Mi pequeño Izan

Escribo por el dolor tan grande que estoy pasando ahora mismo y por el cual creo que es necesario dar visibilidad a mi historia.

El día 29/05/20 perdí a mi bebé, estaba de 22 semanas de gestación y en la ecografía de la semana 20 me dijeron que mi bebé no se dejaba ver bien el corazón y me volvieron a citar para otro día para poder comprobarlo, no era cierto, la ginecóloga había visto algo raro, pero no me dijo nada, al volver 4 días después para revisar el corazón de mi hijo, esta vez había dos ginecólogas en la consulta. Con el tema del covid19 tuve que enfrentarme sola a todo, tras una hora haciéndome una ecografía susurraban bajito para que yo no escuchara, ya iba con miedo de que le pasara algo a mi niño y efectivamente así fue.

Me dijeron que parecía que había problemas graves en su corazón, según decían la válvula tricúspide no se abría y había un lado del corazón más grande que el otro. No obstante, me derivaron al hospital 12 de Octubre (Madrid) para poder diagnosticar bien el problema de mi bebé, al día siguiente tuvimos que ir a dicho hospital y nos informaron que mi hijo tenía problemas graves en su corazón, por un lado tenía truncus arterioso tipo 2, arco aórtico derecho y además y más grave, era que su ventrículo derecho tenía un tamaño mucho más pequeño de lo que tenía que ser.

Nos informaron que si seguíamos con el embarazo habría que operar a mi hijo al poco de nacer y más adelante necesitaría también otras operaciones que no aseguraban que solucionasen su problema ya que serían operaciones paliativas. Salimos destrozados de la consulta a pesar de que allí nos trataron bastante mejor que en el otro hospital, por lo menos nos dejaron estar juntos a mi marido y a mí y nos explicaron exactamente lo que ocurría y cómo sería su vida para poder decidir si seguir con el embarazo o bien interrumpirlo.

Tener que decidir sobre la vida o la muerte de tu hijo es lo más duro que te puede pasar en la vida, por supuesto la decisión fue pensando únicamente en la vida que iba a tener mi pequeño, pero como madre me siento muy culpable de tener que decidir en acabar con su vida y más sintiendo como dentro de mi vientre tenía vida.

Tras salir de la consulta tuvimos que volver a nuestro hospital para llevar el informe y decidir que queríamos hacer. Tuvimos que esperar a que acabasen su consulta para que nos atendieran, nada humano sabiendo cual era nuestra situación de tener que tomar una decisión tan importante de la vida de nuestro hijo, mi marido avisó de que estábamos allí, aunque ya habían sido avisados desde el 12 de Octubre que íbamos para allá.

Le preguntaron a mi marido que habíamos decidido y les contestó que nos gustaría estar los dos en la consulta para poder hablar de ello. Una vez que acabaron su consulta nos llamaron y al entrar los dos lo primero que dijeron es que no nos viese nadie entrar… Bastante tenemos nosotros ya como para pensar en que no nos vea nadie, creo que es de entender que hay diferentes situaciones por las que tiene que haber excepciones… Y decidir sobre la vida o la muerte de tu hijo debería de ser una de ellas, ya que como padres es una situación muy traumática.

Tras entrar y no tener nada de empatía sólo querían saber nuestra decisión, yo estaba rota sin poder dejar de llorar y no hubo una sola palabra de ayuda ni comprensión, nos citaron a la mañana siguiente para realizarme la amniocentesis y ya nos dirían los pasos a seguir para proceder con la interrupción de nuestro embarazo. Al día siguiente rota de dolor preguntamos si podíamos entrar juntos y la respuesta fue que no, a la prueba tendría que entrar sola y luego avisarían a mi marido para informarnos de los trámites que teníamos que hacer. Cuando acabó la prueba entró mi marido y nos dijeron que teníamos que ir al asistente social para que nos indicara como proceder con la interrupción. Nos hicieron recorrernos el hospital para que nos informaran de cómo teníamos que actuar, a todo esto, nos metían prisa dado que ya estaba en la semana 21 y no había mucho tiempo para que fuera legal interrumpir el embarazo.

Además de ser dura la decisión todo lo teníamos que hacer YA. El asistente social nos informa que tenemos que ir a Sagasta para llevar el papel firmado por las ginecólogas del problema que tenía mi bebé para que fuera legal hacerlo y que no nos costase dinero. Creo que este trámite lo podían gestionar los hospitales y no unos padres que van a perder a su hijo y que en ese momento no están para que les mareen yendo de un sitio a otro. Cuando llegamos a Sagasta como siempre me hicieron pasar a mí sola sin tener en cuenta en la decisión a mi marido. Nuevamente tuve que enfrentarme a que una mujer me recordase que la interrupción tendría que ser rápida para no pasarnos del tiempo que establece la ley, allí llamó a una de las tres clínicas que hay en Madrid y que aceptan la interrupción del embarazo estando tan avanzada la gestación. De allí nos mandaron a la clínica Dator que fue la que elegimos ya que le dijeron desde la propia clínica a mi marido que podría estar conmigo en todo momento (mentira).

 

Ya en la clínica me hicieron pasar a mí sola a la consulta para hacerme una ecografía y sacarme sangre, así como confirmar mi historial, tengo una cesárea en 2018, nadie se pone en tu lugar de cómo lo estás pasando y lo único que les importa es decirte los peligros que hay tras una cesárea tan cercana. De allí nos hicieron pasar con el ginecólogo para firmar los consentimientos sin ser capaz de respondernos si mi marido podría acompañarme durante todo el proceso, se quitó el bulto de encima diciéndonos que eso tendríamos que hablar con el cirujano que nos atendería, de ahí nos mandó al cirujano del cual no puedo expresar el trato que nos dio.

Fue como si estuviéramos en la cola de la carnicería.

Diciendo que son cosas que están haciendo todos los días y que el día anterior habían tenido 4 interrupciones, a mí me da igual las interrupciones que hagan, a mi lo que me duele es perder a mi hijo, me dio las pastillas que tenía que tomar y ponerme y me repitió: venga maja, estate tranquila, si es algo que hacemos todos los días. Este señor creo que no sabe lo que es perder a un hijo al cual deseas con todas tus fuerzas y quieres con todo tu corazón. Me dijo también que el viernes cuando fuese a la clínica me atendería otro compañero que tenía mucha más experiencia que él, menuda tranquilidad me dio.

Ese día y el siguiente sólo pensaba en que tenía que despedirme de mi hijo y la sensación de sus movimientos en mi vientre porque el viernes por desgracia ya no podría volver a sentirle más. Solo podía llorar y pedirle perdón por la decisión que tomamos pese a que pensamos que era la mejor decisión para él.

Solo espero que sea capaz de perdonarme y que me espere allí donde esté porque espero poder estar con él algún día y darle todo el amor que por desgracia no le he podido dar en esta vida.

El viernes 29/05 fue el día más horrible de mi vida, llegamos a la clínica y desde el inicio me separaron de mi marido, me llevaron a una habitación como si fuera un zulo y me hicieron quitarme la ropa y ponerme una bata, después me dieron una pastilla para deshacerla debajo de la lengua y me pusieron la vía, después de todo eso dejaron que entrase mi marido.

