y a contestar a nuestras preguntas. Y entonces, entramos allí a consulta y después de tanto tiempo recibimos un trato maravilloso, pudiendo ver a nuestra hija, haciendo preguntas y obteniendo respuestas sinceras. Ella, nos planificó otra consulta para que volviéramos a coincidir con ella, no todas las ginecólogas que nos atendieron fueron desagradables e inhumanas, también existen excelentes profesionales que nos trataron con humanidad, a veces sin palabras, pero sí con miradas o esa mano encima de tu hombro, que era muy valioso para nosotros.

Y ahí estábamos, al final del embarazo, sin síntomas de parto prematuro. Iba a las revisiones a la matrona y al hospital, afortunadamente Miguel crecía perfectamente y no tenía ningún problema, Lucía seguía acompañándole, en un rinconcito, ese sitio que jamás olvidaré, que todos tanto tocamos durante esas 13 semanas que siguió ahí junto a su hermano, donde me salió un hematoma enorme tras la amniocentesis, el cual, más de 1 año después conservo en mi vientre, que no me molesta, me recuerda, el lugar exacto en el que estuvo nuestra pequeña acompañando y cuidando a su hermano, porque eso hizo esas semanas, ahora, conociendo tantas historias tristes como la nuestra, sé que lo natural es ponerse de parto después, y el gemelo superviviente, muchas veces tiene que ingresar en UCI neonatal, pero nosotros, no tuvimos que pasar por ese duro proceso, para el cual pienso que no hubiera tenido fuerzas, y cuando hablo en el grupo de apoyo mutuo de gemelos que tiene la psicóloga Cristina Cruz, las otras mamás me dicen : “hubieras podido”.

Me quedé con muchísimas ganas de pedir la ecografía del pie de Lucía, que allí estaba, su pequeño pie en el canal de parto ya en la recta final, se veía con una claridad, una foto en blanco y negro donde perfectamente se veía un diminuto pie, y eso, nos aseguraba que nuestra hija seguía allí, intacta, pese a todos los comentarios fuera de lugar que se nos dijeron. A mi marido le paso igual, pero jamás se borrará de nuestra mente aquella imagen que tanta energía nos dió.

Mi matrona, decidió no avisarme para las clases de preparación al parto, porque sabía perfectamente como estaba, me veían a menudo, y sinceramente no hubiera podido asistir, no puedo negar que al principio nos sentimos ofendidos, pero luego recapacitamos, como iba a ir allí, si no era capaz de salir sola a ningún sitio desde que Lucía falleció. Ha sido lo más duro que he podido hacer en mi vida, llevar a mis hijos en mi vientre, deseando que pasara pronto, haciéndome fotos durante el embarazo obligada para no negárselas a mi hijo, eso pensaba, me obligaba a seguir haciéndomelas, y ahora me doy cuenta, seguía gestando una vida, seguía estando embarazada, y mi cerebro de embarazada necesitaba seguir haciendo ciertas cosas, aunque fuera obligada.

Acudía a mi medica de atención primaria, por los partes de baja, a enseñarles los informes médicos y ella que no estaba conforme en mi baja en el segundo trimestre por una horrible ciática, ahora era más amable, pero sin saber gestionar nuestro caso, asegurando que iban a someterme a una cesárea y al final del embarazo seguía preguntado para cuándo estaba programada. Cuando dí a luz y mi marido fue a por los papeles, ella preguntó que tal había ido la cesárea, a lo que mi marido le contestó: “Se puso de parto de manera natural, fue vaginal y con un expulsivo rápido “.

Durante las últimas consultas del embarazo, habíamos hablado con las ginecólogas que nos atendían (que cada día era una diferente), expresándoles nuestro deseo de realizar autopsia tanto a Lucía como a su placenta, y dejando claro, que nuestro seguro de decesos ya estaba bajo aviso y queríamos que se hicieran cargo del cuerpo de nuestra hija para así poderla despedir en la intimidad familiar. Se nos explicó que en la reunión del departamento de obstetricia y ginecología, todo esto se expondría para que no hubiera problemas, además iban a hablar con el equipo de paritorio para que todo el mundo estuviera sobre aviso, aunque todos conocían el caso, era evidente que no sabían como debían proceder.

La última consulta de revisión a la que acudimos al hospital de nuestra ciudad, fue horrible, nos atendió una ginecóloga que ya conocíamos, por el embarazo de nuestra hija mayor, aquel embarazo también fue de alto riesgo y esta ginecóloga, nos quiso gestionar el embarazo como uno normal, porque no midió correctamente a la pequeña, menos mal, que la enfermera, con la que hablé enseguida, me volvió a gestionar los papeles para que me continuaran viendo en esa consulta … Bien, teniendo ya estas referencias sobre esta “profesional” al verla en la consulta sinceramente nos esperábamos cualquier cosa y por desgracia el trato fue horrible, cuando le explicamos que queríamos retirar los restos de nuestra hija, empezó a levantar el tono, nerviosa, haciéndonos comparativas con una mujer que quiso llevarse su placenta y hacer con ella lo que quisiera … Empezó a hablar de Lucía como restos quirúrgicos, no como nuestra hija, diciendo que a saber como iba a salir y si salía entera … Entonces, no pude contenerme, toda esa educación con la que siempre íbamos al hospital, ese saber estar que teníamos pese a nuestra lamentable situación, tuve que interrumpirla e intervenir, aquello era un despropósito , esa “ profesional” quejándose, de que era un “marrón” atendernos, y venía a decirnos que era peor para el ginecólogo que nos atendía que para nosotros. Y tuve que reprocharle esa actitud tan poco profesional, tan fuera de lugar y carente de humanidad, le dije entre lágrimas que estaba hablando de nuestra hija, y si nosotros queríamos llevárnosla del hospital para poderla despedir en la intimidad familiar no entendía el problema que podía haber, era mucho más difícil para nosotros, cada día encontrarnos con un ginecólogo diferente en la consulta, a sabiendas que les incomodaba atendernos, nos destrozaban las palabras con las que trataban a Lucía y encima ahora esto, no sabíamos si podríamos llevarnos los restos de nuestra hija cuando naciera.

Era un viernes, y al jueves siguiente ingrese de parto …

Fuimos a hablar con atención al paciente y queríamos poner una queja a la dirección del hospital porque no nos parecía ni medio normal lo que se nos acaba de decir, allí me decían que era imposible, que el hospital nos entregara los restos de nuestra hija, pero con todo lo que estábamos viviendo no nos lo llegábamos a creer porque siempre pasaba algo… Busqué ayuda, había leído sobre una sentencia del TSJ donde se trataba este tema, escribí a Umamanita, me puse en contacto con una psicóloga del grupo de apoyo de la Red y esta me derivó a Emma, la cual me ayudo muchísimo para redactar la queja al hospital, donde aproveché a quejarme de la incompetencia, mala atención y poca humanidad, adjunté la sentencia del TSJ y el plan de parto. El lunes habíamos entregado la queja tanto en atención al paciente como en el registro del hospital, la persona que nos recogió la queja en atención al paciente no daba crédito de lo sucedido y el trato que estábamos recibiendo.
Creo que fue el martes, sentí que me mojé un poco, una sensación rara, lo que se siente cuando rompes aguas, pero claro, fue mínimo lo que mojé, estaba ya tan embarazada, que pensé que había tenido un mini escape.

Hice vida normal hasta que el jueves por la tarde, estaba mi marido sacando a nuestra perrita y ví que me asomaba algo por la vagina, llamé a mi madre que estaba en casa ayudándome y le dije que pensaba que era el cordón de Lucía, y entonces hice una foto y se la mande a mi prima enfermera, la cual me llamó enseguida, diciéndome que me fuera inmediatamente al hospital, mis bebés tenían que nacer ya.

Cuando entré en la consulta del paritorio de urgencias y dije que tenía el cordón en vagina, saltaron todas las alarmas, enseguida se llenó de gente la consulta y decían: “¡cesárea de urgencia! Mi marido el pobre, decía que bajo ningún concepto queríamos eso, pero nadie le hizo caso. Cuando se cercioraron de que el cordón era de Lucía, Miguel estaba perfecto y no había nada obstaculizando el canal de parto, me ingresaron para hacer la inducción.

El parto, ese momento para el que pensábamos que nos habíamos preparado, pero no era así, tuvimos que preparar corriendo en casa una mochila con 4 cosas para irnos al hospital cuando vimos que tenía el prolapso de cordón. Nadie te prepara para un parto en estas condiciones, nadie está preparado para recibir la vida y la muerte juntas, para recibir y despedir para siempre a tu hija.

No podemos quejarnos, el trato en paritorio fue excepcional, nos trataron con cariño y nos sentimos muy acogidos, asustados nos mirábamos, sabiendo que nacerían nuestros hijos, preocupados por que todo saliera bien. Le entregué mi plan de parto a una matrona joven que estaba en turno, la cual lo acogió con mucho respeto, e indicó que lo iba a dejar para que el resto del equipo lo viera, explicamos también que llevábamos las mantitas para que envolvieran a Lucía, y solo quedaba esperar, las contracciones se iban animando, iba dilatando y me ofrecieron ponerme la epidural.

