Te echamos de menos Iria

En diciembre de 2019 estaba embarazada de 21 semanas. Mi primer embarazo. Una noche me desperté porque parecía que me había hecho pis encima. Pensé que tenía algo de incontinencia pero al día siguiente, después de tener varias perdidas durante el día decidí ir a urgencias. Allí me exploraron, me hicieron una ecografía y la prueba para ver si era líquido amniótico. Me dijeron que estaba todo bien, que era flujo muy líquido lo que estaba perdiendo.

A los 5 días tenía la ecografía del segundo trimestre. Recuerdo que iba tan, tan feliz a ver a mi niña… Cuál fue mi sorpresa cuando la doctora me dice que no hay líquido, que la bolsa está rota y totalmente vacía. La niña estaba perfectamente, aún la notaba moverse dentro de mí.

Me meten en una sala donde me explican que estando de tan poco tiempo las posibilidades de que sobreviva son prácticamente nulas y que en caso de que lo hiciera lo haría con muchas secuelas (posiblemente conectada toda su vida a un respirador). Al final, me indujeron el parto y la niña no sobrevivió al proceso. Fue el peor momento y el más triste de mi vida. No recuerdo haber sentido nunca tantísimo dolor. Le hicieron la autopsia a la niña y me dijeron que había sido causa de una bacteria.

Pensé que nunca más querría volver a intentarlo pero me equivocaba. A los 7 meses volvía a estar embarazada y ahora estoy  de 36 semanas. Tengo sentimientos encontrados pues por un lado estoy deseando conocer a mi niño. Por otro, aún me acuerdo muchísimo cada día de mi niña y me encantaría tenerlos conmigo a los dos. No hay día que no piense un ratito en ella.

Además, de los dos me quedé embarazada en agosto y salía de cuentas en mayo. Ahora nace mi pequeño, pero mi niña cumpliría un año.

Te echo tanto de menos Iria… Tu papá, tu hermanito Leo y yo te querremos siempre 🙂

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