El duelo es un proceso natural y normal y lo más habitual es que se afronte sin necesidad de ayuda profesional especializada. Sin embargo, en algunos casos, puede complicarse por varios motivos.

Hasta hace relativamente poco tiempo, recibía el nombre de duelo patológico o duelo no normal, sin embargo, hoy en día se prefiere el término de duelo complicado para no estigmatizar experiencias de duelo que supuestamente no son «normales». 

En esta página, intentamos describir las principales características del duelo complicado frente a un duelo no problemático. Además, tratamos de definir cómo y con qué criterio se diagnostica un duelo complicado y en qué se parece o distingue de otros problemas de salud mental, como la depresión o el estrés postraumático.

Es muy importante recalcar que la única persona que puede diagnosticar un problema de salud mental es un profesional sanitario cualificado, es decir: un psiquiatra o psicólogo con habilitación sanitaria (cualificado para ejercer en psicología clínica).

Aquí, ofrecemos algunas pautas generales para orientar el conocimiento, pero deberían entenderse solo como una guía.

En la página «El duelo tras la muerte de un bebé durante el embarazo o después del parto», se puede leer más sobre las manifestaciones habituales de un duelo y las cuestiones a las que las personas en duelo perinatal suelen enfrentarse.

También te puede interesar: cuidados posparto y la vuelta a casa, como abordar el duelo perinatal con los niños y niñas, el duelo y relaciones con la pareja y el duelo perinatal y los abuelos.

Si estás buscando fuentes de apoyo para el duelo, las encontrarás en nuestro listado de grupos de apoyo.

¿Qué es el duelo complicado frente a un duelo no problemático?

Antes de nada, es muy importante enfatizar que un duelo «normal» o no complicado abarca un amplio rango de sentimientos y conductas, que incluyen:

  • Malestar somático o corporal.
  • Pensamientos intensos sobre la persona fallecida.
  • Culpa relacionada con la persona fallecida o con las circunstancias de la muerte.
  • Reacciones hostiles hacia personas del entorno social.
  • Incapacidad (temporal) para funcionar a nivel social o profesional como antes de la pérdida.

En este sentido, ciertos pensamientos, sensaciones y conductas que pueden parecer fuertes o perturbadoras son normales y, por lo general, desaparecen después de un tiempo.

No obstante, cuando se reúnen ciertas características, existen más probabilidades de que una persona experimente una persistencia de pensamientos o conductas perturbadoras o que se encuentre estancada o varada en el duelo, con la sensación de no progresar durante un tiempo prolongado.

Esta situación puede derivar en un deterioro sustancial de la calidad de vida y en problemas de salud física y mental, tales como la depresión, la ansiedad o lo que se denomina «un duelo complicado».

En el caso de las mujeres que han experimentado la pérdida de un bebé durante el embarazo o en el periodo neonatal, la evidencia científica indica que es relativamente frecuente (entre el 15% y el 30%) sufrir, al menos, un problema de salud mental (ansiedad, depresión, estrés postraumático y problemas de autoestima) o, específicamente, un duelo complicado. Este riesgo también existe entre los padres u otro progenitor, pero en menor grado.

Factores de riesgo para problemas de salud mental o duelo complicado tras una muerte perinatal

Los estudios señalan que el riesgo de problemas de salud mental o duelo complicado es mayor en el contexto de muerte perinatal por los siguientes factores de riesgo:

  • Que la persona doliente sea un progenitor, especialmente en el caso de las madres.
  • El hecho de que sea una muerte inesperada y traumática.
  • Los problemas para dar sentido a la muerte al parecer antinatural por tratarse de un bebé.
  • El bajo grado de apoyo social, relacionado con el estatus estigmatizado o desautorizado de la muerte. 

También, se sabe que existe una serie de factores que influyen en gran medida en el duelo y, de manera más específica, en el duelo complicado, tales como: 

  • El contexto sociocultural y la facilidad o dificultad para darle sentido (por ejemplo, la diferencia entre la muerte de alguien joven y una persona mayor tras una larga vida). 
  • La relación con la persona fallecida (por ejemplo, si los sentimientos de culpa hacen que la persona doliente sienta que ha decepcionado a la persona fallecida) 
  • La historia personal de salud física y mental de la persona doliente.
  • El contexto sociofamiliar (número de dependientes y situación económica). 
  • La calidad de apoyo social disponible a la persona doliente.
  • El contexto de la muerte (la muerte de un hijo o si ha sido una muerte violenta o inesperada). 
  • Algunas características sociodemográficas (ser madre, padre o mujer).
  • Si la muerte está estigmatizada (por ejemplo, cuando la persona fallecida ha sido infravalorada a nivel social, como ocurre en caso de personas con discapacidad, adicciones, etc.).

