LUKEN, NUESTRA LINDA MARIPOSITA.

LUKEN, NUESTRA LINDA MARIPOSITA.

“Y una vez que la tormenta termine, no recordarás cómo lo lograste, cómo sobreviviste. Ni siquiera estarás seguro si la tormenta ha terminado realmente. Pero una cosa sí es segura. Cuando salgas de la tormenta, no serás la misma persona que entró en ella.

De eso se trata esta tormenta.”

Haruki Murakami.

 

11- 04-20

Ya han pasado cuatro meses de ese fatídico día, el día en el que empezaba la mayor pesadilla de nuestras vidas. Hasta hoy no he podido expresar con palabras más de una línea, unas pocas palabras, antes de derrumbarme. Pero, necesito expresarme por darle visibilidad a mi bebé, a todos esos bebés que tocaron la muerte sin apenas respirar la vida.

El 11 de Diciembre de 2019 nos dirigíamos al Hospital a realizar la Ecografía del tercer trimestre. Estaba embarazada de 33 semanas y estaba feliz, no había sido un embarazo fácil; nauseas, cansancio, malestar, pero hacía unas cinco semanas que me sentía mejor, más vital, menos cansada, en definitiva, empezaba a disfrutar del embarazo. Estábamos ansiosos por ver a nuestro pequeño y no teníamos ninguna duda de que todo iba bien, ya que tres semanas antes habíamos estado en la consulta privada y así nos lo habían confirmado.

Entramos en la consulta, empezamos a hablar entre risas con el Ginecólogo y la auxiliar, paso a tumbarme en la camilla para proceder a la exploración y de repente, la cara del médico se tornó seria, yo empecé a ponerme nerviosa, apretaba fuerte la mano de mi marido y nos mirábamos, lo mirábamos y mi pareja le preguntó “¿qué pasa?” y él dijo “estoy viendo algo que no me gusta”. Y yo, no me lo podía creer, ¿cómo a estas alturas algo podría ir mal?, ¿qué había pasado?, mil y una preguntas me venían a la mente.

Nos sentamos en la mesa y el ginecólogo con gran sensibilidad, nos informó de que la Ecografía hacía sospechar que Luken padecía una “grave anomalía incompatible con la vida que impedía que sus hemisferios cerebrales pudieran estar interconectados entre sí (ACC)”. Seguidamente, tuve que hacerme una RMN fetal para confirmar el diagnóstico.

No me lo podía creer, pensaba que no era real lo que estábamos viviendo. Faltaba poco más de un mes para mi Fecha Probable de Parto, que era el 25 de Enero del 2020. Ya empezábamos a imaginarnos nuestra vida los cuatro juntos; nuestro pequeño de dos años y nosotros tres.

Vinieron días de mucha confusión, de llorar sin parar, de no dormir, no querer hablar con nadie, no querer ver a nadie. Sólo quería estar con mi marido y mi hijo. Me sentía perdida, insegura. En esos días mi mayor apoyo fue mi pareja, me entendió y apoyó como nadie. Y nuestra mayor alegría nuestro pequeño, que estaba en pleno auge y no dejaba de sorprendernos con sus ocurrencias.

Después de una semana, por fin, llegó la temida o esperada llamada. El comité ético había estudiado nuestro caso y nos daban su aprobación para interrumpir el parto. Nos informaron de que al día siguiente podíamos ingresar para provocar el parto. Por una parte, era una sensación de alivio, pero, por otra, sentía mucho dolor y angustia. Pensar que no iba a volver a sentir a mi bebé, ni dentro ni fuera de mí. Era una mezcla de sentimientos tan difícil de expresar; se juntaba la rabia, la culpabilidad, la frustración, el desamparo… pero sobre todo, me inundaba una profunda tristeza que jamás había sentido.

Así, llegó el 19 de Diciembre, a las nueve de la mañana después de ese doloroso pinchazo,  empezaron a provocarme el parto. Vinieron horas y horas de llanto, de dolor, mucho dolor y hasta el día siguiente, 20 de diciembre, a las cinco de la tarde pudimos abrazar y besar a nuestro Luken.

Dar a luz, sin luz. Tener a mi hijo en mis brazos sin vida. Esto es algo de lo que jamás nos habían hablado, algo que yo, ignorante de mí, pensaba que hoy en día ya no pasaba.

Recuerdo ese momento cada día, no hay noche en la que me acueste sin pensar en su carita, era un muñeco perfectamente formado. Un bebé de 2400g. y 49 cm. Lo tuvimos una media hora en brazos mi marido y yo. Le hablamos de nosotros, de su hermanito y le pedí perdón por no haberle cuidado como se merecía.

Teníamos claro que queríamos un dulce recuerdo de nuestro bebé. Así que, en una bonita postal con un árbol y una mariposa, hecha por una auxiliar, guardamos las huellas de sus manitos y sus piececitos.

A las dos horas quería irme a casa, pero finalmente no pudimos volver hasta el día siguiente, ya que tenía la tensión por los suelos y era incapaz de andar por mí misma. Así, que pasamos otra noche en el Hospital y a la mañana siguiente, después de desayunar, nos fuimos dirección a casa, pero claro, antes tuvimos que realizar otro doloroso trámite; el tanatorio. Decidimos incinerar a nuestro bebé.