Cuando me quise dar cuenta, tenía ganas de empujar y era el momento de que nacieran nuestros hijos, avisamos y enseguida al hacerme la exploración nos llevaron a paritorio, el mismo donde nació nuestra hija mayor María, el mismo lugar que nos llenó de felicidad en una ocasión, donde ahora, teníamos sentimientos encontrados, donde ahora no sabía ni pujar, porque me sentía bloqueada, mi marido me cogió de la mano, la matrona se ofreció a darme la otra, y con mucho respeto sentí como nos acompañaban en ese parto tan silencioso, tan bonito y amargo a la vez, tan lleno de felicidad y de la tristeza más grande, donde sabíamos que al final, íbamos a tener a nuestros pequeños con nosotros, y entonces, nació Miguel, eran las 05:37, enseguida me lo pusieron en el pecho, y llorábamos por tenerlo a nuestro lado, a las 05:45 nació Lucía, escuchamos como un silencio invadía el paritorio, nos la envolvieron y la pusieron junto a mi pecho izquierdo, tan bonita, tan perfecta, con su pelito tan moreno . Recuerdo levantar la vista y ver como estaban llorando con nosotros, todo tan humano, tan respetado y natural, eso, lo que llevábamos tanto tiempo reclamando, por fin se nos había dado, y ahora nos llevaban a la habitación para poder estar con nuestros hijos y despedirnos de nuestra pequeña Lucía.

Me pusieron una pulsera gemelar, nos dieron la pulsera y pinza de Lucía, en nuestro caso era imposible que pudieran sacarle las huellas o ponerle un gorrito, sabíamos que esto iba a pasar por eso llevamos las mantitas tejidas.

Ya por la mañana, nos llevaron a planta y tuvimos que despedirnos de ella, habíamos avisado a mi madre para que viniera con nuestra hija mayor a conocer a Miguel. Ella, cuando llegó al hospital quería conocer a su nieta Lucía, y tras mucho tiempo esperando la dejaron entrar a despedir de ella. Decidimos que no queríamos avisar a nadie más de la familia por el acogimiento que tuvieron de la noticia, enseguida sentimos que dejaban de lado a Lucía cuando supieron que había complicaciones, y hacían ese tipo de comentarios que tanto nos han dolido y siguen doliendo diciendo cosas como: “centraros en el niño que esta bien “. Tuvimos varios cambios de habitación, porque cuando nos subieron a planta teníamos que compartir con una pareja que había tenido una nena, recuerdo como la abuela, la mujer sin saber nada de nuestra historia decía: “que bien la parejita”. No queríamos ni ver a la bebé porque nos producía mucho dolor. Al final, pudimos estar solos, y cómo es el destino, acabamos en la misma habitación donde estuvimos con nuestra hija María cuando nació.

Mi marido, roto de dolor, se tuvo que encargar con nuestro seguro de decesos de todo el trámite, para que fueran a retirar los restos de nuestra pequeña una vez hubieran tomado las muestras necesarias para la autopsia. Una neonatóloga nos fue a ver y ayudó con el tramite, y estaba muy pendiente de nosotros, exploró a Miguel y estuvo ayudándonos.

Afortunadamente Miguel nació perfecto, no tuvimos que pasar mas días de los normales ingresados y enseguida pudimos estar en casa, con nuestros hijos, nuestro dolor, comenzando un posparto muy duro a punto de confinarnos.

Fue muy duro llegar a casa sólo con Miguel, mis brazos estaban anhelando la carga de otro bebé en ellos, me sentía incompleta, sentía que ahora Lucía se había ido para siempre y la pesadilla era real, no había ningún sueño del que despertar.
Solo ver la habitación con una cuna, nos producía mucho dolor, no podíamos ponerle a Miguel ninguna prenda de su hermana mayor que fuera de un color más de niña porque nos dolía muchísimo, a día de hoy esto nos sigue pasando.

La gente al ver a mi marido le preguntaban por los bebés y tuvo que ir contestando preguntas incómodas como buenamente podía, porque la gente, cuando supo que Lucía había muerto, estaban más interesados en los detalles morbosos que en otra cosa, nosotros decidimos, que lo sucedido formaba parte de nuestra vida privada y nadie tenía derecho a contar nada sobre ello, ya era demasiado doloroso para nosotros. Quizás somos nosotros los raros, pero cuando nos enteramos que ha muerto un familiar de un allegado no nos importan los detalles morbosos, nos preocupamos por el estado de sus familiares, pero bueno, no podemos cambiar el mundo, no estamos preparados para la muerte, y menos para la de un bebé, la sociedad no nos ha educado de esa manera y eso hay que cambiarlo. Además, nos hemos encontrado y nos seguimos encontrando con muchas personas que desautorizan nuestro duelo, por el mero hecho de que Miguel este vivo, no entienden como estábamos tristes si había nacido nuestro hijo sano y sin ninguna complicación. Mi marido ha tenido que escuchar las duras palabras de un familiar suyo muy allegado diciéndole: “lo peor es el primer año, luego ya se va pasando”.

Apenas sabíamos sobre la pandemia que teníamos encima, porque nos habíamos centrado en el embarazo en cuerpo y alma, no sabíamos lo que nos venia encima.

El 13 de Marzo, fuimos solos con Miguel a incinerar a Lucía, con un confinamiento inminente, asustados y destrozados.

Fue un posparto muy duro, enseguida nos confinaron, y estábamos en casa con nuestros 3 hijos, pero no de la forma que tanto habíamos deseado. La crianza es dura, nadie te prepara para esto, siempre estamos pensado como hubiera sido con Lucía aquí, como jugaría María con los mellizos, y anhelamos ese precioso caos que hubiera invadido nuestra vida con nuestros bebés. Continúo con una lactancia maravillosa que me ayudó muchísimo a encontrarme mejor. Tuve un problema muy grave de salud que me devolvió al agujero oscuro del que había empezado a salir 2 meses después del parto, pero gracias a mi marido, mi madre y mis hijos, su apoyo incondicional y su cariño, todo esto va pasando y me estoy recuperando tanto psíquica como físicamente. Ese miedo a que le pase algo a Miguel o María, poco a poco va desapareciendo, no dejo de estar alerta, pero es normal tras lo sucedido estar asustada y tener miedo a que le suceda algo a ellos. Esta situación nos ha unido más como pareja, ahora solo pensamos en nuestra familia y en nuestro bienestar, sin importarnos los demás, porque nos cuidamos los unos a los otros, y hemos aprendido a hacer las cosas que realmente queremos, no debemos complacer a nadie, porque para bien o para mal, cuando nos ha pasado esto, hemos visto quien estaba realmente a nuestro lado y ha querido ayudar o quien se ha alejado.

La psicóloga del hospital nos fue a ver cuando di a luz para prestarnos su apoyo pues fue un día muy duro, y luego hablamos con ella por teléfono, continuamos en contacto con el GAM de Valladolid e hicimos reuniones online, tras muchos meses de insistencia, logramos que desde nuestro centro de atención primaria nos citara la psicóloga para darnos apoyo, el hospital contestó mi queja, con una respuesta un tanto fuera de lugar diciendo que podíamos ir a recoger los restos de nuestra hija, cuando eso sucedió meses antes, y nos dejo descolocados, intente hablar con la jefa de obstetricia, lo cual me fue imposible y sólo logré hablar con su secretaria, la cual no sabía donde meterse, y la pobre chica se disculpaba diciendo que hubo un mal entendido y no se habían expresado correctamente, esto me generó muchísimo malestar psicológico, porque llegué a dudar sobre los restos entregados a la funeraria. Hablé con todo el mundo, me aseguraron que los restos de Lucía allí no estaban, e incluso la funeraria nos emitió un certificado confirmando que el trámite estaba correctamente efectuado. Parecía una pesadilla, cuando estábamos elaborando nuestro duelo, nos llegó esa carta que nos dejó completamente desconcertados. Mi marido me insistía: “no te preocupes, Lucía está aquí con nosotros; con lo competentes que son en el hospital ni se han preocupado de saber si estaban allí los restos y han contestado cualquier cosa “. Mandé una nueva queja al hospital, exigiendo que me aseguraran que los restos eran los de nuestra hija, y se disculparon por haber metido la pata anteriormente.

Hemos tenido un largo y duro camino por delante, y ahora estamos un poco mejor, sentimos paz, mucho amor por nuestra hija, sentimos que tiene un lugar en nuestra familia y nuestros hijos están creciendo sabiendo de su hermana Lucía.

Todos los días, desde que nos dijeron que Lucía era un PEG le ponemos una vela en casa, en éste ritual participa nuestra hija mayor, ella sabe que Miguel nació junto a Lucía y sabe que es su hermana pequeña.

El 02/12/2020 hizo un año de la muerte de Lucía y soltamos unos globos en forma de estrella junto a una carta, porque nos era importante realizar algo ese día, porque jamás la olvidaremos, pensamos que los rituales son necesarios y sanadores. Ese día, no sentimos dolor, sentimos calma y mucho amor.

No hemos compartido con el mundo antes nuestra historia porque no nos sentíamos preparados, sabemos de lo importante que es la visibilidad en estos casos, ojalá nadie más tuviera que perder un hijo, seguir un embarazo en estas condiciones, pero desgraciadamente pasará, y por eso nos resulta importante compartir nuestra historia, para que pueda ayudar a otros padres y madres, para que sepan, que sacarán las fuerzas de donde sea necesario para seguir adelante, que su bebé estrella les ayudará, y les dará un empujón cuando no puedan más. No tenemos que hacer caso de los sanitarios cuando nos dicen que debemos olvidar el bebé fallecido y darnos un par de semanas de duelo, porque eso no es sano, que no tengan formación actualizada, ni sean empáticos no justifica este tipo de trato al que nosotros por desgracia tuvimos que estar sometidos durante 3 meses, ni que sea ni normal ni profesional.