Me dijeron que para ir al baño tenía que ir a una sala de espera común con el resto de pacientes y que tendría que ir sola, mi marido tampoco me podía acompañar. No entiendo cómo ni si quiera tienen baño en cada habitación. Tras una hora allí empezando a tener contracciones me vino a buscar la enfermera para llevarme a quirófano para que me viera el ginecólogo. Fue horrible la sensación de que me tocaran y romperme la bolsa para que el proceso fuera más rápido. Tras eso volví a la habitación, me dieron otra pastilla para ponerla debajo de la lengua y empecé con contracciones dolorosas cada minuto estuve, así como 2 horas, entre medias la enfermera me hizo un tacto y al preguntarla como iba me dijo que no me podía decir porque era la primera vez que ella me examinaba y nunca más me volvió a examinar por lo que fue un tacto que no sirvió para nada. Al poco tiempo vino el ginecólogo a explorarme otra vez y me dijo que había avanzado mucho y que en 10 minutos íbamos a quirófano, que si tenía ganas de empujar les avisará. Tras 10 minutos empecé a sentir dolores que me daban ganas de empujar así que avisé, volvió a verme y dijo que me llevasen a quirófano.

Una vez allí me hicieron tumbarme en la camilla y me durmieron con anestesia general. Ese fue el último momento que pude estar con mi bebé, después de eso me despertaron en la sala de reanimación con otras mujeres y al rato me dieron el alta.

No pude despedirme de mi bebé, no pude saber cómo era, no pude saber si sufrió en algún momento y lo peor de todo nunca sabré que hicieron con él, ni dónde estará, no hay peor dolor para una madre. Es horrible pensar cada día que jamás podré tenerlo en mis brazos, sólo pude sentir como se movía en mi vientre y como tenía vida dentro de mí.

Tras despertarme de la anestesia solo me dijeron que todo había salido bien, que mi cicatriz de la cesárea estaba intacta y que no había sufrido desgarro. También me dijo el ginecólogo que si tuviera otro embarazo podría tener un parto natural y seguramente más rápido ya que el proceso que había pasado era un parto, pero sinceramente ahora mismo eso es lo que menos me importa, lo único que me importa ahora es que he perdido a mi hijo.

Una vez estaba en la sala de reanimación una enfermera me dijo que tenía que tomar dos pastillas para que no me subiera la leche y que no me tocara el pecho. Tampoco fueron capaces de informarme que con la leche de mi pequeño podría donarla para ayudar a otros bebés, cosa que me hubiera gustado hacer de haberlo sabido.

Dos semanas después de vivir la experiencia más terrible de mi vida me puse en contacto con la clínica para saber si podría haber visto a mi hijo y me dijeron que sí pero que eso lo tendría que haber pedido en el parto. Pregunté por qué ellos no me lo ofrecieron y me dijeron que es algo que deben pedir las familias.

Creo que en ese momento la familia no es capaz de hacer o pensar en todo lo que puede ayudarle en la elaboración de su duelo, como es poder ver a su hijo, despedirse y tener un recuerdo de él.

Tras eso volví a llamar para ver si le hacían alguna foto o toma de huellas para que los padres podamos tener ese recuerdo de nuestro hijo y la respuesta fue que no. Pregunté si quedaba registro de la hora de su nacimiento, su peso y su altura pero su respuesta fue también negativa…

También pregunté que hacían con sus restos y me dijeron que una funeraria los recoge e incinera, pero también me enteré que podía haberme quedado con ellos, pero como nadie me informó en su momento, lo poco que tenía no lo pude tener conmigo.

En ese momento sentí que había abandonado a mi hijo por la desinformación de la clínica…

Finalmente la funeraria me confirmó que el 04/06/20 habían recogido sus restos de la clínica y ese mismo día lo incineraron, pero es imposible saber donde depositaron sus restos porque además estaba junto con otros restos, así que tampoco tengo un lugar donde poder llorarle o ponerle flores.

Un mes después, volví al hospital donde tuve que tomar la decisión para que me dieran los resultados de la amniocentesis y para que me hicieran una revisión para ver que todo estuviera bien.

La exploración fue bien, pregunté allí si me podían decir que es lo que me habían hecho en la clínica ya que en el informe que me dieron únicamente pone inducción, pero una vez me anestesiaron no sé que es lo que realmente me hicieron y su respuesta inicial fue que un legrado pero en la clínica me dijeron que había sido un parto sin más.

En cuanto al resultado de la amniocentesis salió todo bien, por lo que me dijeron que había sido cuestión de mala suerte y que seguro que para futuros embarazos no volvería a pasar.

Ese mismo día al ver como estaba me ofrecieron apoyo psicológico en el hospital el cual acepté, pero creo que este tendrían que habérmelo ofrecido desde un primer momento y no un mes después.

La gente de mi alrededor dice que tengo que seguir adelante, que tengo otro hijo y que tengo que seguir con mi vida y no pueden entender que ahora mismo lo único que quiero es estar sola y llorar y recordar a mi hijo al cual nunca podré tener entre mis brazos.

Lo único que me hace levantarme de la cama es mi otro hijo al que amo con locura, pero no puedo quitarme de la cabeza a mi bebé que acabo de perder. No me apetece ver a nadie, sé que nadie entiende realmente lo que yo siento ante la pérdida porque gracias a Dios no lo han tenido que vivir, la mayoría de la gente no se acordará de él ya que no llegó a nacer para ellos, pero para mí es un vacío enorme en mi cabeza y en mi corazón, jamás podré dejar de pensar en él cada día de mi vida.

Mi pequeño Izan, mamá no se va a olvidar de ti ni un segundo de su vida, te quise, te quiero y te querré siempre.

Mis Gemelos (Rhut & Job)

Mis Gemelos (Rhut Juliet y Job Gregory) 👩‍👧‍👦
¡Hola! les contaré la historia de mi embarazo gemelar monocorial biamniótico de (28 semanas).
La esperada noticia de mi embarazo llegó una mañana de febrero año 2020. Desde hace años esperaba concebir, me senti muy feliz, algo tan bello sin duda alguna un Regalo de Dios.
Fui a consulta con ecografía en abril 2020 con (14semanas) con una hermosa sorpresa, la Doctora me dijo son dos bebes y están en perfecto estado, me senti feliz y doblemente bendecida.
Luego en la siguiente consulta mes de mayo, la doctora pudo notar el sexo de uno de mis gemelos, me dijo el más pequeño es un varón y el otro bebé aun no lo defino, pero ambos están en perfecto estado.
En el mes de junio 2020 me realizaron 02 ecografías una consulta pública y una privada los dias (16 y 17) ambas Doctoras me informaron que mi embarazo estaba muy bien conservado y no habia ningún problema. Allí una de ellas me dijo es un varón y una hembra por lo cual me sentí super feliz.
Solo tenia que ir a colocarme un tratamiento inyectable (betametasona) los dias (24 y 25) de ese mes. Todo transcurrio normal desde el dia 17 hasta el 24.
En la madrugada del 25/06/2020 sentí en dos oportunidades mi ropa interior mojada era un liquido sin olor ni color, no sentí ningún dolor sólo algo distinto en mi vientre.
Ese dia 25 fuí al hospital y recuerdo que pensé: a lo mejor me dejan hospitalizada para colocarme tratamiento, llegué allí con mis (28 semanas de gestación) y les conté lo que me sucedió, los Doctores me dijeron debes acostarte y te revisaremos y así fue…
Sólo se que mi vida se detuvo por un instante cuando los médicos me dijeron: Tu estas en trabajo de parto tienes 09 (nueve) dilataciones, no pude contener las lagrimas, recuerdo que le dije a la Doctora: no puede ser, no es posible, ellos están muy pequeños para nacer, ella me dijo: ya no podemos colocarte tratamiento tienen que nacer hoy tranquila todo saldrá bien.
A partir de ese momento le pedi a Dios por mis bebés, el trabajo de parto fué rápido con poco dolor. Cuando nacieron el Doctor me dijo: te doy mejor pronóstico para el varón (Job) IIGemelo (900g) quién lloró y se movió en cambio la niña (Rhut) I Gemelo (1.kg) no lloró y tiene poco movimiento.