El día de Nochebuena por la mañana, mi marido y yo, junto con las cenizas de Luken, subimos al monte y desde las alturas le escribimos unas palabras. Yo seguía con mi sentimiento de culpabilidad, por lo que mi discurso se centraba en pedirle perdón y decirle lo mucho que lo quería, mientras que mi marido le hablaba de todo lo que se había imaginado enseñarle y compartir con él, con nosotros. Así que le leímos nuestras sensaciones y nos pusimos una pulsera cada uno, como símbolo de que sigue en nuestros corazones y jamás lo olvidaremos. Lo enterramos, nos abrazamos y lloramos, lloramos mucho.

Después de esos días de celebraciones, para algunos, llegó Enero y con ello revisiones de ginecólogos y otros especialistas. Todos insistían en lo mismo; “a veces pasa”, “no es tu culpa”, etc., Pero yo necesitaba respuestas más precisas, una causa que me aclarara el por qué. Así, que después de varias pruebas y analíticas nos dijeron que la patología de Luken había sido causada por un virus. Nos aseguraron que no era algo genético, que esa parte del cerebro la tenía formada en la Ecografía del segundo Trimestre.

Después de un parto doloroso, vino un duelo todavía peor. Un postparto sin bebé. ¿Cómo? Sí, así es, si un postparto no suele ser fácil, imaginaos un postparto en el que se te cae el pelo, tu cuerpo está deforme, tu piel no brilla y te das media vuelta y tu bebé no está. Te das cuenta de que jamás lo volverás a tener en tu regazo. Jamás le darás el pecho, ni el biberón. Nunca le cantarás, le besarás ni le acariciaras. Me invadía un tremendo sentimiento de vacío.

En estos cuatro meses, me ha invadido un halo de tristeza y un sentimiento de culpabilidad, que es cierto, que con el tiempo se va atenuando y con la ayuda de profesionales, amigos y familiares voy asumiendo que la decisión que tomamos fue la más acertada por el bien de los cuatro. Un día, un médico me dijo “si lo dejas vivir, le darás la muerte. Si lo dejas morir, será libre”, mi tía pediatra me dijo “no será un niño feliz”, “os pasaréis el día de médicos”, “no podréis atender a vuestro hijo mayor como se merece”, etc. Éstas son algunas de las cosas que nos decían y en las que me intento apoyar para deshacerme de ese sentimiento de culpabilidad.

 

01-06-20

Enseguida habrán pasado seis meses y puedo decir que el dolor no es tan inmenso como el de hace unos meses. Intento afrontar la situación como un aprendizaje que me ha dado la vida. Un aprendizaje que me hará más fuerte ante las adversidades y todo lo negativo que nos toque vivir.

Durante este tiempo, he conocido y compartido experiencias con otras mujeres que han vivido dificultades en sus embarazos; mujeres que han tenido hasta siete abortos, mujeres que después de más de cinco años intentándolo no consiguen el ansiado embarazo, mujeres con problemas de fertilidad que han tenido que someterse a varias intervenciones, mujeres que han tenido que estar en reposo desde el principio del embarazo y lo han perdido en el tercer trimestre, mujeres que han perdido a su bebé en la semana 40 de embarazo, otras que lo han perdido con horas, días o semanas de vida, etc. Pueden surgir tantos obstáculos en un embarazo que sería imposible nombrarlos todos. Considero que es importante tener todos los posibles impedimentos en mente a la hora de buscar un embarazo, pero debemos de saber también, que por suerte, la mayoría de ellos, llegan a buen puerto.

En este tiempo, me he querido documentar un poco acerca de la muerte perinatal, neonatal y la interrupción del embarazo por anomalías fetales graves. Por desgracia es algo que sucede con más frecuencia de la que pensamos y sin embargo, es un tema tabú. Os diría datos concretos, para que os hagáis una idea, el problema es que hay una infradeclaración, es decir, no todos son declarados, tanto para la mortalidad fetal como neonatal. Por lo tanto, los datos oficiales no representan la realidad.

No obstante, os voy a dar unas pinceladas de la información que he recogido. En el año 2016, se estima que la tasa de mortalidad en embarazos de más de 22 semanas de gestación alcanzó el 7,5 por 1.000 nacidos. También me gustaría resaltar que, en cuanto a la evolución de la mortalidad perinatal durante los últimos 20 años, el análisis muestra que la mortalidad fetal (-18,5%) ha descendido de manera significativamente más lenta que la mortalidad neonatal (-85,4%). Se estima que los países con rentas altas, como España, podrían reducir su tasa de mortalidad fetal hasta una tercera parte con estrategias de prevención clínicas y socio-educativas. (datos de “Revista Muerte y Duelo Perinatal Número 4”, Paul Richard Cassidy).

También hay estudios acerca de la atención sanitaria en casos de muerte intrauterina, considero que las mujeres y /o familiares que se enfrentan a una situación como ésta necesitan una atención especializada, tanto psicológica como clínicamente, las conclusiones obtenidas en un Informe de Umamanita muestran que “en términos generales la atención no alcanzó los fundamentos de la buena práctica”.