Ahora sabemos que 1 de cada 4 embarazos, termina en muerte, el bebé fallece durante la gestación o al poco de nacer, que en los embarazos gemelares estas situaciones pasan y hemos tenido que aprender a paternar y maternar aquí y en las estrellas. No importan las semanas de gestación, una pérdida es muy dolorosa, desde el momento en el que te planteas formar una familia, ese positivo en el test de embarazo, una primera ecografía… Esa ilusión, todos esos planes de futuro que empiezas a crear en tu cabeza, se pueden ir cuando te dicen las duras palabras: “no hay latido”.

Gracias mamá por estar siempre a mi lado y ayudarnos tanto.
Eternamente agradecida a mi prima Jessy por todo lo que nos ayudó en todo el proceso, a mi prima Katy, Patri y mis tías y tíos que siempre nos han acompañado con tanto respeto y amor hacia Lucía.
Esos grandes amigos que tenemos que nos han apoyado y nos apoyan siempre, que cuentan con nuestra hija y no se olvidan de ella, Visi, Héctor, Paula, Kike, Cris, Javi, Carmen, Juanjo, Laura, Tiri, Luis, Lino.
Seguimos en terapia con una psicóloga que nos está ayudando con nuestro duelo. Gracias Amelia por todo.
Continuamos en ocasiones reuniéndonos con el GAM de la Red el Hueco de mi vientre de Valladolid, gracias a Isabel, Begoña y Ana por todo lo que hacéis por todos nosotros y lo bonitos que son los encuentros.
Muchas gracias Charo, sin tu apoyo e intervención en el hospital no sabemos como hubieran sido esos últimos meses tan duros.
Agradecemos a nuestras matronas Esmeralda y María de nuestro centro de atención primaria todo el apoyo con el que contamos durante el embarazo, porque, aunque en el hospital nos trataban a veces fatal, ellas siempre nos tenían su puerta abierta para ir a desahogarnos.
Muchísimas gracias a Teresa de la Red el Hueco de mi Vientre de Ávila por ayudarnos a redactar ese plan de parto tan bonito y respetuoso.
Gracias Noelia, psicóloga en ese momento de Family Balance Salamanca por prestarnos tu apoyo altruistamente.
Gracias a Umamanita por facilitarme herramientas legales cuando consulte por si no nos entregaban los restos de Lucía.
Y a Emma de la Red el Hueco de mi vientre por facilitarme herramientas legales, asesorarme y ayudarme con el escrito de la reclamación cuando nos dijeron que no nos entregarían los restos de Lucía, a la cual consulté, y darme apoyo, muchísimas gracias de corazón.
Esas profesionales del hospital, que cuando acudíamos a urgencias o consulta, nos trataban bien, no nos hacían comentarios desagradables ni fuera de lugar, y con un gesto o mirada nos daban ese apoyo, muchas gracias.
Ese gran equipo de paritorio que nos acompañó e hizo que recordemos de esa manera tan bonita el nacimiento de nuestros hijos, gracias.
Gracias a Noelia de Cor a Cor por la gran labor que hace y lo que ayuda con sus talleres.
Muchas gracias a Cristina Cruz, psicóloga perinatal, que tiene el GAM de mamás que hemos perdido un gemelo, al que pertenezco y tanto bien nos hace a todas.
Gracias a la asociación Red el Hueco de mi Vientre por existir, porque sois un gran apoyo para todos los padres y madres que pasamos por estos procesos.
Gracias a todas las asociaciones que existen de duelo perinatal, porque poco a poco se va visibilizando más estas situaciones.

Hoy hace un año del nacimiento de Miguel y Lucía, celebraremos su cumpleaños en casa con nuestros hijos, María ayudará a Miguel a soplar su vela, y ellos juntos soplarán la de Lucía, porque en las estrellas también estarán de celebración, es el cumpleaños también de nuestra hija.

Todo nuestro amor y apoyo a todas esas familias con las que hemos hablado, llorado y reído juntos. En la dureza de estos procesos, te das cuenta, que el mundo esta lleno de gente hermosa.

Lucía, mamá, papá, María y Miguel siempre te tienen presente, te queremos y nunca te olvidaremos. ¡Feliz cumpleaños pequeña!

En Salamanca 06 de Marzo de 2021

David y María, padres de María, Miguel y
Lucía.

NICO 26 SEMANAS.. MI PEQUEÑO GRAN AMOR

ESTA ES MI HISTORIA…

QUEDE EMBARAZADA DE MI PRINCIPE NICO DESPUES DE 8 MESES DE MATRIMONIO, FUE LA NOTICIA MAS HERMOSA PARA NUESTRA FAMILIA YA QUE SE VENIA EL PRIMER NIETO PARA AMBAS FAMILIAS EL MAS ESPERADO.

EL EMBARAZO NO FUE NADA FACIL, YA QUE POR ALGUNA RAZON EMPECE A PERDER SANGRE A LA 4TA SEMANA DURANTE CASI 3 SEMANAS, ESTUBE INTERNADA Y FUI A MUCHOS MEDICOS Y ME DECIAN QUE TODO ESTABA BIEN QUE NO ERA NADA PREOCUPANTE YA QUE NO HABIA AFECTADO EN NADA AL EMBARAZO.

DESPUES DE QUE EL SANGRADO CESO, COMENZARON LAS NAUSEAS Y VOMITOS, LO CUAL SEGUN MI GINECOLOGO ERAN SINTOMAS DE UN EMBARAZO SALUDABLE, CUANDO CUMPLI LAS 18 SEMANAS NOS DIERON LA NOTICIA QUE SE VENIA UN VARONCITO Y DECIDIMOS CON MI ESPOSO LLAMARLO NICOLAS, TODO FUE TAN HERMOSO. CUANDO CUMPLI LAS 24 SEMANAS TUVE UN ACCIDENTE DE AUTO EL CUAL GRACIAS A DIOS NO AFECTO EN NADA A NUESTRO AMADO NICO.

PERO DESPUES DE UNOS DIAS, ME ENTERE QUE HABIA CONTRAIDO EL COVID 19. ME SENTIA FATAL YA QUE TENIA UNA FIEBRE CONSTANTE Y POR EL EMBARAZO NO PODIAN TRATARME CON MEDICAMENTOS FUERTES, LO CUAL HIZO QUE EL COVID AVANCE. PASARON 4 DIAS DE MEDICACION Y VEIA QUE NO HABIA MEJORIA, ASI QUE ME LLEVARON A LA CLINICA.

CUANDO LLEGUE A LA CLINICA ME DIJERON QUE ESTABA DEMASIADO COMPROMETIDOS MIS PULMONES Y REQUERIA DE TERAPIA INTENSIVA, ME LLEVARON A QUIROFANO Y ME HICIERON CESAREA Y NACIO MI NICO CON 26 SEMANAS, UN 17 DE ENERO 2021 PESO 1 KG , PARA ESTO YO ESTABA INCONCIENTE YA QUE TRAS LA CESAREA ME ENTUBARON Y ME LLEVARON A TERAPIA INTENSIVA, DESPUES DE 5 DIAS DE ENTUBACION DESPERTE Y LO PRIMERO QUE HICE FUE PREGUNTAR POR MI AMADO NICO Y LAS ENFERMERAS ME DIJERON QUE EL ESTABA ESTABLE, PERO QUE TENIA DUCTUS, UN PEQUEÑO DUCTO EN EL CORAZON (TIPICO DE BEBES PREMATUROS) PERO QUE YA ESTABA SIENDO MEDICADO Y QUE ESTABA RESPONDIENDO FAVORABLEMENTE.

12 DIAS DESPUES DE MI INTERNACION YO FUI DADA DE ALTA, MI CORZON SE SENTIA DIVIDIDO YA QUE ANHELABA ESTAR EN CASA PERO NO QUERIA AL MISMO TIEMPO ALEJARME DE MI NICO… A TODO ESTO SOLO LO PODIA VER POR VIDEOLLAMADA YA QUE POR MI DIAGNOSTICO DE COVID NO ME DEJABAN ACERCARME A MI HIJO, YA QUE EL NO TENIA LA ENFERMEDAD.

EL DIA QUE ME FUI DE ALTA LLEGUE A CASA TRISTE PORQUE EXTRAÑABA A MI BEBE PERO SABIA QUE ESTABA EN BUENAS MANOS, YA QUE ERA EL UNICO BEBE EN TERAPIA NEONATAL, AL ANOCHECER SENTI UNA TRISTEZA Y SOLO MIRABA SUS FOTOS Y MI ESPOSO ME DIJO QUE ESTUBIERA TRANQUILA QUE SOLO SERIA CUESTION DE TIEMPO PARA QUE EL CRECIERA, GANARA PESO Y ESTUBIERA CON NOSOTROS.

PERO SENTIA QUE LO NECESITABA, DESPUES DE UN PAR DE HORAS NOS LLAMARON AL CELULAR PARA DECIRNOS QUE NICO ESTABA DESCOMPENSANDOSE Y QUE FUERAMOS RAPIDO, MI CORAZON SABIA QUE NO IBA A TERMINAR NADA BIEN PERO COMO TODOS LOS DIAS PEDI A DIOS POR MI HIJO Y CONFIABA QUE EL LO SACARIA ADELANTE. ASI QUE DECIDI CREER Y TENER FE QUE ASI SERIA, HASTA QUE AL LLEGAR EL DR NOS DIO LA NOTICIA QUE SUS PULMONES ESTABAN CON SANGRECITA, QUE NO RESPONDIA CON AYUDA DE LA MAQUINA Y POSTERIOR A UNOS MINUTOS NOS INFORMAN QUE FALLECIO.