Todo sucedió tan rápido e inesperado. Esa noche me permitieron verlos en la incubadora. En ese momento no me di cuenta que estaban pequeñitos, los vi bellos, respirando normal, no tan graves como en realidad estaban.
Luego el Doctor de guardia Oswaldo me dijo con voz clara y fuerte: sus hijos están muy delicados son extremadamente prematuros, inmediatamente se me salieron unas lagrimas y me dijo para tranquilizarme: “Algunos se han salvado” pase a verlos, los vi y allí si note el esfuerzo que estaban haciendo para respirar con el oxigeno.
Al dia siguiente 26/06/2020 me dicen: “éstas de alta” me sentí muy triste al saber que ellos me necesitaban allí y yo estaria en casa.
Al siguiente día el (27/06/2020) en la madrugada me dieron la noticia: tu niña Rhut falleció. Que dolor tan inmenso sentí, mi niña vivió (1 dia y medio). Ese mismo dia se le mando a Bendecir y luego fué su entierro.
Aun quedaba mi pequeño Job y yo tenia esperanza que se salvaría, ese dia por la tarde lo vi, me parecio extraño que su boquita estaba abierta al extremo para respirar y los demás dias no. Le dije a la Doctora y ella contesto: es normal por el oxigeno.
Esa noche tuvo 02 paros respiratorios y con reanimación se estabilizó. El dia 28/06/2020 se le presentó otro paro cardíaco, el cual fué la causa de su fallecimiento. Mi niño Job vivió (03dias).
Yo quede en Shock con esa noticia no entendia y aun hoy a 24 dias de sus nacimientos no lo he podido comprender. Si todo estaba bien en mi embarazo. ¿Qué ocurrió? ¿Por qué se me adelantó el parto? si faltaban casi 12 semanas. Si aun deberia estar embarazada, de verdad no entiendo nada.
Y Aun con estas preguntas sin respuestas le doy gracias a Dios por mis Regalos Rhut y Job mis gemelitos son mis Angeles. Gracias por darme esa maravillosa experiencia de acoger en mi vientre dos vidas, los cuales me hicieron sentir una inmensa felicidad, la cual quiero recordar siempre, es muy dificil todo lo sucedido y tengo que fortalecerme, espero lograrlo con la ayuda de Dios.
No he hablado mucho sobre ello. Se que hay cosas dificiles explicar. Aqui estoy en medio de esta prueba tan dolorosa esperando el camino que debo seguir… Un abrazo inmenso a todas esas mamis que han perdido un bebé o dos como es mi caso. Siempre seré una Madre de Gemelos.
Att. D.C Mamá de (Rhut) y (Job) ♥

 

 

 

Mi estrella Nayara

Hace un mes que perdí a mi hija Nayara de 22,6 semanas de gestación. Desde el principio fue un embarazo muy querido. Me quedé embarazada a la primera. Fue una niña deseada. Fue un embarazo complicado en el sentido de que empeze con candidas a la semana 6. A la semana 13 fui a urgencias por primera vez por manchado. Me dijeron que era un pólipo y que era normal manchar. Todo el embarazo preocupada por el manchado y en cada visita al médico me decían que la niña estaba bien y que era normal por el pólipo.

Nunca olvidaré la ecografía antes de que me dijeran el sexo, mi niña me sonrió, bostezo, se chupo el dedo. Se movía mucho y estaba muy sana.

En la ecografía del sexo yo ya sabía que era una niña desde el principio. Desde siempre en mi mente estaba mi niña. De toda la vida siempre había querido tener una niña y así fue. Era ella. Mi hija esperada. Nayara.

El 28 de mayo de 2020 empezó mi pesadilla. Por la noche después de cenar me fui a la cama. Y empeze a sentir como Dolores menstruales. No sabía si era por los movimientos de la niña que los notaba fuertes y decidí esperar hasta la mañana siguiente que seguía igual. No pude dormir bien. Entonces decidí darme una ducha con agua caliente para ver si se me pasaba. Ya que no podía creer que fueran contracciones. No se me paso y fui al hospital.

Al llegar me dieron una silla de ruedas y empeze a ponerme nerviosa. La doctora me metió un algodón porque le comente que manchaba desde la semana 13 por el pólipo y cuando me miro el cuello lo vio corto. Nunca olvidaré el silencio de la doctora y su cara. No quería decirme nada hasta que le dije que que pasaba. Me dijo “ay chiquita que tienes el cuello corto” Esta a 14 y yo le dije : y a cuanto ha de estar? Me dice a más. Y llamó a otra ginecologa y decidió comprobar el cuello. Cuando. Me hizo el tacto automáticamente se rompió la Bolsa. Me dijeron que vaya corriendo al hospital neonatos, me dijeron que me prepare para todo lo que pueda pasar.

Cuando llegue al hospital de neonatos me ingresan y me ponen medicación para parar las contracciones. No paraban. Deciden hacerme una amnnio y no se pudo hacer porque ya había perdido todo el líquido amniótico. Y en el único sitio donde había líquido ers donde mi hija tenía su brazo y decidieron no hacerla.

Me dejaron sola mientras estaba con contracciones. Mientras tanto le dijeron a mi pareja fuera que la bebé tenía pocas posibilidades de salvarse y que querían intentar que pasará el máximo tiempo en mi vientre, ponerme líquido dentro y hacer lo posible porque viva. Pero eso implicaría que al haber detectado en la analítica que los glóbulos blancos estaban altos que había infección y que podría acabar en sepsis, infección  en la sangre y podría perdernos a las dos. Decidió salvarme. Vino las doctora y me dijo que no podría salvar a la niña que mirarán por mi.

Mi vida en ese momento se paro. Solo quería sentir a mi hija y sentí su último movimiento en esa camilla. Jamás me olvidaré de esa última vez en la que men dejaron sola y la senti por última vez dentro de mi. A partir de ahí ya me sacaron a otra habitacion. Esperando a poder pasar a Sala de partos.