Yo, por mi parte, he de decir, que hemos tenido una atención sanitaria, en la sanidad pública de Vitoria, encomiable. En cuanto a los profesionales con los que nos hemos cruzado en este tiempo, desde ginecólog@s, psicólog@s, matronas, enfermer@s, auxiliares de enfermería, etc. Nos han mostrado una gran sensibilidad, nos han atendido con gran humanidad facilitándonos así todo el proceso.

También me gustaría hablar de un sentimiento muy común en las mujeres que han tenido obstáculos a la hora de buscar un embarazo o a lo largo de su embarazo y/o maternidad. El sentimiento de inferioridad como mujer; de ser “peor mujer”, de ser “peor madre” que las que tienen hij@s y no han tenido problemas para ello. En primer lugar, hay que tener claro que muchas mujeres puede que hayan tenido problemas y no los hayan querido contar, algo totalmente respetable. En segundo lugar, no es mejor ni peor mujer la que no tiene hijos porque ha decidido no tenerlos o porque tiene problemas de fertilidad, ni es mejor ni peor madre la que ha perdido a su bebé recién nacido, ni siquiera es mejor ni peor madre la que tiene un hijo que la que tiene cuatro.

 

25-06-20

Simplemente, hemos de tener claro, que la vida nos hace vivir situaciones bonitas, no tan bonitas y duras o muy duras. Para superar las situaciones difíciles, tenemos que lograr comprender lo ocurrido, aceptarlo y sacar un aprendizaje de ello. No es fácil, hay momentos de nostalgia y la felicidad no vuelve de repente, pero lo importante es sentir que por fin estás mirando hacia delante con un poco de ilusión.

Ahora puedo decir, que no soy la misma que hace siete meses. Empatizo mucho más con las personas que tienen familiares enfermos o que acaban de fallecer, evito mucho más los conflictos, tengo más claro lo que quiero y lo que no quiero, disfruto más del ahora y pienso menos en el futuro. Pero también, soy más sensible, tengo más miedos, miedo a perder a las personas que más quiero, por lo que, en ocasiones, tiendo a sobreproteger más a mi niño.

Me consideraba una persona fuerte y segura. Pero hace unos meses, sentí como si de repente me debilitara por completo, mi mundo se derrumbaba y me quedaba sin fuerzas ni ganas de hacer nada. Por suerte, hoy no puedo decir lo mismo. Aunque he perdido seguridad en mí misma, me siento más fuerte que hace unos meses.

Hoy comienza una nueva etapa para mí, después de más de siete meses, vuelvo a trabajar y lo mejor de todo, me muero de ganas. Tengo ganas de hacer cosas, tengo ganas de Salir, en definitiva, tengo ganas de vivir.

Luken, el día 20 de Junio hizo seis meses que te tuve en mis brazos, por primera y última vez. El aita y yo fuimos al monte, a sentirte más cerca y a hablar contigo. Quiero que sepas que siempre serás parte de nuestra familia. Si tú no hubieras existido en nuestras vidas, nosotros ahora no seríamos los mismos. A mis 32 años, puedo decir que has sido mi mayor lección de vida. Gracias por enseñarnos tanto, por enseñarnos a querernos mejor y a agradecer cada día todo lo que tenemos. Pienso en ti cada día.

 

LUKEN, BETI GURE BIHOTZETAN.

 

Mamá de una estrella, Valeria

Soy mamá de una estrella, que nació y murió el 25 de Abril de 2020,en medio de toda esta locura del confinamiento y soy madre de un niño que tiene 2 años y medio.

No sé cómo empezar..tengo 36 años.Fue una niña buscada y vino a la primera como se suele decir.Fuimos de viaje de novios a Tailandia y nos trajimos de vuelta el mejor regalo sin duda: ella, mi pequeña, quedé embarazada en ese viaje y no me lo podía creer que hubiera sido tan rápido. Comenzaba mi nueva ilusión, mis 9 meses maravillosos de embarazo.Con mi primer embarazo puedo decir que fue una buena experiencia en todos los sentidos: gestarlo, un parto bueno y rápido..

En mi ecografia de las 20 semanas me confirmaron que era una niña, lo soñado para mi.Era todo perfecto, la edad que se llevaría con su hermano, la parejita, estaba sana..todo iba perfecto sin ninguna anomalía.En Marzo, empezó todo este confinamiento y me daba un miedo terrible , pero tenía la tranquilidad que todas las pruebas salían correctamente desde el principio del embarazo y sentía sus pataditas.Martin, su hermano pese a ser pequeño estaba ilusionado y me la nombraba en muchas ocasiones según iba creciendo mi barriga día a día.Le hacíamos partícipe y su cometido seria compartir juegos con ella y cuidarla.

Estaba en mi semana 35 de gestación, teníamos ese maldito día la ecografia rutinaria, digo maldito porque ahí se acabó todo. Entré sola a la consulta ( mi marido y mi niño se quedaron esperando dentro del coche en la calle.Recibi la peor noticia sola: cariño, llevas mucho tiempo sin sentirla o notarla? “No hay latido”. Quedé en schock, pedí que por favor volviera a mirar bien en la pantalla. Yo tenía un mal presentimiento, desde el día anterior no la notaba moverse, pero te lo niegas y piensas que quizás tiene menos movimiento, que esté dormida por momentos y que eso no te puede pasar a ti.