MI MUNDO SE VINO ABAJO YA QUE ERA MI PRIMER BEBE Y VERLO CADA DIA MEJOR ALIMENTABA MI ILUCION DE QUE EL ESTARIA BIEN, ERA INQUIETO JUGABA CON SU SONDITA DONDE LE DABAN LA LECHITA, JAMAS IMAGINE QUE OCURRA ESTO, SUPONGO QUE EL TIEMPO Y CON LA AYUDA DE DIOS EL DOLOR IRA CESANDO. AMO CON LOCURA A MI NICO Y DESEO TANTO VOLVER A VERLO ALGUN DIA SI DIOS ME LO PERMITE.

 

Mi segundo angel perdido

Hola soy Raquel y me gustaría contarles mi historia. Hace 13 años teniendo solo 19 años me embarace de mi primera hija, por la edad que tenía y por el miedo a la decepción de mis papás fue muy difícil para enterarme de mi embarazo. Cuando le conté a mis papás mi mamá lloro y mi papá me dejó de hablar por un tiempo. Yo me fui a vivir con mi novio dejando a mis papás. Con el tiempo mis papás lo aceptaron pero aún así sentía la decepción en ellos, por otro lado para mí fue muy complicado ya que mi ahora esposo y yo tuvimos muchas carencias ya que éramos muy jóvenes lo que hizo que mi embarazo fuera un momento muy triste para mí a pesar de lo mucho que amo a mi hija. Pasaron 7 años y en 2013 me enteré que estaba embarazada, en ese momento me llene de alegría ya que la situación era completamente diferente, mi esposo estaba feliz, mi hija estaba emocionada por qué iba a tener un hermanito y mis papás les dió gusto por nosotros. Para mí ese embarazo al contrario del primero fue de mucha felicidad, sentía que todo estaba bien. Pasaron los meses y tuve varias amenazas de aborto, en una ocasión me desperté sangrando, entonces mi esposo me llevo al hospital y me dijeron que muy probablemente había perdido al bebé, me reviso otro doctor y me hizo un ultrasonido y me dijo que el bebé estaba bien pero que tenía que estar en reposo. Yo tenía miedo pero estaba feliz porque mi bebé seguía conmigo.

Al llegar a la semana 21 de embarazo un día me desperté en la madrugada sintiéndome mojada, como si me hubiera hecho pipí, al principio pensé que era pipí pero me empecé a poner nerviosa y mi esposo me llevo en la madrugada al hospital. Estando ahí les dije lo que me había pasado, me hicieron un ultrasonido y me dijeron que todo estaba bien y me mandaron a mi casa. Pasaron 2 o 3 días en los que cuando me paraba sentía la perdida de líquido y yo llegue a pensar que tenía incontinencia pero fui con mi ginecólogo y me reviso y me dijo que era probable que se hubiera roto la placenta, por lo que me mandó dos días de reposo para ver si bajaba el nivel de líquido amniótico. Al pasar los dos días regrese al consultorio y efectivamente estaba derramando líquido amniótico y ya no había nada que hacer. Me internaron y me confirmaron el diagnóstico de mi doctor y me dijeron que me iban a inducir el parto, cabe mencionar que mi bebé seguía con vida cuando me dieron el medicamente, lo que me hizo sentir que lo estaba matando y ni siquiera sabía cuánto podría estar sufriendo él. Cuando nació apenas si lo ví ya que estaba muy anestesiada. Mi esposo y mi mamá se encargaron de los trámites de la cremación y hasta hoy en día me duele que ni siquiera lo pude ver o cargar. Fue muy duro y triste el proceso pero a los 8 meses me enteré que estaba nuevamente embarazada y me entró el pánico por el miedo a volver a pasar por lo mismo. Afortunadamente en mayo de 2015 nació mi niña, mi pequeño solecito quien me ayudó a superar la perdida de mi pequeño bebé.

En septiembre de 2020 me enteré que estaba embarazada por cuarta vez, estaba feliz ya que yo siempre quise tener una familia de 3 hijos, a la primera persona que le platique fue a mi hija mayor y se puso muy contenta, después le dije a mi esposo y no podíamos pedir más, era todo lo que queríamos. El día que les dije a mis papás del nuevo bebé me enteré que mi hermana estaba esperando a su primer bebé y que me llevaba una semana. Nada podía ser mejor, casi todos los días hablaba con mi hermana o nos mandabamos mensajes para ver cómo íbamos. Yo estaba convencida que mi bebé otra vez era niño como mi bebito que murió y me daba mucha ilusión. No tuve un solo contratiempo, todo iba bien, pero un día antes de mi cumpleaños empecé con temperatura a lo cual me asusté pensando que podría ser covid. Me bajo la fiebre y pensé que ya todo estaba bien. A la media noche mi esposo y mía hijas me despertaron para felicitarme por mi cumpleaños y me puse a ver una película con mi esposo. Mientras veíamos la película me empezó a dar un dolor extraño, muy ligero por lo que no le di importancia, pero a medida que pasaba la noche me iba aumentando por los que me asusté y le llame a mi doctor, me mandó medicamento para detener las contracciones y me dijo que fuera al día siguiente. Me tomé la medicina y espere que se me quitará el dolor pero cada vez fue más intenso al punto de ser insoportable, mi esposo me llevo al hospital y en el camino empecé a sangrar. Llegando al hospital cuando me reviso el doctor mi bebé ya estaba en el canal de parto, lo que me ocasiono una gran tristeza, al sacar al bebé el doctor pensó que se iban a detener las contracciones sin embargo fueron más fuertes y empecé a tener un fuerte sangrado, me tuvieron que realizar un legrado para detener el sangrado. Todo ese día no pude ver a mi esposo ni a mis papás, pase todo el proceso sola, estaba en la sala de recuperación llorando en silencio. Al segundo día de la perdida de mi bebé pude ver a mi esposo y me confirmó que mi bebito era un niño y que me estaba esperando para reclamar el cuerpecito. A diferencia de mi primer bebé que perdí pude cargar a mi bebito y despedirme lo cual me hizo sentir un poco de paz.

Ya pasaron 2 meses desde que perdí a mi bebé y ha Sido un tiempo muy difícil en el que siento la perdida de mis dos bebés, en el que veo a mi hermana seguir con su embarazo quien por cierto tambien va a tener un niño, lo cual hace que no pueda dejar de pensar en mi bebito, me siento en una profunda depresión de la cual no sé cómo salir ya que para todos es como si no hubiera pasado nada.

Ya yo te amaba

El 4 de enero del 2021 me di cuenta con una prueba de embarazo y luego de 3 días de retraso, que estaba embarazada. Ese día sentí mucho miedo porque no fue un bebé buscado. Mi ex pareja y yo nos habías vuelto a ver luego de un año en diciembre 2020 pero nunca pensamos en tener un bebé. Ya la relación estaba rota. Bueno pues a parte del miedo en ese instante, también sentí mucha felicidad. Dije, si él no quiere, lo tengo yo sola pero lo voy a tener. Nunca pensé en otra opcion. Cuando le dije a él del embarazo a los 2 días estaba como en shock. Solo dijo ok. Cabe destacar que yo estaba en otro país pasando las navidades. Cuando regrese a mi país de origen, nos vimos y él dijo que que yo quería hacer con el bebé pero que él no estaba listo ni quería ser papá ahora. Yo le dije que no tenía que hacerse cargo de nada, que yo iba a continuar con mi embarazo y que lo haría sola si era necesario. Ya con 5 semanas fui a mi primer chequeo y la Dra no me reviso ni nada porque dijo que no se vería nada en un ultrasonido y me mando volver en dos semanas. Yo seguía feliz, ilusionada. Del papa solo recibía preguntas por chat tipo “cómo estás?, ¿todo bien?” Pero eso no me importaba. Solo pensaba en mi bebé y que ya no estaba sola. A las dos semanas, ya con 7 de gestación me hacen mi primera sonografia y vi a mi bebé y escuche su corazoncito por primera vez. Ha sido el momento más feliz de mi vida. Lo que uno siente en ese momento no se puede explicar. La Dra me dijo que el bebé estaba bien, pero que tenía un pequeño hematoma así que me mando reposo pero me dijo q era muy pequeño que no me preocupe de nada. Me cito en dos semanas mas. Hice mi reposo completo, tome progesterona. Hice todo bien. Cuando volví a las 2 semanas, ya de 9, rogándole a Dios que ya no hubiese hematoma, la Dra me pregunta si la vez anterior había latido 💔 si había le dije, por qué, qué pasa? Me dijo tu bebé ya no me late el corazón, lo siento. Además el hematoma creció más de un 50%. Se me rompió el corazón en mil pedazos. Salí llorando, no sabía que hacer ni a donde ir. Mi mundo se venía abajo porque yo ya contaba con mi bebe. Yo ya lo amaba. Llame al papá y solo me dijo que lo sentía  mucho. Llame a mis padres y mi mamá no dejaba de llorar conmigo. Mis amigas todas me llamaban pero yo solo quería llorar y estar sola, no entendía que podía haber pasado si hacía dos semanas todo estaba bien. Hoy 11 de febrero, dos días después que lo supe, aún no he podido hacerme el legrado. No he dejado de llorar y me siento vacia. Solo le pido a Dios fuerzas para superar esto algún dia

Eternamente, los papás de Clara

Buenas tardes:

Somos José y Maria, los padres de Clara. Queremos compartir con vosotros la experiencia tan traumatica que vivimos con la muerte de nuestra hija. Creo que es importante dar visibilidad a la muerte perinatal y ayudar, en la medida de lo posible, con nuestra experiencia a otros papás que estén pasando por este hecho tan doloroso. Ayudar como a nosotros nos ayudaron los testimonios de otros padres valientes que en su día contaron como había sido su vivencia.