Me bajaron. Me dijeron dos veces de ponerme la epidural y no queria, quería sentirla como sea. Quería sentir que se movia. Me dijeron que no aguantará más dolor que me iría bien y decidí ponerme la epidural pero no dio tiempo a que hiciera efecto. Porque al ponerme la y acostarme empeze a empujar.

Cuando salió yo no quería abrir los ojos, no aceptaba lo que men había pasado. No queria ver a mi hija muerta. No queria llevarme esa imagen de ella. La pediatra habló conmigo. Me dijo que la niña tenía latido y me insistió que la viera, que es lo único que nos íbamos a. Llevar de ella. Su recuerdo.

Decidí cogerla en brazos. Mi niña se movió, movió su brazito, fue el unico moviendo que ví y la bese la abraze , hable con ella. Le pedí perdón. La mire de arriba abajo todo su cuerpo. Ver su carita que era igual ami. Los pies de su padre sus manos iguales a las mías. Todo eso. Me llevó de ella. Era un Ángel.

Estuvimos con ella a sola 30 minutos que fue lo que su corazón duro latiendo. Su padre la tenía en brazos y repente su corazón dejó de latir. La volvi a coger para sentir su corazón y ya se había ido. Se fue mi Ángel. Lo más hermoso que jamás me ha pasado en la vida ha sido tenerte en mi vientre.

La pediatra nos dijo que era una campeona porque duro con latido media hora y si lo se eras fuerte como tu madre. Y lo eres. Eres mi vida. Sabes que siempre vamos a amarte estés donde estés. Eres nuestra estrella.

El dolor esta día a día. Aun no puedo creer como de la noche a la mañana te puede cambiar la vida y soportar tanto dolor. Solo se que siempre te amare mi estrella hermosa.

LUKEN, NUESTRA LINDA MARIPOSITA.

LUKEN, NUESTRA LINDA MARIPOSITA.

“Y una vez que la tormenta termine, no recordarás cómo lo lograste, cómo sobreviviste. Ni siquiera estarás seguro si la tormenta ha terminado realmente. Pero una cosa sí es segura. Cuando salgas de la tormenta, no serás la misma persona que entró en ella.

De eso se trata esta tormenta.”

Haruki Murakami.

 

11- 04-20

Ya han pasado cuatro meses de ese fatídico día, el día en el que empezaba la mayor pesadilla de nuestras vidas. Hasta hoy no he podido expresar con palabras más de una línea, unas pocas palabras, antes de derrumbarme. Pero, necesito expresarme por darle visibilidad a mi bebé, a todos esos bebés que tocaron la muerte sin apenas respirar la vida.

El 11 de Diciembre de 2019 nos dirigíamos al Hospital a realizar la Ecografía del tercer trimestre. Estaba embarazada de 33 semanas y estaba feliz, no había sido un embarazo fácil; nauseas, cansancio, malestar, pero hacía unas cinco semanas que me sentía mejor, más vital, menos cansada, en definitiva, empezaba a disfrutar del embarazo. Estábamos ansiosos por ver a nuestro pequeño y no teníamos ninguna duda de que todo iba bien, ya que tres semanas antes habíamos estado en la consulta privada y así nos lo habían confirmado.

Entramos en la consulta, empezamos a hablar entre risas con el Ginecólogo y la auxiliar, paso a tumbarme en la camilla para proceder a la exploración y de repente, la cara del médico se tornó seria, yo empecé a ponerme nerviosa, apretaba fuerte la mano de mi marido y nos mirábamos, lo mirábamos y mi pareja le preguntó “¿qué pasa?” y él dijo “estoy viendo algo que no me gusta”. Y yo, no me lo podía creer, ¿cómo a estas alturas algo podría ir mal?, ¿qué había pasado?, mil y una preguntas me venían a la mente.

Nos sentamos en la mesa y el ginecólogo con gran sensibilidad, nos informó de que la Ecografía hacía sospechar que Luken padecía una “grave anomalía incompatible con la vida que impedía que sus hemisferios cerebrales pudieran estar interconectados entre sí (ACC)”. Seguidamente, tuve que hacerme una RMN fetal para confirmar el diagnóstico.

No me lo podía creer, pensaba que no era real lo que estábamos viviendo. Faltaba poco más de un mes para mi Fecha Probable de Parto, que era el 25 de Enero del 2020. Ya empezábamos a imaginarnos nuestra vida los cuatro juntos; nuestro pequeño de dos años y nosotros tres.

Vinieron días de mucha confusión, de llorar sin parar, de no dormir, no querer hablar con nadie, no querer ver a nadie. Sólo quería estar con mi marido y mi hijo. Me sentía perdida, insegura. En esos días mi mayor apoyo fue mi pareja, me entendió y apoyó como nadie. Y nuestra mayor alegría nuestro pequeño, que estaba en pleno auge y no dejaba de sorprendernos con sus ocurrencias.

Después de una semana, por fin, llegó la temida o esperada llamada. El comité ético había estudiado nuestro caso y nos daban su aprobación para interrumpir el parto. Nos informaron de que al día siguiente podíamos ingresar para provocar el parto. Por una parte, era una sensación de alivio, pero, por otra, sentía mucho dolor y angustia. Pensar que no iba a volver a sentir a mi bebé, ni dentro ni fuera de mí. Era una mezcla de sentimientos tan difícil de expresar; se juntaba la rabia, la culpabilidad, la frustración, el desamparo… pero sobre todo, me inundaba una profunda tristeza que jamás había sentido.

Así, llegó el 19 de Diciembre, a las nueve de la mañana después de ese doloroso pinchazo,  empezaron a provocarme el parto. Vinieron horas y horas de llanto, de dolor, mucho dolor y hasta el día siguiente, 20 de diciembre, a las cinco de la tarde pudimos abrazar y besar a nuestro Luken.

Dar a luz, sin luz. Tener a mi hijo en mis brazos sin vida. Esto es algo de lo que jamás nos habían hablado, algo que yo, ignorante de mí, pensaba que hoy en día ya no pasaba.

Recuerdo ese momento cada día, no hay noche en la que me acueste sin pensar en su carita, era un muñeco perfectamente formado. Un bebé de 2400g. y 49 cm. Lo tuvimos una media hora en brazos mi marido y yo. Le hablamos de nosotros, de su hermanito y le pedí perdón por no haberle cuidado como se merecía.

Teníamos claro que queríamos un dulce recuerdo de nuestro bebé. Así que, en una bonita postal con un árbol y una mariposa, hecha por una auxiliar, guardamos las huellas de sus manitos y sus piececitos.

A las dos horas quería irme a casa, pero finalmente no pudimos volver hasta el día siguiente, ya que tenía la tensión por los suelos y era incapaz de andar por mí misma. Así, que pasamos otra noche en el Hospital y a la mañana siguiente, después de desayunar, nos fuimos dirección a casa, pero claro, antes tuvimos que realizar otro doloroso trámite; el tanatorio. Decidimos incinerar a nuestro bebé.