Ahí comenzaba mi sufrimiento y mi despedida de ella, mi niña, mi pequeña. Jamás pensé que tendría que enfrentarme a un parto vaginal de mi hija fallecida.No soportaría ese dolor tan grande, ¿como me enfrentaría a eso? Nunca había escuchado hablar de la muerte perinatal ni que significaba eso..Me dejaron ingresada de urgencia y comenzaron a preparar mi cuerpo y mi útero para dar a luz.No me lo quería creer, mientras tanto, el personal sanitario te empiezan a hacer preguntas y en poco tiempo tienes que ir tomando decisiones importantes: yo, mejor dicho nosotros, decidimos verla, donarla a la ciencia , quedarme con su gorrito de recuerdo, su pulserita, su huella del pie plasmada. Decidimos firmar la autorización para la realización de autopsia, que a día de hoy no tenemos aún los resultados del informe.

El momento del parto puedo decir que fue precioso en si, rápido, sin apenas dolor físico, sin puntos.A mi pequeña Valeria le pedí que ya que la habíamos perdido para siempre, que ayudara a su mamá a ponerle las cosas fáciles y no tuviera un parto traumático, pese a la situación tan dolorosa que ya teníamos con su pérdida, no quería ese recuerdo de dolor físico.Y así fue: mi niña prácticamente en apenas 2 horas desde la epidural se me salió sola, no tuve ni que empujar.Mi niña fue buena hasta para eso…

Desde que me dejaron ingresada hasta a dia de hoy no encuentras respuestas, te preguntas una y otra vez :¿por que a mi? ¿Por que a las 35 semanas y no antes? Y puedo decir que lo que me ha servido a mi para cerrar esa pregunta es que ” las estadísticas se basan en personas ” y me tocó a mi. Soy soy unas de esas estadísticas. Es lo único que me ha dado descanso mentalmente.

Cuando di a luz , saqué fuerzas y decidí ver a mi pequeña, mi preciosa hija , mi Valeria. He de reconocer que me daba mucho miedo llegar a ese momento, pero puedo decir que una vez nació y la cogí en brazos, senti el amor más puro y maravilloso que se pueda tener, que sentí mucha paz.Era mi primera y ultima vez para todo. Mi primer y ultimo beso a ella, el poder tocarla por primera y última vez, olerla, coger su manita, acariciarla,tocarla con toda la delicadeza del mundo como instinto de protección para no hacerle daño..Conocer a mi pequeña y mi ultimo adiós. 8 meses de embarazo gestandola, sintiendola , 2 corazones juntos para luego seguir mi camino sola, sin mi pequeña. Nuestras vidas se separaban, no la volvería a ver nunca más, no podría pronunciar su precioso nombre nunca: VALERIA.

Esto va por ti mi pequeña,  porque unos amigos nuestros bautizaron en la realidad a una estrella de la constelación de Cáncer con tu nombre. Me da paz saber que hay una estrella con tu nombre con fecha desde 25 de Abril.

Y por último decirte mi querida hija, que me acuerdo de ti todos los días, que te sigo llorando..Me quede con los brazos vacíos y mi corazón lleno de ti.Te quiero hija, mi niña, quiero darte tu lugar. Estas situaciones no tendrían que pasar nunca, un bebé morir antes de nacer , es antinatural. Dedicados a todos esos bebés estrellas y a esas familias valientes que nunca nos olvidamos de nuestros pequeños.Descansen en paz esos angelitos.

V.C.L.