La historia de Clara no es muy distinta de otras historias que hemos escuchado, un embarazo bueno, sin complicaciones, feliz y vivido muy intensamente. Embarazo que llegó a término, ya que nuestra niña murió en la semana 40.

El día anterior a su muerte fui a monitores, todo estaba en orden, sus latidos eran normales y sus movimientos también.

El viernes día 18 de sptiembre por la mañana se movía como siempre, era  una niña muy inquieta y respondía muy bien a los estimulos(la música, mi voz…) por la noche algo cambió. No la notaba… No era normal, ella siempre estaba muy activa en esas horas. Nos asustamos y fuimos al hospital(he de decir que siempre me repetían que ante cualquier situación anormal acudiera).

La matrona puso los monitores, solo se escuchaba mi corazón, mi roto corazón. Llamó al ginecólogo(tardo exactamente 7 minutos en llegar, lo sé porque en la sala había un reloj y lo conté, vino tan deprisa como pudo) a través del ecografo nos confirmó las peores noticias “no hay latido” Mi corazón y el de su papá también se pararon en ese momento y a partir de ese minuto nada fue lo mismo.

Posteriormente me explicaron cual iba a ser el proceder, me inducirian el parto y daría a luz a mi hija.

Me quede ingresada esa misma noche y empezaron a administrarme la medicación. Yo estaba en shock.

Finalmente, después de casi 30 horas di a luz a mi hija, el 20 de septiembre de 2020.

Puedo deciros que fue la experiencia más maravillosa de mi vida, haber parido a Clara, haberla traído al mundo igual que cualquier madre. Estuvimos con nuestra chiquitina un tiempo, nos despedimos(físicamente) de ella, la besamos, la acariciamos y le dijimos cuanto la queríamos y cuanto la íbamos a querer siempre, nos hicimos fotos con ella y desde el hospital, nos prepararon una cajita de recuerdos que demuestra su paso por el mundo.

Nosotros fuimos unos privilegiados, y digo esto porque, a pesar del enorme  dolor que sufrimos, el personal que nos atendió respetó en todo momento todas y cada una de nuestras decisiones, nos trataron con todo el respeto del mundo, a nosotros y a nuestra hija, y nos orientaron en esos momentos tan duros sobre las decisiones más importantes,ver a nuestra niña, estar con ella, sacarnos fotos con ella y guardar sus recuerdos para siempre.

Decidimos incinerar a Clara, hicimos una misa(yo soy católica practicante) y hemos guardado sus cenizas en una estrella. Estrella donde ella estará siempre y nos guiará e iluminará.

Muchas gracias a esta asociacion por dar voz a todos los bebés que no podrán hacerlo por sí mismos, y que lo hacen a través de sus padres y de vuestro trabajo. Con ello conseguiremos darles su lugar en el mundo y en la historia.

Un saludo, María y José(eternamente, los papás de Clara)

Mi vida antes y después de Eki

Hola, mi nombre es Yenny. Al día de hoy tengo 40 años. Quizá diréis –y lo asumo–: “no me cuentes mucho de tu vida”; o quizá queráis conocer mi vida y mi actitud frente a la pérdida dolorosa de mi primer y único hijo por el momento. Quizá muchos diréis: “¿Y cómo ha esperado esta tanto para tener un hijo?” A lo cual yo os contesto, de manera breve y directa, que ha sido en parte por mi enfermedad y por factores sociales.

Yo crecí en manos de una tía que me cuidó como una madre, ya que mis padres nunca se ocuparon de mi. La verdad es así de cruel y real; nunca les importe a ninguno.

En fin, no voy a pararme a hacerme la victima; que no viene al caso. Simplemente lo comento porque ese fue uno de los motivos que me llevó a no querer tener hijos, sin tener claro que yo como mujer y madre podría quererlos. Vamos, que no quería que se repitiera la misma historia que la mía.

Otra de las causas fue que a los 25 años, en el año 2005 y después de haber emigrado a España y trabajar y ahorrar mucho al lado de mi tía, y de haber encontrado estabilidad económica, empecé a enfermar de la nada. En mi niñez nunca había estado enferma y, bueno, era algo nuevo y raro para mí.

En ese mismo tiempo empezaba a salir con mi novio que al día de hoy es mi marido. Él el se preocupó mucho por mí y me pidió que me hiciera analíticas. Su padre es medico y vio que no era normal como estaba yo. En fin, me diagnosticaron lupus y, bueno, batallé con ello hasta que logré estabilizar la enfermedad, allá por el año 2009.

Ya en ese mismo año mi novio y yo decidimos casarnos, y enseguida mi felicidad me hizo tener el deseo de ser madre, y lo hablé con mi marido. En ello estábamos, pero en septiembre de ese mismo año, me cayó otra fatídica enfermedad: epilepsia. Vino con una crisis completa que me dejó de piedra al enterarme de ello. Otra vez tenia que luchar; otra vez tenía que empezar.

Primero tuve que aprender a conocerme con los síntomas y aprender a vivir con ello. No fue nada fácil. La enfermedad estaba descontrolada, y yo tenia mucha ansiedad y miedo. Tenía la sensación que me podía dar un ataque epiléptico en la calle paseando, y caer mal y quizá tener un golpe; y quedarme allí.

Tenía miedo a estar sola; no podía dormir bien. Había sacado el carné de conducir y ya conducía, y tuve que dejar de lado eso. Tuve que dejar de lado muchas cosas, puesto que las pastillas y el sueño podían conmigo. Mi vida en ese entonces para mí no era vida.

Pero llegó el gran día de que mi epilepsia estaba controlada; y yo me sentía de nuevo segura y con fuerzas para seguir y planear mi vida. Allá por el año 2012, todo volvía a brillar para mí y volví a soñar.

Pero, en fin, no me duró mucho la alegría, ya que empecé a sentirme muy mal. No podía respirar bien y me dolía mucho el pecho. Empecé a tener herpes y muchas manchas y heridas en la piel; el lupus se volvió a activar, y con el mis sueños de ser madre se fueron por un pozo profundo y difícil de salvar.

Volvía a ponerme el traje de guerrera sin haberme entrenado para ello. Ahí estaba otra vez luchando por mi vida, y esta vez con más fuerza que nunca. Primero pericarditis y pleuritis, y luego una operación de pulmón para drenarme el líquido de mis pulmones, que parecían una gasolinera.

Después de ello, tres años de quimioterapia para quitar el brote lúpico. Toda esta lucha me llevo años, pero llegó el día en que por fin mis médicos del lupus y la epilepsia me dieron permiso para quedarme embarazada, puesto que me vieron muy bien y lista para el momento allá por el año 2018..

Yo, como podréis entender, no podía estar mas feliz; mi marido y yo empezamos la búsqueda de ese sueño: el de ser padres. Llevaba ya más de medio año intentándolo y nada; y lo comenté con mi medico del lupus. Por la edad y todos los factores añadidos decidió mandarme a reproducción asistida, ya que no parecía que pudiera ser madre de manera natural.

Yo estaba muy triste y hasta tenía pesadillas, pensando que nunca podría quedarme embarazada, y eso me dolía hasta en el alma. Pero llego el gran día, en el que me llamaron desde reproducción asistida para hacerme pruebas y ver si podían ayudarme.

Nos presentamos allí. Yo por mi parte, muy ilusionada y esperanzada; y mi marido, muy asustado y extrañado en ese mundo raro y distinto, en el que pareciera que nunca vas a estar ahí hasta que te toca.

En fin, después de hacerme varios estudios me dijeron que teníamos que hacernos una invitro por la mala calidad de óvulos y la escasa cantidad de esperma de mi marido; ese fue el diagnóstico que nos dieron.

¡A por ello” Dije yo; y empezamos con el tratamiento. Pero mi alegría no duró mucho, ya que mi óvulos no crecían y no hubo manera de extraerlos. Los médicos de reproducción asistida dijeron que yo tenía que ir a ovodonación, ya que solo ese era mi camino si quería ser madre.

Lloré mucho y me sentí como un trapo viejo inútil, que no podía dar vida a otro ser.

En el fondo, yo sabía que en parte era debido a mi enfermedad. No hacía ni un año que había dejado la quimio, y mi cuerpo no estaba preparado para ello. Pero una, como mujer que desea ser madre, se siente que le falta algo; aunque no es así, porque la realidad es otra. Se es mujer sin ser madre, se puede ser feliz sin ser madre. Eso es verdad, pero cuando tienes un sueño y un deseo de ser madre, el dolor es profundo y lloras y gritas en silencio por ese vacío que hay dentro de ti.

Decidí no tirar la toalla. Me habían dado una opción, y era yo la que debía elegir. Me puse a reflexionar sobre mi propio origen y que yo había sido feliz con una madre adoptiva, y pensé que madre es la que cría y no la que engendra.

Así que decidí ir por la ovodonación en Osakidetza (Servicio Vasco de Salud); y busqué como donante una chica joven que al principio estaba dispuesta a echarme un cable. Yo no caí en la cuenta de que la muchacha era inmadura e inestable, y que luego me dejaría plantada y sin llegar a hacerse la ovodonación.

Nuevamente a sufrir y comerme la cabeza y decirme: “¿Ahora qué hago? En fin, después de hablarlo mucho con mi marido, decidimos ir por una ovodonación en una clínica privada.

El trato fue cordial y ameno y decidimos hacerlo. La primera transferencia salió negativa y yo me sentía morir. Pensaba que era estéril y los miedos volvían a mí. El dolor y la incertidumbre me consumían cada día; vuelta a llorar y a gritar en silencio.