El día de Nochebuena por la mañana, mi marido y yo, junto con las cenizas de Luken, subimos al monte y desde las alturas le escribimos unas palabras. Yo seguía con mi sentimiento de culpabilidad, por lo que mi discurso se centraba en pedirle perdón y decirle lo mucho que lo quería, mientras que mi marido le hablaba de todo lo que se había imaginado enseñarle y compartir con él, con nosotros. Así que le leímos nuestras sensaciones y nos pusimos una pulsera cada uno, como símbolo de que sigue en nuestros corazones y jamás lo olvidaremos. Lo enterramos, nos abrazamos y lloramos, lloramos mucho.

Después de esos días de celebraciones, para algunos, llegó Enero y con ello revisiones de ginecólogos y otros especialistas. Todos insistían en lo mismo; “a veces pasa”, “no es tu culpa”, etc., Pero yo necesitaba respuestas más precisas, una causa que me aclarara el por qué. Así, que después de varias pruebas y analíticas nos dijeron que la patología de Luken había sido causada por un virus. Nos aseguraron que no era algo genético, que esa parte del cerebro la tenía formada en la Ecografía del segundo Trimestre.

Después de un parto doloroso, vino un duelo todavía peor. Un postparto sin bebé. ¿Cómo? Sí, así es, si un postparto no suele ser fácil, imaginaos un postparto en el que se te cae el pelo, tu cuerpo está deforme, tu piel no brilla y te das media vuelta y tu bebé no está. Te das cuenta de que jamás lo volverás a tener en tu regazo. Jamás le darás el pecho, ni el biberón. Nunca le cantarás, le besarás ni le acariciaras. Me invadía un tremendo sentimiento de vacío.

En estos cuatro meses, me ha invadido un halo de tristeza y un sentimiento de culpabilidad, que es cierto, que con el tiempo se va atenuando y con la ayuda de profesionales, amigos y familiares voy asumiendo que la decisión que tomamos fue la más acertada por el bien de los cuatro. Un día, un médico me dijo “si lo dejas vivir, le darás la muerte. Si lo dejas morir, será libre”, mi tía pediatra me dijo “no será un niño feliz”, “os pasaréis el día de médicos”, “no podréis atender a vuestro hijo mayor como se merece”, etc. Éstas son algunas de las cosas que nos decían y en las que me intento apoyar para deshacerme de ese sentimiento de culpabilidad.

 

01-06-20

Enseguida habrán pasado seis meses y puedo decir que el dolor no es tan inmenso como el de hace unos meses. Intento afrontar la situación como un aprendizaje que me ha dado la vida. Un aprendizaje que me hará más fuerte ante las adversidades y todo lo negativo que nos toque vivir.

Durante este tiempo, he conocido y compartido experiencias con otras mujeres que han vivido dificultades en sus embarazos; mujeres que han tenido hasta siete abortos, mujeres que después de más de cinco años intentándolo no consiguen el ansiado embarazo, mujeres con problemas de fertilidad que han tenido que someterse a varias intervenciones, mujeres que han tenido que estar en reposo desde el principio del embarazo y lo han perdido en el tercer trimestre, mujeres que han perdido a su bebé en la semana 40 de embarazo, otras que lo han perdido con horas, días o semanas de vida, etc. Pueden surgir tantos obstáculos en un embarazo que sería imposible nombrarlos todos. Considero que es importante tener todos los posibles impedimentos en mente a la hora de buscar un embarazo, pero debemos de saber también, que por suerte, la mayoría de ellos, llegan a buen puerto.

En este tiempo, me he querido documentar un poco acerca de la muerte perinatal, neonatal y la interrupción del embarazo por anomalías fetales graves. Por desgracia es algo que sucede con más frecuencia de la que pensamos y sin embargo, es un tema tabú. Os diría datos concretos, para que os hagáis una idea, el problema es que hay una infradeclaración, es decir, no todos son declarados, tanto para la mortalidad fetal como neonatal. Por lo tanto, los datos oficiales no representan la realidad.

No obstante, os voy a dar unas pinceladas de la información que he recogido. En el año 2016, se estima que la tasa de mortalidad en embarazos de más de 22 semanas de gestación alcanzó el 7,5 por 1.000 nacidos. También me gustaría resaltar que, en cuanto a la evolución de la mortalidad perinatal durante los últimos 20 años, el análisis muestra que la mortalidad fetal (-18,5%) ha descendido de manera significativamente más lenta que la mortalidad neonatal (-85,4%). Se estima que los países con rentas altas, como España, podrían reducir su tasa de mortalidad fetal hasta una tercera parte con estrategias de prevención clínicas y socio-educativas. (datos de “Revista Muerte y Duelo Perinatal Número 4”, Paul Richard Cassidy).

También hay estudios acerca de la atención sanitaria en casos de muerte intrauterina, considero que las mujeres y /o familiares que se enfrentan a una situación como ésta necesitan una atención especializada, tanto psicológica como clínicamente, las conclusiones obtenidas en un Informe de Umamanita muestran que “en términos generales la atención no alcanzó los fundamentos de la buena práctica”.

Yo, por mi parte, he de decir, que hemos tenido una atención sanitaria, en la sanidad pública de Vitoria, encomiable. En cuanto a los profesionales con los que nos hemos cruzado en este tiempo, desde ginecólog@s, psicólog@s, matronas, enfermer@s, auxiliares de enfermería, etc. Nos han mostrado una gran sensibilidad, nos han atendido con gran humanidad facilitándonos así todo el proceso.

También me gustaría hablar de un sentimiento muy común en las mujeres que han tenido obstáculos a la hora de buscar un embarazo o a lo largo de su embarazo y/o maternidad. El sentimiento de inferioridad como mujer; de ser “peor mujer”, de ser “peor madre” que las que tienen hij@s y no han tenido problemas para ello. En primer lugar, hay que tener claro que muchas mujeres puede que hayan tenido problemas y no los hayan querido contar, algo totalmente respetable. En segundo lugar, no es mejor ni peor mujer la que no tiene hijos porque ha decidido no tenerlos o porque tiene problemas de fertilidad, ni es mejor ni peor madre la que ha perdido a su bebé recién nacido, ni siquiera es mejor ni peor madre la que tiene un hijo que la que tiene cuatro.

 

25-06-20

Simplemente, hemos de tener claro, que la vida nos hace vivir situaciones bonitas, no tan bonitas y duras o muy duras. Para superar las situaciones difíciles, tenemos que lograr comprender lo ocurrido, aceptarlo y sacar un aprendizaje de ello. No es fácil, hay momentos de nostalgia y la felicidad no vuelve de repente, pero lo importante es sentir que por fin estás mirando hacia delante con un poco de ilusión.

Ahora puedo decir, que no soy la misma que hace siete meses. Empatizo mucho más con las personas que tienen familiares enfermos o que acaban de fallecer, evito mucho más los conflictos, tengo más claro lo que quiero y lo que no quiero, disfruto más del ahora y pienso menos en el futuro. Pero también, soy más sensible, tengo más miedos, miedo a perder a las personas que más quiero, por lo que, en ocasiones, tiendo a sobreproteger más a mi niño.

Me consideraba una persona fuerte y segura. Pero hace unos meses, sentí como si de repente me debilitara por completo, mi mundo se derrumbaba y me quedaba sin fuerzas ni ganas de hacer nada. Por suerte, hoy no puedo decir lo mismo. Aunque he perdido seguridad en mí misma, me siento más fuerte que hace unos meses.