Álvaro de mi vida

Hola a tod@s, mi nombre es María y vengo a contaros mi testimonio ahora que me siento con un poco de fuerzas aunque sólo haya pasado un mes desde que Álvaro naciera y se fuera de mi vida para siempre pero no de mi corazón, pienso que compartir mi historia es como un legado que me ha dejado mi hijo para que otras familias que se vean en mi misma situación se sientan comprendidas y no crean que son las únicas porque yo así fue como me sentí, y por supuesto también es la forma que tengo de nombrar y mantener vivo el recuerdo de mi niño para siempre.
Mi marido y yo desde que nos conocimos siempre habíamos hablado que ser padres era nuestra ilusión, y ese instinto maternal lo tengo muy arraigado desde que era una niña.
Una vez que decidimos que empezaríamos a intentarlo pero sin ningunas prisas que viniera cuando quisiera, cual es nuestra sorpresa que el primer mes que lo intentamos me quedo embarazada. Al principio fue un poco de shock porque no lo esperábamos tan pronto pero al instante ya estábamos súper ilusionados y nuestra familia también.
Empiezo a ir a mis controles y mis analíticas y todo esta correcto, mi niño se está desarrollando con total normalidad y su corazón latía con fuerzas. Justo dos semanas antes de la próxima ecografía empiezo a tener el presentimiento de que algo no va bien, yo había sentido al bebé y de repente había dejado de sentirlo, como era primeriza y estaba de poco tiempo (18 semanas) todo el mundo me decía que era normal que aún estaba de poco tiempo pero yo en el fondo sabía que algo no iba bien. Como estaba en pleno confinamiento por el Coronavirus decidí esperar al 30 de Abril que tenía mi eco 20.
Por fin llega el día en el que voy a verlo y estaba muy nerviosa, tuve que entrar sola en la consulta ya que mi marido no lo dejaban entrar. Automáticamente cuando la doctora me pone el ecógrafo encima pasan unos segundos y me dice esas palabras que jamás en la vida olvidaré “Ojú hija esto no está bien” las tengo grabadas a fuego, a partir de ese momento mis recuerdos se nublan un poco, se que le dije “Como que no está bien” y me dice que no, que no tiene latido, hace aproximadamente 2 semanas que se paró.
Empezé a llorar como una loca y a temblar, un frío que me recorría el cuerpo que no podía controlar. Eso fue a las 9:00 de la mañana y me ingresaron para inducirme el parto, a las 22:45 Álvaro nació en aquella cama del Hospital de Cádiz y se separó de mí para siempre.
Jamás pensé escuchar esos “empuja cuando te venga una contracción” “ánimo que lo estás haciendo muy bien” por primera vez, sería para tener a mi hijo sin vida.
En el momento que sentí como cortaban el cordón sentía que me cortaban el alma, estaban quitándome lo único que me quedaba de unión con mi pequeño. Lo más raro de todo esto ahora que lo pienso es que en el momento del parto no lloré ni una lágrima, estaba tan en shock que no era consciente de lo que había pasado, parecía que estaba viviendo una pesadilla que no era mía, hasta que por la noche de madrugada en la habitación me desperté y fui consciente te todo cuando me acaricié la barriga y noté que estaba blandita y plana, ahí fue cuando rompí a llorar desconsoladamente y desde entonces no hay un solo día que no le llore al cielo, a mi angelito precioso.
Yo no quise verlo pero mi marido sí, yo no me quería quedar con ese recuerdo de él. Prefiero quedarme con el amor que sentí cuando lo vi por primera vez y escuché su corazón, cuando sentí su primer movimiento en mi mano, cuando bailábamos en el salón a ritmo de bachata, o cuando después de ducharme por las noches me dedicaba a darme mi cremita en la barriga y masajearla, eran nuestros momentos y solo nuestros.
Jamás olvidaré tampoco cuando nació y la enfermera se lo llevó en una mantita liado para que yo no lo viera, ni lo volveré a ver nunca. Ese recuerdo es el más duro y complicado para mí, es el único momento que pude intuir su cuerpecito, se me parte el alma de pensarlo.
Justo hoy un mes después de todo esto he vuelto a aquella consulta en la que me dieron la noticia y ha sido otro escalón enorme que he tenido que subir para recoger los resultados de la autopsia. Resulta que tenía “Corioamnionitis”, una infección en la placenta causada por una bacteria en el endometrio. Según me ha comentado el médico es algo totalmente aislado y no tiene porqué volver a suceder, simplemente he tenido mala suerte, esto es como una lotería y me ha tocado a mi vivirla.
Cuando me vea con fuerzas y pase un poco de tiempo iré en búsqueda de un hermanito, no pienso renunciar a mi maternidad por mala suerte del destino una vez. Tengo que volver a ser feliz y sobretodo hacerlo por él. Nunca voy a dejar que Álvaro caiga en el olvido, es mi hijo, yo lo he gestado, lo he sentido y lo he parido. Siempre lo llevaré por bandera hasta que me muera, y será mi estrellita en el cielo.
Álvaro hijo mío, tus padres te amamos y jamás te olvidaremos.
Vuela alto, quizás algún día podamos volar juntos.

Mi Estrella Enzo

La verdad que no se ni por donde empezar, esta inmensa tristeza y vacío  que llevo en silencio a diario , creo que no me deja avanzar.

  1. En medio de toda esta pandemia yo era feliz con mi pequeño creciendo como un campeón  día a día, no fue un embarazo fácil  pero si muy deseado, con 44 años ya nada es igual , después de 2 abortos tempranos  ahora parecía que la cosa si podía ser ,apesar de  estar sangrando casi todo  el tiempo  de embarazo  , mi pequeño estaba en un mundo aparte, creciendo hasta más de lo que le tocaba, con un buen latido,  sin anomalías despues de realizar las pruebas pertinentes por tener una madre  más mayor , estuve ingresada 3 veces,  que si sangrado por hematoma, reposo,  reposo,  reposo, vuelta a sangrar que no se sabe de dónde viene el sangrado  y para casa otra vez a reposo,  el día 13 de marzo fui a mi revisión  mensual y todo  parecía  estar bien, hasta se dejo sacar una buena foto…. y para casa, al día siguiente empecé a sangrar pero como de costumbre pensé ya parará,  al no ser así, me fui al hospital y por supuesto me dejaron ingresada en medio de este caos, sola, pues ahí estuve durante 10 días con antibióticos por si acaso pero nadie veía nada de donde venían  esos sangrados, hasta que mi niño decidió que no quería estar más ahí dentro y empecé con contracciones , al parecer tb se había roto la bolsa y no tenía liquido pero su corazón  seguía latiendo y con 22semanas y 1 día nació  mi Enzo, la estrella más bella que me pudo dar y quitar la vida en un instante. La salida del hospital fue devastadora,  llegas con tu niño y sales sola con una sensación de vacío que nunca en mi  vida había sentido por nada .Han pasado 2 meses y todavía  sigo perdida, perdida en un mar de porques,  en un duelo en solitario, silenciado que se hace más duro aún  si cabe  por que te dicen pues ya esta ya pasó,  ya tienes que estar bien, no puedes estar  todos los días llorando y Si! hay que seguir viviendo  eso lo se, pero que nadie le ponga  un tiempo  a este dolor , solo el que ha pasado por  esto sabe de lo que hablo,  todo llegará,  las aguas volverán  a su cauce, me imagino que si que llegará  ese día que pueda hablar de él si echarme a llorar pero todavía no es ese día.  El se había convertido en mi  mundo y ese mundo simplemente se esfumó en un abrir y cerrar  de ojos. Siempre estarás  conmigo mi gordito, mami te amará siempre .