La segunda vez recuerdo que tuvieron un retraso en la transferencia del embrión. Mi marido estaba nervioso y yo tranquila; era como si mi corazón me avisara de que esta vez la alegría llegaría a mi vida.

Recuerdo que fue un 21 de diciembre del 2019. En la transferencia, a través de la pantalla, vi cómo ese embrión que me transplantaban tenía energía y era fuerte, y vi cómo se posaba en mi utero. Fue algo rápido y hermoso a la vez. Recuerdo sentirme embarazada desde el primer día. Vamos, sentía a mi hijo dentro ,me sentía acompañada y feliz.

El 2 de enero de 2020 me hicieron el análisis de embarazo y salió positivo. Yo estaba superfeliz; se había cumplido mi gran sueño de ser madre. Pensaba que mi lucha había llegado a su fin y que era hora de relajarme y dejar que los meses pasaran y que las pruebas se hicieran, y que yo al fin podría tener la felicidad completa.

Recuerdo pasarme horas en el ordenador eligiendo ropas y enseres para la llegada de mi bebe. Eki –el nombre que dicidimos ponerle– era mi compañero. Me pasaba horas hablando con el y tocandome la tripa y leyendo una y otra vez información sobre cada semana de embarazo para seguir su evolución.

Recuerdo estar pendiente de todo lo que puede y no puede comer una embarazada; también de hacer un poco de ejercicio prenatal. En fin, de hacer todo lo necesario para que él estuviera bien.

También recuerdo la noche que elegimos su nombre mi marido yo. Nos pareció algo muy bonito llamarle Eki, que en euskera significa sol.

Cuando dio patadas las primeras veces, cada que sentía sus golpecitos. Solía reírme y mi marido me decía: “¿De qué te ríes?. Y yo le decía: “Estoy riendo con Eki”. Teníamos todo preparado para el gran día, sólo nos quedaba esperar.

Pero la vida da vueltas. En el quinto mes de embarazo vieron que Eki tenía un estrechamiento en la vena aorta del corazón y tenía que revisarse con más detenimiento con las ecografías. Mi tristeza y miedos volvieron. Recuerdo habérselo contado a mi marido llorando por miedo a lo que le podría pasar a mi bebé.

Ya en el séptimo mes me volvieron a mirar bien lo de la vena aorta del corazón de

Eki, y esta vez daba todo normal y que no tenía problemas, como creían haber

visto en las anteriores ecografías. Yo estaba super feliz y volvimos a relajarnos tanto, que en julio mi marido cogió vacaciones y nos fuimos a un pueblo en el que mis suegros tienen un chalé, para pasar unos días y estar tranquilos.

Yo llegaba a la semana 32 de embarazo. Me sentía cansada y un poco hinchada, ya que retuve líquidos y eso mermaba mi condición física. Pero, por el resto, me sentía bien, aunque también había soltado el tapón mucoso y había ido a Urgencias. Me habían hecho ecografías y mirado los latidos del corazón del bebe, y me dijeron que todo estaba bien.

Recuerdo muy bien la noche del día 20 de julio. A las once de la noche empecé a sentirme rara, con dolores extraños. Primero pensé que eran las falsas contracciones y que nada raro pasaba; pero el dolor fue a más y de manera distinta a las contracciones falsas, y entonces empezamos a controlar las contracciones y mi marido y yo nos dimos cuenta de que no eran normales, que parecían de parto.

Recuerdo haberme dado una ducha caliente y relajarme. Era ya la una de la madrugada y decidí intentar dormir. Mi marido había avisado a sus padres de que me sentía mal, y vinieron a ayudarnos a las dos de la madrugada. Como los dolores no cesaban, decidimos ir a Urgencias del Hospital de Cruces, en el que llevaban todo el seguimiento de mi embarazo.

Al principio, en mi mente seguía creyendo que era unas falsas contracciones y que volveríamos a casa pronto. Pero al entrar y ver la ecografía, la ginecóloga decidió internarme e inmediatamente me aplicaron medicación para intentar parar el parto- No pudieron hacer nada; el parto era evidente y mi cuerpo quería expulsar a mi bebé.

Me pusieron la epidural y me rompieron la bolsa, ya que me lo tuvieron que provocar con oxitocina. Las médicos consideraron que tenía que ser un parto vaginal y así fue, aunque con episectomía y ventosas.

A las seis de la tarde del 21 de julio nació mi amado Eki. Una de las residentes que asistía al parto dijo ¡”qué asco lo que sale de ahí!”. Yo me dije, en mi mente: “¿Qué esta pasando?” Las matronas gritaron que todo estaba bien.

Ya nacido Eki, yo estaba medio dormida y cansada del parto, y me quede un poco paralizada, ya que no le escuche llorar. Pero estaba tranquila, porque las matronas me habían dicho que él estaba bien y respiraba perfectamente.

Me preguntaron si quería que me pusieran al bebé ‘piel con piel’ y yo dije que sí. La verdad es que si retrocediera en el tiempo diría que no, puesto que una de las residentes, al coger a mi hijo de mi pecho para devolverlo a la incubadora, lo agarró como un trapo, sin cogerle bien de la cabecita. Yo, estúpida, no dije nada y observé como tonta; y me quede con tristeza por esa acción de la residente.

Durante el poco tiempo que tuve a Eki en brazos en los momentos inmediatamente posteriores a su nacimiento, él estaba con los ojos cerrados y se movía en mi pecho. Yo le decía: “hola”, y no sabía qué más decir. Tenía tanta emoción, y encima la matrona me estaba clavando las agujas ‘en las partes’ , que no podía concentrarme y estar totalmente entregada a mi hijo.

Luego me sacaron de la sala de parto casi corriendo, puesto que tenían que atender otro caso, para llevarme a descansar a otra habitación. Mi suegro andaba deambulando por las inmediaciones y vio de lejos a Eki y se puso muy contento. Dice que recuerda con ternura haberlo visto.

En fin, yo estaba en la habitación desesperada por orinar y que pasaran las dos horas para poder ir a ver a mi bebé, que supuestamente, como habían dicho las matronas, estaba bien, aunque permanecería en ‘cuidados medios’ por su prematuridad.

Ya a las nueve y media de la noche llegó el momento de ir a la sala de neonatos. Recuerdo que por ser epiléptica y enferma crónica, me derivaron a otra zona donde podría tener una habitación para mí sola, pero que estaba un poco lejos de la sala de neonatos.

Tardamos 18 minutos en llegar a neonatos porque no conocíamos el camino y nos habíamos ido por otro sitio. Cuando llegamos allí, había que llamar a un timbre y decir el nombre del bebe y que éramos sus padres. Grande fue nuestra sorpresa, cuando la interlocutora, a través del telefonillo, dijo que Eki el esta en cuidados intensivos.

Yo me quedé de piedra. No supe como reaccionar. Mi corazón empezó a latir con fuerza. Verle en la incubadora lleno de cables y quieto, como si ya no tuviera vida, cuando hacía unas horas estaba moviéndose en mi pecho y todo parecía estar bien, era para mi como una pesadilla. Me decía: “Esto no es real, no esta pasando; quiero despertar”.

Pero era muy real, y yo no paraba de llorar y gritar: “¡Eki, mi amor!; ¿qué ha pasado?”. Y para colmo, tuvimos la desgracia de que ese día hubo una descoordinación del personal de neonatos y no nos avisaron de nada.

Recuerdo que habia un enfermero borde que no supo explicarnos nada y nos hablo de mala manera, lo cual no ayudó a nuestro dolor y desconcierto, y no hizo más que empeorar la situación. Mi marido, nervioso, pedía explicación; y yo sólo lloraba de impotencia y dolor.

Esa noche recuerdo que desde las 21:30 hasta las 23:35 horas, los médicos que nos vieron dijeron que esperásemos afuera a que se juntaran debatieran y estudiaran sobre que le había pasado a Eki.

Yo recuerdo que en la espera, al tener las piernas hinchadas y estar incomoda en la silla, sentía dolor por la costura de la episectomía, pero mi pensamiento solo era mi bebé. El dolor más grande que tenia era saber que le pasaba a mi Eki. ¿Por qué estaba así?

Cuando los médicos vinieron a vernos dijeron que a la hora y media de su nacimiento, empezó a no saturar bien; y que al principio pensaron que era por su prematuridad y porque sus pulmones no habían madurado suficiente.

En fin, nos fuimos a la cama en el hospital y a mí me dieron calmantes para aliviar la ansiedad y poder dormir, ya que la noche anterior del parto no había dormido nada y corría el riesgo de tener un ataque epiléptico.

Mi marido, del dolor y la tristeza, no podía dormir, así que se fue a la sala de neonatos a eso de las cuatro de la madrugada y estuvo a su lado hablándole y quizá despidiéndose, porque sentía en su corazón que la cosa no iba bien. Yo estaba tan dormida que no me di cuenta en qué momento salió de la habitación o volvió. Él me contó que había estado con Eki esa madrugada.

Al día siguiente, le hicieron ecografías y encefalogramas, y le dieron antibióticos pensando que igual tenía una infección; pero no era eso. El gran problema, y sin solución, fue que se le había roto la vena de galeno en el cerebelo, una importante vena que conecta el cerebro con todas las funciones motoras del cuerpo. Es como decir que un enchufe de ordenador está averiado y no conecta bien para realizar sus funciones.

Yo no me quería convencer que mi bebé esta condenado a irse en cualquier momento. Recuerdo que tuvo dos días de gran lucidez, y aprovechamos para cogerle en brazos y darle besos y hablarle. Incluso un día yo tenia ganas de salir corriendo con él a la calle y olvidarme de todo, y hacer como que nada pasaba y poder darle todo mi amor. Pero eso era solo una ilusión, quizá vana.