Hoy comienza una nueva etapa para mí, después de más de siete meses, vuelvo a trabajar y lo mejor de todo, me muero de ganas. Tengo ganas de hacer cosas, tengo ganas de Salir, en definitiva, tengo ganas de vivir.

Luken, el día 20 de Junio hizo seis meses que te tuve en mis brazos, por primera y última vez. El aita y yo fuimos al monte, a sentirte más cerca y a hablar contigo. Quiero que sepas que siempre serás parte de nuestra familia. Si tú no hubieras existido en nuestras vidas, nosotros ahora no seríamos los mismos. A mis 32 años, puedo decir que has sido mi mayor lección de vida. Gracias por enseñarnos tanto, por enseñarnos a querernos mejor y a agradecer cada día todo lo que tenemos. Pienso en ti cada día.

 

LUKEN, BETI GURE BIHOTZETAN.

 

Mamá de una estrella, Valeria

Soy mamá de una estrella, que nació y murió el 25 de Abril de 2020,en medio de toda esta locura del confinamiento y soy madre de un niño que tiene 2 años y medio.

No sé cómo empezar..tengo 36 años.Fue una niña buscada y vino a la primera como se suele decir.Fuimos de viaje de novios a Tailandia y nos trajimos de vuelta el mejor regalo sin duda: ella, mi pequeña, quedé embarazada en ese viaje y no me lo podía creer que hubiera sido tan rápido. Comenzaba mi nueva ilusión, mis 9 meses maravillosos de embarazo.Con mi primer embarazo puedo decir que fue una buena experiencia en todos los sentidos: gestarlo, un parto bueno y rápido..

En mi ecografia de las 20 semanas me confirmaron que era una niña, lo soñado para mi.Era todo perfecto, la edad que se llevaría con su hermano, la parejita, estaba sana..todo iba perfecto sin ninguna anomalía.En Marzo, empezó todo este confinamiento y me daba un miedo terrible , pero tenía la tranquilidad que todas las pruebas salían correctamente desde el principio del embarazo y sentía sus pataditas.Martin, su hermano pese a ser pequeño estaba ilusionado y me la nombraba en muchas ocasiones según iba creciendo mi barriga día a día.Le hacíamos partícipe y su cometido seria compartir juegos con ella y cuidarla.

Estaba en mi semana 35 de gestación, teníamos ese maldito día la ecografia rutinaria, digo maldito porque ahí se acabó todo. Entré sola a la consulta ( mi marido y mi niño se quedaron esperando dentro del coche en la calle.Recibi la peor noticia sola: cariño, llevas mucho tiempo sin sentirla o notarla? “No hay latido”. Quedé en schock, pedí que por favor volviera a mirar bien en la pantalla. Yo tenía un mal presentimiento, desde el día anterior no la notaba moverse, pero te lo niegas y piensas que quizás tiene menos movimiento, que esté dormida por momentos y que eso no te puede pasar a ti.

Ahí comenzaba mi sufrimiento y mi despedida de ella, mi niña, mi pequeña. Jamás pensé que tendría que enfrentarme a un parto vaginal de mi hija fallecida.No soportaría ese dolor tan grande, ¿como me enfrentaría a eso? Nunca había escuchado hablar de la muerte perinatal ni que significaba eso..Me dejaron ingresada de urgencia y comenzaron a preparar mi cuerpo y mi útero para dar a luz.No me lo quería creer, mientras tanto, el personal sanitario te empiezan a hacer preguntas y en poco tiempo tienes que ir tomando decisiones importantes: yo, mejor dicho nosotros, decidimos verla, donarla a la ciencia , quedarme con su gorrito de recuerdo, su pulserita, su huella del pie plasmada. Decidimos firmar la autorización para la realización de autopsia, que a día de hoy no tenemos aún los resultados del informe.

El momento del parto puedo decir que fue precioso en si, rápido, sin apenas dolor físico, sin puntos.A mi pequeña Valeria le pedí que ya que la habíamos perdido para siempre, que ayudara a su mamá a ponerle las cosas fáciles y no tuviera un parto traumático, pese a la situación tan dolorosa que ya teníamos con su pérdida, no quería ese recuerdo de dolor físico.Y así fue: mi niña prácticamente en apenas 2 horas desde la epidural se me salió sola, no tuve ni que empujar.Mi niña fue buena hasta para eso…

Desde que me dejaron ingresada hasta a dia de hoy no encuentras respuestas, te preguntas una y otra vez :¿por que a mi? ¿Por que a las 35 semanas y no antes? Y puedo decir que lo que me ha servido a mi para cerrar esa pregunta es que ” las estadísticas se basan en personas ” y me tocó a mi. Soy soy unas de esas estadísticas. Es lo único que me ha dado descanso mentalmente.

Cuando di a luz , saqué fuerzas y decidí ver a mi pequeña, mi preciosa hija , mi Valeria. He de reconocer que me daba mucho miedo llegar a ese momento, pero puedo decir que una vez nació y la cogí en brazos, senti el amor más puro y maravilloso que se pueda tener, que sentí mucha paz.Era mi primera y ultima vez para todo. Mi primer y ultimo beso a ella, el poder tocarla por primera y última vez, olerla, coger su manita, acariciarla,tocarla con toda la delicadeza del mundo como instinto de protección para no hacerle daño..Conocer a mi pequeña y mi ultimo adiós. 8 meses de embarazo gestandola, sintiendola , 2 corazones juntos para luego seguir mi camino sola, sin mi pequeña. Nuestras vidas se separaban, no la volvería a ver nunca más, no podría pronunciar su precioso nombre nunca: VALERIA.

Esto va por ti mi pequeña,  porque unos amigos nuestros bautizaron en la realidad a una estrella de la constelación de Cáncer con tu nombre. Me da paz saber que hay una estrella con tu nombre con fecha desde 25 de Abril.

Y por último decirte mi querida hija, que me acuerdo de ti todos los días, que te sigo llorando..Me quede con los brazos vacíos y mi corazón lleno de ti.Te quiero hija, mi niña, quiero darte tu lugar. Estas situaciones no tendrían que pasar nunca, un bebé morir antes de nacer , es antinatural. Dedicados a todos esos bebés estrellas y a esas familias valientes que nunca nos olvidamos de nuestros pequeños.Descansen en paz esos angelitos.

V.C.L.