Síntomas y señales de duelo complicado tras una muerte perinatal

Tomando en consideración todos estos factores mencionados en la sección anterior y la variedad de experiencias que pueden estar implicadas en un duelo, es muy difícil definir precisamente lo que es «normal» o «no normal». De hecho, es mejor no pensar en términos tan opuestos, más bien en un continuum o algo más fluido y susceptible al cambio o variaciones.

En general, son dos las cuestiones que podemos considerar sobre lo que define un duelo complicado: por un lado, la duración y la intensidad del duelo y por otro, la existencia de manifestaciones o síntomas preocupantes.

¿Cuánto dura la parte intensa o más incapacitante del duelo?

La duración de la parte más intensa del duelo muestra mucha variabilidad entre personas. Por tanto, es algo polémico hablar de un momento preciso en el cual un duelo deja de ser «normal» y se convierte en «complicado».

La naturaleza de los factores contextuales —descritos antes— puede significar que una persona necesite más tiempo en la parte más intensa del duelo o que haya uno o varios obstáculos para su progreso, los cuales pueden estar relacionados con la persona misma o con su entorno.

Para diagnosticar un duelo complicado, algunos criterios establecen que la persona doliente debería padecer síntomas de duelo complicado después de un periodo de seis meses desde la pérdida, mientras otros insisten en doce meses. En este sentido, existe cierto desacuerdo.

¿Cómo podemos interpretar estas opiniones? Por un lado, queda claro que la parte más intensa del duelo puede durar bastante tiempo, mucho más de lo que otras personas del entorno —las que no están tan afectadas por la muerte— a menudo piensan. Entonces, puede ser perfectamente normal experimentar un duelo intenso hasta pasado un año o más y no ser una indicación de la necesidad de intervención profesional.
Dicho esto, si la persona siente que está estancada o varada en el duelo, y que sus manifestaciones no muestran variedad (por ejemplo, días buenos y días malos) o progreso una vez que haya pasado un periodo superior a un año, puede ser prudente consultar con un profesional experto.

Características y señales del duelo complicado

Circulan muchas ideas sobre el duelo y sus manifestaciones no normales. Antiguamente —y todavía en algunos espacios— se hablaba de duelo patológico, el cual se enfoca en identificar desviaciones del duelo «normalizado» o estándar, tales como: no progresar adecuadamente por las fases o tareas de duelo o no conseguir desapegarse emocionalmente de la persona fallecida.

Durante los últimos años, el enfoque ha cambiado. Se entiende que el duelo complicado refleja un problema o agravamiento de procesos saludables y normales, tales como el proceso de dar sentido a la muerte y la integración de la muerte y la persona fallecida en la vida

Es decir, cuando la intensidad de procesos y comportamientos normales y sanos (como anhelo y añoranza, pensamientos e imágenes intrusivas, entumecimiento emocional, ira o culpa, sensaciones de vacío, evasión de contextos sociales o lugares específicos) persisten en el tiempo hasta tal punto que parece no estar avanzando o resultan ser especialmente debilitantes.

Podemos considerar que el proceso de dar sentido a la muerte y de mantener el vínculo con la persona fallecida —dos aspectos importantes del duelo— puede verse dificultado por varios factores que inhiben el duelo. Por ejemplo, en el contexto de la muerte perinatal, si la madre o su pareja sienten remordimiento o culpa persistente por las decisiones que tomaron en el hospital acerca de la posibilidad de conocer, pasar tiempo y cuidar al bebé después del parto, pueden implicarse en cuestiones que son difíciles de resolver y afectan a la naturaleza del vínculo y a la identidad de madre o padre. También es muy frecuente que la muerte de un bebé parezca antinatural y carente de sentido, lo que dificulta que se asimile en la vida.

También se reconoce que el contexto sociofamilar y el apoyo social juega un papel muy importante. Por ejemplo, cuando el duelo es desautorizado, la persona doliente no dispone de los recursos sociales (por ejemplo, la posibilidad de conversar sobre la persona fallecida) que son tan importantes para procesos saludables, como el dar significado a la muerte o de mantener una conexión con la persona fallecida.