Los días en la UCI de neonatos eran diferentes. A veces Eki estaba lúcido y con los ojos bien abiertos, y otras veces estaba medio dormido y solo chupaba su chupete. Se veía tan bello para mí.

Unos de esos días buenos que tuvo, en los que parecía no tener nada, se me quedó mirando con esos grandes ojos negros en el momento que me marchaba a almorzar y tomar mis pastillas. No podía dejar eso de lado por mi salud, y a veces tenía ira por estar enferma y tener que ocuparme de mí, pudiendo estar sin moverme de allí. Pero las cosas no podían ser así, porque no estaba sola, también estaba mi marido, mis suegros, mi madre y mis cuñados, que vinieron todos los días a vernos y acompañarnos en el duro camino que teníamos que recorrer. En mi mente está ese día en el que Eki se me quedo mirando y yo a él. No quería irme, no quería estar un minuto lejos de él.

Otras veces, en cambio, sufríamos los dos . Él, por un lado, sin poder respirar bien; y yo, desesperada por intentar que respirara mejor. Recuerdo soplarle en la boca como queriendo darle más aire a sus pulmones. Quería ser él y ser yo quien sufriera lo que estaba pasando. Quería sufrir yo, no él.

Las enfermeras de Neonatos, con toda la buena intención del mundo, me decían que no mirase la pantalla que monitorizaba la saturación y otras constantes vitales cuando bajaban sobre todo. Pero yo no podía evitarlo; me desesperaba cuando veía que saturaba poco y le veía fatigarse.

Otras veces, las enfermeras me decían si quería cogerle en brazos. No es que no quisiera, sólo que le veía tan a gusto en su incubadora, con las piernitas bien estiradas y relajado, que no quería quitarle su momento de tranquilidad por mi capricho de tenerlo en brazos, ya que él, al ser prematuro, tenía mucho frío fuera de la incubadora, y además no le gustaba mucho ser cogido en brazos.

Es más, era un gruñoncito; en lugar de llorar cuando le cogían mal las enfermeras al asearle, hacía un gesto y un ruido de molestia. Decía: “¡Ahhh!” como con ira. Era de carácter; sin duda habría sido un niño muy seguro y dueño de sí mismo, de eso no me cabe duda.

Luego me metí en la cabeza que si vivía, aunque no anduviese, podría ser como muchos que son muy inteligentes y se adaptaría a esa vida y yo a ella. Pero la realidad era otra; él no podía respirar bien, ni deglutir bien la comida, y ese daño que tenía le iría deteriorando más y más; y yo no quería verlo sufrir así, y me me aferraba a un imposible.

Los médicos de neonato dijeron que Eki viviría lo que tuviera que vivir; y así fue. Nos regalo cinco días de su vida, que los vivimos intensamente; estando todo el tiempo que podíamos allí. Recuerdo cantarle una canción de Topo Gigio que de niña me la cantaba mi tía. En el embarazo se la había cantado mucho al irnos Eki y yo a la cama a dormir los dos. Decía así:

Hasta mañana si Dios quiere que descanses bien,

llegó la hora de acostarse y soñar también.

Porque mañana será otro día y hay que vivirlo con alegría.

Por la mañana al colegio para estudiar y aprender,

luego a la tarde con los amigos y luego a ver la TV.

Y cuando llega la noche, a cenar y dar gracias a Dios

por un nuevo día que se fue. Y buenos noches porque el día ya se fue”

La verdad es que a día de hoy no puedo cantarla o verla en el ordenador, porque rompo a llorar, me recuerda a él.

En fin, llegó el temido día –era el 26 de julio– en el que él decidió marcharse. Le pusieron sedación para que no sufriera y yo recuerdo ir a la sala neonatos y escuchar a la medico decirme que Eki estaba preparado para marcharse y que sería cuestión de horas .

Yo me descontrolé, grité su nombre y me agarré fuerte a su incubadora, como si no

quisiera soltarme de él. En ese momento deseaba morir con él. Empecé a sentir que eso era una pesadilla y que pronto pasaría, que yo despertaría y Eki estaría bien y seríamos felices.

La noche del 26 de julio murió a las 20.35. Se fue para siempre, y con él todas mis ilusiones de hacer todos mis deberes de madre. Las cosas son así, y no son fáciles de aceptar.

Nos juntamos en una salita para verle y tocarle por última vez. Yo estaba pasmada; en esos momentos no sabes qué hacer, solo miras alrededor e intentas digerir lo que esta pasando. Yo sentía que me faltaba un pedazo de mí, me sentía incompleta y tenía mucho miedo de mí misma, porque al tener epilepsia tenia miedo a un ataque.

Al día siguiente me dieron el alta y nos fuimos a casa de mis suegros para preparar papeles y el tanatorio para Eki. La familia de mi marido estuvo todo el tiempo acompañándonos y apoyándonos en lo que podían, ya que nada se podía hacer por Eki.

En el tanatorio todos me decían que ahora importaba yo y que tenía que ser fuerte por mi salud y por seguir adelante. Estuve fuerte casi todo el tiempo en el tanatorio; le veíaa por el cristal y a veces mi corazón y mi imaginación me hacían sentir que él sólo estaba dormido y que me acompañaba. Parecerá una tontería, pero yo me sentía acogida y como en una nube.

Pero aquello era sólo una ilusión que se desvaneció en el momento preciso en el que un empleado del tanatorio dijo que llevaría al bebé al crematorio. Recuerdo que le acompañamos hasta el horno y le dimos un beso en los papos su padre, su abuelo y yo para despedirnos para siempre de él.

Recuerdo que al ver acercarse al fuego el ataúd pequeño de mi hijo y saber que nunca más lo vería físicamente, me puse a llorar descontroladamente con una desesperación que sólo había sentido cuando, a los diez años, vi que enterraban a mi madre. Tuve ese mismo dolor, aunque aumentado, porque ya era más consciente de mi sufrimiento que cuando era niña.

La pérdida de mi hijo fue muy dolorosa. Recuerdo quererme quedar en el tanatorio hasta que se terminara de quemar su cuerpito, pero mi suegro y mi marido me dijeron que debíamos salir un poco y atender a todos los familiares que nos estuvieron acompañando. La verdad es que en ese momento yo sólo quería estar a su lado; por lo menos hacerle saber que yo estaba allí, que no podía hacer más de lo que había hecho, pero que estaba ahí, acompañándole en su último viaje.

En fin, mi marido me dijo que si yo quería que me hicieran un colgante con una fracción de las cenizas de Eki, y yo le dije que sí. Al día de hoy siempre beso mi cadenita por las noches al irme a acostar. Al quitármela me despido de él, siento que su alma aun está conmigo y que no estamos solos, que él me tiene a mí y yo a él.

Mi pobre marido cumplía años el 28 de julio, el último día que vimos a Eki de manera física antes de que lo cremaran. Además, mi amado Eki nació justo el día del cumpleaños del hermano menor de mi marido. A día de hoy me digo que Eki nos ha dado sólo amor y que fué un gran luchador. Él quería vivir, pero su cuerpito no resistió.

Después de la cremación, mis suegros decidieron llevarnos unos días fuera para distraernos, porque se veían venir lo que pasaría si llegabamos a casa y no teníamos a Eki con nosotros. Yo volví a ponerme en una nube, como si lo que había pasado no me afectara. No hablaba de ello e intentaba no recordar nada.

Pero pronto se acabaron los días de estar en esa nube. Mis cuñados se ofrecieron a quitar todas las cosas de Eki para que no me afectara verlas cuando llegara a casa; pero yo no quise, ya que sentí que no estaba preparada para ello aún, y que además debía quitarlas yo por ser su madre.

En fin, llegó ese día en el que debíamos volver a casa y enfrentarnos con la realidad; esa realidad que me esperaba allí, ese vacío horrible y negro que me cayó como una bomba en la cabeza y el alma. Ese horrible vacío y una culpa e ira que parecía surgir de la nada. Empecé a imaginarme y recordar detalles que nada tuvieron que ver con lo ocurrido, pero yo necesitaba agarrarme a algo, enmascarar la realidad, para evitar sufrir.

Recuerdo pensar que igual le hicieron algo a mi bebé en el paritorio; o empezar a decirme: “Debí descansar más, debí ir antes al hospital, no debí ir a pasear en coche”, y un montón de cosas que no creo que sean la razón de su partida; pero yo necesitaba buscar culpables.

Culpable yo, los médicos, mi marido; y sentía hasta ira de que me dijeran: “Eres fuerte”, cuando solo quería llorar y meterme en los recuerdos y no salir de allí.

Estaba arrastrando a mi marido también al dolor y la tristeza. Recuerdo un día que íbamos por la calle como sin rumbo, como dos estatuas, como dos desconocidos; y mi marido me dijo que no podíamos seguir así, que teníamos que salir de aquella depresión y seguir adelante.

La verdad es que mi marido ha sido más fuerte que yo; él tomó las fuerzas de donde pudo para que siguiéramos adelante, ya que yo tenía días en los que no quería ni levantarme de la cama.

Recuerdo haber ido al psicólogo y no sentirme a gusto. Pero tuve la idea de meterme en Internet y contactar con gente que había pasado lo mismo y leer otras experiencias.

Mi médico de cabecera me mandó a la matrona; era la primera vez que tenía conexión con una, ya que por el covid y porque estaba siendo atendida en el Hospital de Cruces, no se me había asignado una matrona en el embarazo. Pero ahora estaba siendo atendida en Vitoria, y me dirigieron a una matrona. Desde el primer contacto con ella, me sentí a gusto, sentí que alguien me escuchaba y me acompañaba en mi dolor.