Álvaro de mi vida

Hola a tod@s, mi nombre es María y vengo a contaros mi testimonio ahora que me siento con un poco de fuerzas aunque sólo haya pasado un mes desde que Álvaro naciera y se fuera de mi vida para siempre pero no de mi corazón, pienso que compartir mi historia es como un legado que me ha dejado mi hijo para que otras familias que se vean en mi misma situación se sientan comprendidas y no crean que son las únicas porque yo así fue como me sentí, y por supuesto también es la forma que tengo de nombrar y mantener vivo el recuerdo de mi niño para siempre.
Mi marido y yo desde que nos conocimos siempre habíamos hablado que ser padres era nuestra ilusión, y ese instinto maternal lo tengo muy arraigado desde que era una niña.
Una vez que decidimos que empezaríamos a intentarlo pero sin ningunas prisas que viniera cuando quisiera, cual es nuestra sorpresa que el primer mes que lo intentamos me quedo embarazada. Al principio fue un poco de shock porque no lo esperábamos tan pronto pero al instante ya estábamos súper ilusionados y nuestra familia también.
Empiezo a ir a mis controles y mis analíticas y todo esta correcto, mi niño se está desarrollando con total normalidad y su corazón latía con fuerzas. Justo dos semanas antes de la próxima ecografía empiezo a tener el presentimiento de que algo no va bien, yo había sentido al bebé y de repente había dejado de sentirlo, como era primeriza y estaba de poco tiempo (18 semanas) todo el mundo me decía que era normal que aún estaba de poco tiempo pero yo en el fondo sabía que algo no iba bien. Como estaba en pleno confinamiento por el Coronavirus decidí esperar al 30 de Abril que tenía mi eco 20.
Por fin llega el día en el que voy a verlo y estaba muy nerviosa, tuve que entrar sola en la consulta ya que mi marido no lo dejaban entrar. Automáticamente cuando la doctora me pone el ecógrafo encima pasan unos segundos y me dice esas palabras que jamás en la vida olvidaré “Ojú hija esto no está bien” las tengo grabadas a fuego, a partir de ese momento mis recuerdos se nublan un poco, se que le dije “Como que no está bien” y me dice que no, que no tiene latido, hace aproximadamente 2 semanas que se paró.
Empezé a llorar como una loca y a temblar, un frío que me recorría el cuerpo que no podía controlar. Eso fue a las 9:00 de la mañana y me ingresaron para inducirme el parto, a las 22:45 Álvaro nació en aquella cama del Hospital de Cádiz y se separó de mí para siempre.
Jamás pensé escuchar esos “empuja cuando te venga una contracción” “ánimo que lo estás haciendo muy bien” por primera vez, sería para tener a mi hijo sin vida.
En el momento que sentí como cortaban el cordón sentía que me cortaban el alma, estaban quitándome lo único que me quedaba de unión con mi pequeño. Lo más raro de todo esto ahora que lo pienso es que en el momento del parto no lloré ni una lágrima, estaba tan en shock que no era consciente de lo que había pasado, parecía que estaba viviendo una pesadilla que no era mía, hasta que por la noche de madrugada en la habitación me desperté y fui consciente te todo cuando me acaricié la barriga y noté que estaba blandita y plana, ahí fue cuando rompí a llorar desconsoladamente y desde entonces no hay un solo día que no le llore al cielo, a mi angelito precioso.
Yo no quise verlo pero mi marido sí, yo no me quería quedar con ese recuerdo de él. Prefiero quedarme con el amor que sentí cuando lo vi por primera vez y escuché su corazón, cuando sentí su primer movimiento en mi mano, cuando bailábamos en el salón a ritmo de bachata, o cuando después de ducharme por las noches me dedicaba a darme mi cremita en la barriga y masajearla, eran nuestros momentos y solo nuestros.
Jamás olvidaré tampoco cuando nació y la enfermera se lo llevó en una mantita liado para que yo no lo viera, ni lo volveré a ver nunca. Ese recuerdo es el más duro y complicado para mí, es el único momento que pude intuir su cuerpecito, se me parte el alma de pensarlo.
Justo hoy un mes después de todo esto he vuelto a aquella consulta en la que me dieron la noticia y ha sido otro escalón enorme que he tenido que subir para recoger los resultados de la autopsia. Resulta que tenía “Corioamnionitis”, una infección en la placenta causada por una bacteria en el endometrio. Según me ha comentado el médico es algo totalmente aislado y no tiene porqué volver a suceder, simplemente he tenido mala suerte, esto es como una lotería y me ha tocado a mi vivirla.
Cuando me vea con fuerzas y pase un poco de tiempo iré en búsqueda de un hermanito, no pienso renunciar a mi maternidad por mala suerte del destino una vez. Tengo que volver a ser feliz y sobretodo hacerlo por él. Nunca voy a dejar que Álvaro caiga en el olvido, es mi hijo, yo lo he gestado, lo he sentido y lo he parido. Siempre lo llevaré por bandera hasta que me muera, y será mi estrellita en el cielo.
Álvaro hijo mío, tus padres te amamos y jamás te olvidaremos.
Vuela alto, quizás algún día podamos volar juntos.

Mi Estrella Enzo

La verdad que no se ni por donde empezar, esta inmensa tristeza y vacío  que llevo en silencio a diario , creo que no me deja avanzar.

  1. En medio de toda esta pandemia yo era feliz con mi pequeño creciendo como un campeón  día a día, no fue un embarazo fácil  pero si muy deseado, con 44 años ya nada es igual , después de 2 abortos tempranos  ahora parecía que la cosa si podía ser ,apesar de  estar sangrando casi todo  el tiempo  de embarazo  , mi pequeño estaba en un mundo aparte, creciendo hasta más de lo que le tocaba, con un buen latido,  sin anomalías despues de realizar las pruebas pertinentes por tener una madre  más mayor , estuve ingresada 3 veces,  que si sangrado por hematoma, reposo,  reposo,  reposo, vuelta a sangrar que no se sabe de dónde viene el sangrado  y para casa otra vez a reposo,  el día 13 de marzo fui a mi revisión  mensual y todo  parecía  estar bien, hasta se dejo sacar una buena foto…. y para casa, al día siguiente empecé a sangrar pero como de costumbre pensé ya parará,  al no ser así, me fui al hospital y por supuesto me dejaron ingresada en medio de este caos, sola, pues ahí estuve durante 10 días con antibióticos por si acaso pero nadie veía nada de donde venían  esos sangrados, hasta que mi niño decidió que no quería estar más ahí dentro y empecé con contracciones , al parecer tb se había roto la bolsa y no tenía liquido pero su corazón  seguía latiendo y con 22semanas y 1 día nació  mi Enzo, la estrella más bella que me pudo dar y quitar la vida en un instante. La salida del hospital fue devastadora,  llegas con tu niño y sales sola con una sensación de vacío que nunca en mi  vida había sentido por nada .Han pasado 2 meses y todavía  sigo perdida, perdida en un mar de porques,  en un duelo en solitario, silenciado que se hace más duro aún  si cabe  por que te dicen pues ya esta ya pasó,  ya tienes que estar bien, no puedes estar  todos los días llorando y Si! hay que seguir viviendo  eso lo se, pero que nadie le ponga  un tiempo  a este dolor , solo el que ha pasado por  esto sabe de lo que hablo,  todo llegará,  las aguas volverán  a su cauce, me imagino que si que llegará  ese día que pueda hablar de él si echarme a llorar pero todavía no es ese día.  El se había convertido en mi  mundo y ese mundo simplemente se esfumó en un abrir y cerrar  de ojos. Siempre estarás  conmigo mi gordito, mami te amará siempre .

Para María, la mamá de Curro

En primer lugar, lo siento, y no son palabras vacías, son un sentimiento sincero. Al igual que a tí mi primer hijo, en éste caso, hija me dejó.