Para María, la mamá de Curro

En primer lugar, lo siento, y no son palabras vacías, son un sentimiento sincero. Al igual que a tí mi primer hijo, en éste caso, hija me dejó.

Me llamo Pilar y tengo 34 años, el 7 de marzo nos dejó nuestra Elena, con tan solo 20 días de vida.

He leído tu testimonio y me he sentido identificada en cada palabra escrita, sé el dolor que sientes, la pena, tristeza, impotencia, coraje, frustración y hasta eso que tú escribes de sentirse fracasada, fracasada como madre (aunque no lo seamos).

Yo también me he hecho y me hago mil preguntas de porqué mi niña se ha ido, y de sí habré hecho algo que le perjudicara.

Elena nació aparentemente normal, todas las pruebas de embarazo habían ido de maravilla, era una niña preciosa, con sus ojazos, sus labios perfectos, sus mofletes, todo en ella era perfección. Pero cuál fue nuestra sorpresa que a las 48 horas de vida y en pruebas rutinarias para darnos el alta, le detectaron unos niveles de oxigenación bajos,aquí empezó nuestra pesadilla.

Venía con una cardiopatía incompatible con la vida, la cual había que operar sí o sí. Tras 18 horas de operación, repartidas en dos operaciones y 18 días de UCI, finalmente nos abandonó.

Todo éste proceso, duro como no hay otro nos ha cogido en confinamiento, encerrados, solos, sin una explicación, sin entender nada y con un vacío en nuestro interior, un vacío que siempre nos acompañará. Con todo el amor que teníamos para ella dentro de nosotros, sin saber qué hacer con él, viviendo cada día en una pesadilla.

Sé que tengo a mi Elena que me cuida y que por ella tengo que seguir adelante, ellos nos darán la fuerza para aprender a vivir con éste dolor.

En éste tiempo he leído muchos testimonios de parejas que les ha pasado lo mismo, por desgracia hay muchos más casos de los que nos imaginamos. Pero te leí a tí, mamá de Curro, y me llegaste, me sentí identificada, cada palabra escrita me representa.

No sé si nos ayudará o no, pero creo que nos entenderemos, comprenderemos lo que la otra siente, porque ésto solo lo entiende quién ha pasado por lo mismo.

Te dejo mi mail, y me encantaría que te pusieras en contacto, así mismo cualquiera otra familia que  lo lea y quiera que nos apoyemos, que nos ayudemos, que lloremos juntos, pienso que será bueno.

Sin más un abrazo.

pilu_19@msn.com

 

CURRO

Mi bebé tenía 40 semanas y 2 días.

Había tenido un buen embarazo hasta los 8 meses, donde me dieron bajadas de azúcar y alguna subida de tensión, todo aparentemente iba perfecto. De hecho días antes de lo ocurrido había ido a mi última revisión. Salimos de allí tan felices… deseosos de ver su carita, de sentirlo en nuestros brazos, de darle tanto amor que teníamos guardado solo para Curro…

Estaba feliz, ilusionada, emocionada, deseosa… Mi hermana, que tenía 9 días de embarazo más que yo, y yo, estábamos compartiéndolo todo. Incluso compramos todo igual a los mellis, como llamábamos a nuestros bebés. Iban a ser como hermanos… Todo era para los dos… Ahora Leo tiene un mes y 5 días y nunca se conocerán…

Cumplía el 11 de marzo y el día 12 me desperté estraña. Curro se había movido poco, aunque pensé que solía moverse más de noche. Durante la cena sentí una horrible sensación y mi preocupación aumentaba por instantes. Comí más pero no sentía nada.

Mi marido y yo nos fuimos al hospital. Yo me temía que algo pasaba… Cuando entré en maternidad y me hicieron la eco estaba tan angustiada por lo que me fuera a decir… Me cambió de ecografo… Uf…, algo va mal.

“… donde está el padre… Que pase. Mira… A su bebé se le ha parado el corazoncito…”. Las palabras más dolorosas que he oído a mis 33 años. Que dolor, que desgarro,que tristeza, que pena, que cosa tan grande… Lloramos cómo locos. Nuestro niño había fallecido dentro de mí. Lo que más quería en este mundo había fallecido. Había tanto amor en mí para él, en nosotros.

Me explicaron que iban a inducirme el parto. Me quedé en shock. Tenía que parirlo aún sabiendo que no volvería a casa con nosotros.