Por otra parte, ciertos problemas con el duelo pueden relacionarse con aspectos personales del doliente, como el estilo de apego que ha desarrollado a lo largo de su vida o problemas no resueltos con duelos anteriores.

En todos los casos, encontramos una inhibición del progreso gradual de salir de la parte más intensa e incapacitante del duelo, prolongando el sufrimiento y creando una sensación de estar estancado o de desesperación.

Robert Neimeyer avisa de que la presencia ‘continuada’ de los siguientes síntomas debe ser causa de preocupación y merecer la atención de un psicólogo especializado:

  • Intensos sentimientos de culpa, provocados por cosas diferentes a las que hizo o dejó de hacer en el momento de la muerte.
  • Pensamientos de suicidio que van más allá del deseo pasivo de «estar muerto» o de poder reunirse con la persona fallecida.
  • Desesperación extrema: la sensación de que por mucho que lo intente nunca va a poder recuperar una vida que valga la pena vivir.
  • Inquietud o depresión prolongadas: la sensación de estar «atrapado» o «ralentizado» mantenida a lo largo de períodos de varios meses de duración.
  • Síntomas físicos, como la sensación de tener un cuchillo, clavado en el pecho o una pérdida sustancial de peso, que pueden representar una amenaza para su bienestar físico.
  • Ira incontrolada, que hace que sus amigos y seres queridos se distancien.
  • Dificultades continuadas de funcionamiento que se ponen de manifiesto en su incapacidad para conservar su trabajo o realizar las tareas domésticas necesarias para la vida cotidiana.
  • Abuso de sustancias, confiando demasiado en las drogas o el alcohol para desterrar el dolor de la pérdida.

Aunque estas definiciones y criterios nos pueden orientar, el diagnóstico se realizará siempre considerando el contexto y las circunstancias que rodean a la pérdida y la persona doliente, además de los síntomas que presente.

Comparación con otras afecciones de salud mental

Aunque el duelo complicado puede compartir características con otras afecciones de salud mental, como la depresión y el estrés postraumático, es importante reconocer las diferencias y el hecho de que coexisten en un número de casos elevado.

Duelo complicado vs. depresión

Por una parte, el duelo complicado comparte ciertas características con la depresión, tales como la tristeza, pérdida de interés en la vida cotidiana y el mundo, pérdida de autoestima y sensaciones de culpa.

Sin embargo, existen diferencias importantes. En el caso del duelo complicado, la tristeza es específica de la pérdida y no está generalizada. Mientras la depresión está asociada con una pérdida de interés y placer en general, en el duelo complicado existe un gran interés en recordar a la persona fallecida y un anhelo que para ellos puede ser una fuente de placer. En el caso de la culpa, suele asociarse con interacciones con la persona fallecida (antes o después de la muerte) y no ser una sensación generalizada.

Duelo complicado vs. estrés postraumático

En el caso del trastorno de estrés postraumático (TEPT), las similitudes con el duelo complicado son las siguientes: ambos se desencadenan por un evento traumático, vienen marcados por una sensación de shock, vulnerabilidad, imágenes intrusivas y comportamiento de evitación.

Sin embargo, mientras que el TEPT se asocia principalmente con el miedo, el duelo complicado se asocia con la tristeza. El TEPT es una respuesta a una amenaza física y el duelo complicado a una pérdida. Asimismo, en el duelo complicado, las pesadillas no son comunes mientras en el TEPT son muy frecuentes.

Trastornos de salud mental simultáneos

Como hemos comentado antes, es posible padecer simultáneamente duelo complicado, estrés postraumático y depresión-ansiedad.

En el caso del duelo perinatal, las circunstancias de la muerte, el shock y las sensaciones de vulnerabilidad y amenaza para la salud propia provocan una alta incidencia de estrés postraumático, la cual llega hasta el 20%–50% entre las mujeres tras una muerte perinatal. Igualmente, la depresión y ansiedad son comunes tras una muerte perinatal, alcanzando hasta el 10%–40%% en el caso de mujeres y 5%–10% en el caso de hombres.

Ayuda psicológica

Si sientes que estás experimentando síntomas de duelo complicado u otro problema de salud mental, lo más aconsejable es consultar a tu médico de cabecera o a un psicólogo general sanitario.

Si piensas que podemos ser de ayuda, escríbenos a info@umamanita.es.

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