La matrona me aconsejo libros para llevar el duelo, que se sumaban a los que ya me habían aconsejado otras personas. Sentí que estaba haciéndome camino, que empezaba a entender y aceptar la partida de mi bebé. Leí mucho: El camino de las lágrimas’, de Jorge Bucay; ‘la Huella de Mikel’, ‘La cuna vacía’…

La verdad es que estar en contacto con la matrona me hacía sentir que todavía no estaba del todo desconectada de ese mundo, y que aun había gente que podía ayudarme en mi camino. Las pesadillas que tenía de Eki haciéndose daño cesaron. Aquellas pesadillas, en las que yo veía sufrir a mi bebe y yo no podía hacer nada, aumentaban mi desaparecieron. Pero poco a poco empezaron a ser menos frecuentes, y en su lugar aparecieron otros sueños dulces, en los que yo me reencontraba con él, lo besaba y lo tenía en mis brazos.

El sueño más bonito que he tenido con él ha sido uno en el que el tomaba la tetita y estaba muy contento. He tenido muchos más sueños hermosos con él; y poco a poco le siento cada día más cerca.

El repetirme una y otra vez: “sólo yo puedo salir de esto, yo elijo como quiero que sea mi vida sin Eki” me ha ido ayudando a seguir de pie y luchando. No es fácil perder a un hijo, ya sea el primero o el último. Es fruto de tu ser, es una pirámide de ilusiones y de amor.

Yo sentí que mi vida no valía nada cuando él se fue; sentía que todo lo que había luchado contra mi enfermedad no valía nada; me sentí derrotada. Elegí seguir y luchar de nuevo contra mis sentimientos de amargura y debilidad, buscar cosas positivas y llenar mis días de otras cosas. Antes de que ocurriera todo me había hecho a la idea de que debía cuidar a mi bebe y estar con él; ahora tenía que aprender a vivir sin él. Esto es algo fácil de decir, muy difícil de llevar a la practica.

Él ha dejado en mí un gran recuerdo de su paso por mi vida. Esos cinco días de vida que tuvo Eki estarán marcados para siempre en mi memoria. He decidido que no quiero olvidarle, ni dejarle de amar; pero sí quiero recordarle sin dolor, sin culpas ni ira. Quiero recordarle cada dia con amor, con gratitud a Dios por habermelo dado, con gratitud a él por haberme dado la dicha de conocerle y amarle.

Cuando él marchó, yo me quedé llena de amor para darle, y con un gran vacío que he tratado de llenar con los recuerdos, fotos y videos que tengo de él. Eki, amor mío; siempre seras mi príncipe, mi terroncito de azúcar y mi peludito, ya que al nacer prematuro tenías mucho pelito, mi amor. Eki, siempre serás mi hijo mayor.

Dios ha querido darme una nueva oportunidad de ser madre y me ha bendecido de nuevo, y a día de hoy me encuentro embarazada de nuevo. Estamos ya en enero de 2021 y Eki, si estuviera vivo, tendría cinco meses. Pero la vida es así, hay cosas que nosotros no podemos cambiar.

Ahora tengo miedo pero también mucha fe, y voy poco a poco amando a mi nuevo bebe, mientras sigo amando a Eki. Mi nuevo bebe ha sido concebido de manera natural, lo que es la vida; y sólo tengo amor y agradecimiento a Dios por esta nueva oportunidad en mi vida.

El camino se debe hacer; ¿cuánto dura? Eso solo el corazón de cada doliente lo sabe, y hay momentos de debilidad en los que vuelves a llorar y a sentir soledad. En esos momentos no debes sentirte culpable por sentirte así, ya que has perdido algo grande, algo tuyo, algo amado y que jamás podrás reemplazar. Así que, ¿por qué no llorar cuando viene la nostalgia, cuando viene la impotencia? Llora , sécate las lágrimas y sigue tu camino. Yo, al menos, eso estoy tratando de hacer: seguir.

Siempre pienso que mi amado Eki no quería que yo este quieta e inmóvil ante la vida, sino que yo fuera parte de la vida y que siguiera viviendo y realizando actividades; que siguiera viva y llena de energía como cuando él estaba vivo y me sentía con él.

Yo sólo aconsejo a la que pase por ese duro camino que busque ayuda, que hablé de lo que siente y que lea mucho; y sobre todo, que sepa que solo depende de una misma seguir en el dolor o superarlo y buscar otras cosas que te llenen y que te distraigan, porque olvidar nunca se olvida, pero se puede recordar más con amor que con dolor.

Nunca minimices tu dolor o lo ocultes; saca todo lo que tengas dentro, grita su nombre si quieres. Haz todo lo que tu corazón y mente te lo pida, solo así podrás seguir el camino hacia la aceptación.

Al que lea esto, espero haberle podido ayudar y acompañar un poco en la búsqueda de la aceptación.

Pérdida de mi bebé

Hola, me gustaría contarles mi historia porque me he sentido muy sola en este momento de mi vida.
El 30 de diciembre de 2020 me fui con mi mamá a Tampico para pasar el Año Nuevo con la familia de mi mamá y porqie tambien mi familia me quería hacer un baby shower y yo estaba muy emocionada por eso.

Cuando íbamos de camino, nos fuimos en auto, y en todo el camino no senti a mi bebé, cabe mensionar que mi embarazo fue normal y todo iba muy bien. El bebé siempre se movía bastante.

entonces al no sentir a mi bebé comencé a preocuparme pero yo pensaba q era por  el viaje y podía ser que al llegar comenzara a sentirlo.

cuando llegamos salude a mi familia y todos estaban muy felices de verme, y agarraban mi pancita.

nos fuimos a dormir y al otro día el 31 fuimos a desayunar y a caminar un poco y yo seguía sin sentir a mi bebé, en todo momento estuve comunicada con mi novio y le informaba q no se movía pero el me decía q no me preocupara. En el transcurso de la tarde comencé a sentir como algo raro en mi vagina como cuando te va a salir flujo pero no salía nada y no le di importancia, más tarde como eso de las 9 de la noche le dije a mi mamá que por favor me llevara a revisar q no seguía sin sentir a mi bebé y ya estaba muy angustiada.

cuando llegamos al consultorio me revisó el médico y me dijo q él si lo escuchaba y que todo bien entonces yo me confié, de todos modos mi mamá me dijo w fueramos a hacerme un ultrasonido al otro día temprano.

al otro día el 1ero de enero me iban a hacer mi baby shower y yo estaba muy emocionada pero también estaba preocupada por mi bebé, fuimos al doctor y me atendieron horrible, era un lugar muy tétrico y el personal muy groseros, un enfermero me revisó con el dopler y me decía q se escuchaba muy leve el latido de mi bebé entonces me dijo que tenía que esperar al ginecólogo, y lo estuvimos esperando como 2 horas y mientras me tenían en una habitación y yo le ponía música a mi bebe para ver si tenía respuesta y se movía pero nada.

cuando el doctor llego me pasaron a un consultorio muy pequeño y me empezó a revisar y en el ultrasonido me dijo, me da mucha pena pero tu bebé ya no tiene latido. Se ven manchas y es como agua esto pasó hace poco lo siento pero ya no hay nada que hacer.

solo pude sentir un frío que recorrió todo mi cuerpo, no lo podía creer y no lo aceptaba.

el doctor dejo pasar a mi mamá y le dio la noticia y ella me preguntó que qué quería hacer y le dije que quería otra opinión porque ese doctor ya quería hacerme la cesárea ahí y yo aún tenía la esperanza de que se estuviera equivocando pues yo no tenía ningún síntoma y sentía que aún podía hacer algo por mi bebé.

nos regresamos a la ciudad de mexico ese día y llegamos al hospital donde yo llevaba mi control,mi novio ya me estaba esperando y pasamos juntos y mi doctor me recibió y me hizo algunas preguntas, después pasamos donde el ultrasonido.

Cuando empezó a ver, solo se quedó callado y me dijo, pues si tu bebé ya no tiene latidos, pudo haber sido una malformación en su corazón y pudo haber pasado ahora, o cuando naciera o en 5 años.

me dio una pastilla para provocarme el parto y al salir de ahí yo no podía parar de llorar no lo podía creer me sentía muy mal.

yo no quise tomarme la pastilla pues me dijeron q iba a sufrir más que mejor era operarme para que no pasara más tiempo.

le dije a mi doctor y el me programo para hacerme la cesárea al otro día.

me internaron y esa noche casi no pude dormir estaba muy triste, mi novio estuvo conmigo en todo momento.

al otro día, el 2 de enero 2021 el día de la cirugía me operaban a las 12 del día y cuando me llevaron al quirófano yo solo pensaba en que tenía miedo y me sentía demasiado triste.

cuando termino la cirugía pedi ver a mi bebé y pude verlo y acariciarlo, darle un besito y despedirme de mi chiquito.

estuve dos dias internada y mientras yo estuve internada la familia de mi novio no me llamo para nada ni me preguntaban cómo estaba ellos solo se enfocaron en el bebé y yo pase a segundo plano.

Y eso también hacía que yo me sintiera aún más triste y mi mamá me contaba todo lo q pasó cuando yo estuve internada y darme cuenta qué hay personas a las que no le importas.
he pasado un momento muy doloroso y todos los días me pregunto que habré hecho mal? Porque me pasó esto a mi, tengo mucho miedo y muchas dudas.

Me gustaría platicar

com alguien que tenga la misma Siria sino y que podamos entendernos y apoyarnos juntas a enfrentar este dolor.

si alguien quiere escribirme y desahogarse acá les dejo mi numeo

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