Me subieron a la habitación y al otro día empezaron a darme pastillas. Me explicaron y recomendaron que hacer…mientras, tú intentas asimilar lo que os está pasando.

El procedimiento es traumático. Te suben a maternidad y aunque estés sola en la habitación o con otro aborto como lo llaman ellos, ves y escuchas a mamás y bebés constantemente. Eso te hace sentir que has fracasado como madre… Ellos ejemplo de vida, tú, sabes que traes muerte. Te preguntas por qué una y otra vez… Habré hecho esto, no habré hecho lo otro, hice algo mal, si hubiera venido antes… Mil preguntas sin respuesta. Y allí sigues con tu dolor, con tu pena… Llorando a mares, sin saber que hacer, que decir… Sin saber nada. Solo que tú bebé ya no estar.

Sobre el medio día o así comencé a dilatar y a las 4 y 20 de la mañana del día 14 de marzo de este año nació y murió mi Curro. Era perfecto. Su naricilla, su boquita, su hoyito en la barbilla, sus mofletes, su morenito, sus manos grandes, sus piececillos… Él era perfecto para mí. Lo tuve en mis brazos, lo besé y acaricié aunque ahora pienso que fue poco. Estaba nerviosa, angustiada y con el dolor y la pena más grande que alguien pueda sentir. Y ya está… esa ha sido la primera, única y última vez que lo veré… Que lo sentiré.

Ha sido la peor experiencia de mi vida. Además del terrible dolor físico que conlleva un parto también me fui vacía, sola, con un increíble dolor en mi corazón que no se ni como explicar.

Incineramos a Curro el día 16 y está con nosotros, siempre estará con nosotros. Con él se fueron las ilusiones y la alegría que supuestamente deberíamos estar sintiendo. Nos dejó el vacío más grande que yo haya podido esperimentar. Nos dejó rotos, desolados, solos… Llenos de recuerdos ficticios que no sabes como gestionar. Llenos de dolor, rabia, pena, importencia, miedos, inseguridades… Llenos de amor sin saber que hacer con el. Vacíos de vida, de ganas, de ilusiones…

Siempre me ha dado un miedo especial el embarazo ya que a una prima mía hace 11 años, si no recuerdo mal, se le murió su hijo, Hugo, tras 8 horas de vida. Eso me impactó tanto que me costó mucho quedarme embarazada por el miedo que sentía. Ahora mis miedos son mayores.

Nada ni nadie podrá aliviar este dolor, esta tristeza, esta pena, NUNCA. Nada ni nadie podrá sustituir a Curro, NUNCA. Somos jóvenes sí… Pero aún siendo jóvenes hemos perdido un hijo, querido y deseado por todos. Y tendremos que aprender a vivir con ello, aunque sea duro, aunque te sientas rota y vacía por dentro.

Mi bebé estrella siempre será mi hijo, mi primer hijo. Por ahora mi único hijo, como siempre dije. Espero en un futuro tener un bebé arcoiris y hablarle de su hermano al que tanto amor nos quedo por dar.

Siempre CURRO.

Quedate conmigo

Mi esposo y yo buscamos embarazarme por dos años, después de varios tratamientos pastillas, fecundación invitro,  llego la esperada noticia. Estaba embarazada fue un día de mucha emoción y alegría. Mi embarazo al principio fue difícil mucho vomito. Pero estaba feliz por la llegada de Sara, sus abuelos, tíos. Contaba 1 a 1 las semanas para ver a mi bebé. Cuando por fin cumplí 40 semanas me programaron cesaria porque no tenia contracciones ni había bajado la bebé. A unas horas de la cesaria presente sangrado y tuvieron que hacerme la cesaria de emergencia. Tuve desprendimiento repentino de placenta.  La bebé sobrevivió unas horas  pero por la falta de oxígeno presentó falla en todos sus organos.  Aún no creia lo que me decían yo siempre decía que mi bebé era fuerte que tenía 40 semanas.  A los dos días murió mi bebé fue muy duro pero a la vez sentí que ella descansaba, no me gustaba verla con tantos tubos conectada. Pienso que todo fue un sueño, me duele mucho y me siento tan vacía. Extraño tanto a mi bebé,   los primeros días sentia tanta desesperación que quería irme con mi Sara. Pero mi esposo me repetía quedate conmigo, te necesito. Y es así como poco a poco le digo a mi Sara que tengo que quedarme un rato más porque su papá me necesita. Sus abuelos me necesitan. No creo volver a someterme a otro proceso de invitro. Tengo 31 años pero siento que ya no podría intentar  otra invitro. Dios así lo quiso, pienso que el no quiere que tenga más hijos.