Me llamo Pilar y tengo 34 años, el 7 de marzo nos dejó nuestra Elena, con tan solo 20 días de vida.

He leído tu testimonio y me he sentido identificada en cada palabra escrita, sé el dolor que sientes, la pena, tristeza, impotencia, coraje, frustración y hasta eso que tú escribes de sentirse fracasada, fracasada como madre (aunque no lo seamos).

Yo también me he hecho y me hago mil preguntas de porqué mi niña se ha ido, y de sí habré hecho algo que le perjudicara.

Elena nació aparentemente normal, todas las pruebas de embarazo habían ido de maravilla, era una niña preciosa, con sus ojazos, sus labios perfectos, sus mofletes, todo en ella era perfección. Pero cuál fue nuestra sorpresa que a las 48 horas de vida y en pruebas rutinarias para darnos el alta, le detectaron unos niveles de oxigenación bajos,aquí empezó nuestra pesadilla.

Venía con una cardiopatía incompatible con la vida, la cual había que operar sí o sí. Tras 18 horas de operación, repartidas en dos operaciones y 18 días de UCI, finalmente nos abandonó.

Todo éste proceso, duro como no hay otro nos ha cogido en confinamiento, encerrados, solos, sin una explicación, sin entender nada y con un vacío en nuestro interior, un vacío que siempre nos acompañará. Con todo el amor que teníamos para ella dentro de nosotros, sin saber qué hacer con él, viviendo cada día en una pesadilla.

Sé que tengo a mi Elena que me cuida y que por ella tengo que seguir adelante, ellos nos darán la fuerza para aprender a vivir con éste dolor.

En éste tiempo he leído muchos testimonios de parejas que les ha pasado lo mismo, por desgracia hay muchos más casos de los que nos imaginamos. Pero te leí a tí, mamá de Curro, y me llegaste, me sentí identificada, cada palabra escrita me representa.

No sé si nos ayudará o no, pero creo que nos entenderemos, comprenderemos lo que la otra siente, porque ésto solo lo entiende quién ha pasado por lo mismo.

Te dejo mi mail, y me encantaría que te pusieras en contacto, así mismo cualquiera otra familia que  lo lea y quiera que nos apoyemos, que nos ayudemos, que lloremos juntos, pienso que será bueno.

Sin más un abrazo.

pilu_19@msn.com

 

CURRO

Mi bebé tenía 40 semanas y 2 días.

Había tenido un buen embarazo hasta los 8 meses, donde me dieron bajadas de azúcar y alguna subida de tensión, todo aparentemente iba perfecto. De hecho días antes de lo ocurrido había ido a mi última revisión. Salimos de allí tan felices… deseosos de ver su carita, de sentirlo en nuestros brazos, de darle tanto amor que teníamos guardado solo para Curro…

Estaba feliz, ilusionada, emocionada, deseosa… Mi hermana, que tenía 9 días de embarazo más que yo, y yo, estábamos compartiéndolo todo. Incluso compramos todo igual a los mellis, como llamábamos a nuestros bebés. Iban a ser como hermanos… Todo era para los dos… Ahora Leo tiene un mes y 5 días y nunca se conocerán…

Cumplía el 11 de marzo y el día 12 me desperté estraña. Curro se había movido poco, aunque pensé que solía moverse más de noche. Durante la cena sentí una horrible sensación y mi preocupación aumentaba por instantes. Comí más pero no sentía nada.

Mi marido y yo nos fuimos al hospital. Yo me temía que algo pasaba… Cuando entré en maternidad y me hicieron la eco estaba tan angustiada por lo que me fuera a decir… Me cambió de ecografo… Uf…, algo va mal.

“… donde está el padre… Que pase. Mira… A su bebé se le ha parado el corazoncito…”. Las palabras más dolorosas que he oído a mis 33 años. Que dolor, que desgarro,que tristeza, que pena, que cosa tan grande… Lloramos cómo locos. Nuestro niño había fallecido dentro de mí. Lo que más quería en este mundo había fallecido. Había tanto amor en mí para él, en nosotros.

Me explicaron que iban a inducirme el parto. Me quedé en shock. Tenía que parirlo aún sabiendo que no volvería a casa con nosotros.

Me subieron a la habitación y al otro día empezaron a darme pastillas. Me explicaron y recomendaron que hacer…mientras, tú intentas asimilar lo que os está pasando.

El procedimiento es traumático. Te suben a maternidad y aunque estés sola en la habitación o con otro aborto como lo llaman ellos, ves y escuchas a mamás y bebés constantemente. Eso te hace sentir que has fracasado como madre… Ellos ejemplo de vida, tú, sabes que traes muerte. Te preguntas por qué una y otra vez… Habré hecho esto, no habré hecho lo otro, hice algo mal, si hubiera venido antes… Mil preguntas sin respuesta. Y allí sigues con tu dolor, con tu pena… Llorando a mares, sin saber que hacer, que decir… Sin saber nada. Solo que tú bebé ya no estar.

Sobre el medio día o así comencé a dilatar y a las 4 y 20 de la mañana del día 14 de marzo de este año nació y murió mi Curro. Era perfecto. Su naricilla, su boquita, su hoyito en la barbilla, sus mofletes, su morenito, sus manos grandes, sus piececillos… Él era perfecto para mí. Lo tuve en mis brazos, lo besé y acaricié aunque ahora pienso que fue poco. Estaba nerviosa, angustiada y con el dolor y la pena más grande que alguien pueda sentir. Y ya está… esa ha sido la primera, única y última vez que lo veré… Que lo sentiré.

Ha sido la peor experiencia de mi vida. Además del terrible dolor físico que conlleva un parto también me fui vacía, sola, con un increíble dolor en mi corazón que no se ni como explicar.

Incineramos a Curro el día 16 y está con nosotros, siempre estará con nosotros. Con él se fueron las ilusiones y la alegría que supuestamente deberíamos estar sintiendo. Nos dejó el vacío más grande que yo haya podido esperimentar. Nos dejó rotos, desolados, solos… Llenos de recuerdos ficticios que no sabes como gestionar. Llenos de dolor, rabia, pena, importencia, miedos, inseguridades… Llenos de amor sin saber que hacer con el. Vacíos de vida, de ganas, de ilusiones…

Siempre me ha dado un miedo especial el embarazo ya que a una prima mía hace 11 años, si no recuerdo mal, se le murió su hijo, Hugo, tras 8 horas de vida. Eso me impactó tanto que me costó mucho quedarme embarazada por el miedo que sentía. Ahora mis miedos son mayores.

Nada ni nadie podrá aliviar este dolor, esta tristeza, esta pena, NUNCA. Nada ni nadie podrá sustituir a Curro, NUNCA. Somos jóvenes sí… Pero aún siendo jóvenes hemos perdido un hijo, querido y deseado por todos. Y tendremos que aprender a vivir con ello, aunque sea duro, aunque te sientas rota y vacía por dentro.

Mi bebé estrella siempre será mi hijo, mi primer hijo. Por ahora mi único hijo, como siempre dije. Espero en un futuro tener un bebé arcoiris y hablarle de su hermano al que tanto amor nos quedo por dar.

Siempre CURRO.