Visibilizar para concienciar

Nos llega este testimonio que quiere compartir su historia de forma anónima:
Estaba en mi semana 18 del embarazo que iba a ser mi bebé arcoíris. Había  tenido una perdida temprana en la semana 10 en la anterior gestación. Soy diabética por lo que la eco morfológica se me hace algo antes de las 20 semanas. Es en esta eco cuando nos diagnostican una posible malformación cardíaca sin muchas posibilidades. El trato es correcto y muy humano pero pasan por la información de puntillas.
Nos derivan a otro hospital para una segunda opinión y para que sean expertos quien lo diagnostique con certeza. Durante la ecografía  de diagnóstico el médico que me realiza la ecografía me hace pensar que es culpa mía por mis antecedentes (obesidad, diabética, …). Tras un trato excesivamente frío por su parte se nos informa de las opciones y de que, en cualquier caso o si necesitamos más información, ellos nos acompañan en el proceso. Las oportunidades son escasas por lo que nos comunican que, en caso de que la opción sea IVE tiene que ser con nuestro Hospital de referencia pero sin decirnos cómo hacerlo.
Una vez tomada la decisión, y sin más información, nos dirigimos a nuestro hospital. Damos varias vueltas por los servicios de información y la Trabajadora Social para terminar, como habíamos solicitado desde un principio, en el Servicio de Ginecología. Nos dicen que el proceso, al haber latido, no lo realizan allí y nos facilitan un número de teléfono para llamar. Siento la impotencia  de la ginecóloga que me lo comunica.
En ningún momento se me dice a donde estoy llamando. Explicamos el caso y nos facilitan tres Clínicas (las tres privadas) para que las miremos y decidamos donde queremos llevar a cabo el proceso. Primer momento en el que el sentimiento más fácilmente  reconocible es la clandestinidad y el abandono. Yo quisiera hacerlo en mi hospital, cerca de mi casa, con las ginecólogas que conocen mi historial, no hay opción.
Me facilitan un día, una hora y un lugar en el centro de Madrid al que tengo que acudir en ayunas. En esta llamada insisto en que soy diabética y me dicen que me dan el primer turno y avisan a la clínica para que todo sea lo más rápido posible. Cuando llego a dicha dirección veo que es la Consejería de Sanidad y que esto es como un paso previo para ver que todo está correcto y que puedo acceder al proceso de IVE. Opino que este paso no es necesario y además estigmatiza aún más. Por nuestras caras se reconocía, perfectamente, quienes éramos las que estábamos allí para lo mismo. Solo yo tenía una señora barriga!
Cuando llego al centro tengo, en todo momento, la sensación de clandestinidad y de que quieren que todo sea rápido para “quitárselo de en medio”. No es por nada que hagan o digan de manera concreta. Más bien es porque es una clínica vieja, en la que te meten por pasillos estrechos para hacerte ecos y firmar documentación con la misma sensación fría de quién está firmando para algo que no debería hacerse. El personal es agradable pero se nota que, el paso del tiempo, les ha permitido una distancia profesional que termina traduciéndose en un “si yo hago esto todos los días, fíate de mí y déjate hacer” y en muchos casos acompañado de una mirada o un gesto que indica un “qué tú no sabes!”.
Pido, expresamente, ver la ecografía y me miran con cara de loca. Indico que lo necesito y me la muestran durante un segundo. Comento la posibilidad de ver a mi hijo, aunque sea sin vida, a lo que me responden, de nuevo con cara de pensar que estoy loca, que esto no es un parto y que me deje hacer, que ellos saben. En este momento me siento absolutamente sola e indefensa (mi pareja, que me acompaña en todo momento, piensa diferente a mí respecto a mi necesidad de ver a mi hijo). Siento que no tengo más ganas de luchar por nada porque la respuesta va a seguir siendo la misma “tú no sabes, nosotros sí!”.
Me llevan a una habitación. La sensación de clandestinidad se acentúa pues, tras pasar unas puertas, no nos cruzamos con una sola persona en ningún momento. Todo son puertas cerradas y puertas que se vuelven a cerrar tras de ti con cierta celeridad. Se oye hablar al personal por los pasillos, hablan portugués, ruso… tengo la sensación de no estar siquiera en Madrid.
Una vez terminado el “procedimiento” en el que te duermen por completo y q en mi caso fue por aspiración y legrado, te mandan a casa. Te dan una medicación para cortar el proceso de subida de la leche pero no te explican que efectos tiene ni que puede, como fue mi caso, causarte un efecto rebote y con él una mastitis.
Escribo esto porque me gustaría que llegase a quien corresponda  para que se revisen todo este tipo de protocolos que dependen no solo de cada Comunidad si no del propio protocolo interno de cada Hospital.
Considero el trato recibido como un proceso en el que no se ha tenido en cuenta mis necesidades psicológicas, se me ha infantilizado por parte de algunos de los profesionales con los que he tratado y en el que me he sentido, en todo momento, como que tenía la culpa de lo que me estaba pasando y que por eso debía ser escondido a ojos de la sociedad.
A día de hoy no sé qué fue de los restos de mi hijo porque en ningún momento se me comunicó que se iba a hacer con ellos. A día de hoy sigo sintiendo escalofríos cuando recuerdo el proceso, la clínica y el trayecto en coche hasta la misma. A día de hoy sigo viendo las caras de la gente que esperaba conmigo en la sala de espera de la Consejería. A día de hoy sigo viendo importante fallos en cómo se tratan estos procesos. Han pasado 16 meses y, a día de hoy, y con mi nuevo bebé en brazos aún recuerdo todas las cosas que debieron ser y no fueron y las heridas que nunca podran sanar y solo deseo que ninguna madre o padre tenga que vivir esas experiencias.
A día de hoy, 15 de octubre, día internacional de la pérdida perinatal/gestacional creo que lo más importante en esta lucha es visibilizar para concienciar.