Un año de mi aborto

Hoy, 19 de agosto de 2026, se cumple un año desde mi aborto. Sé que no es la mejor frase para comenzar un texto, pero es de lo que quiero (o necesito) escribir, y aunque que este relato no pretende ser algo dramático o lacrimónigeno, tampoco quiero presentar la realidad de forma edulcorada porque, ¡sorpresa!, la vida no viene con lluvia de azúcar.
Qué rápido me quedé embarazada, qué pellizco después de una temporada con una nube gris sobre nuestras cabezas. Sé bien lo potente que es mi paraguas en mi relación de pareja, pero también he de confesar que hace falta fuerza para sostenerlo. Por eso, cuando vi ese positivo pensé…bueno, ni pensé, solo podía estar feliz. Al principio fue incredulidad, embarazo adolescente a pesar de contar con 33 años, no mentiré…pero alegría y una suave caricia en el alma. En ese momento, por circunstancias de trabajo, Miguel no estaba conmigo, pero la sorpresa, la idea de pensar en cómo decírselo, esa preparación me ilusionaba tanto o más que la propia noticia en sí. Su respuesta fue maravillosa, tanto como él, estábamos henchidos de felicidad y de planes de futuro juntos. La nube se abría y dejaba pasar la luz.
En ese periodo (creo que fue tan solo una semana), yo estuve 3 días en casa de mi madre. El calor de Zaragoza es insoportable en verano y su casa y su “frescor catedral”, una delicia. Así que nos hicimos compañía y fueron 3 días maravillosos. Dudé mucho (muchísimo) en contárselo. Mi madre es mi mejor amiga, ocultarle algo así me parecía traición (y prometo que a día de hoy me lo sigue pareciendo) pero… aún no entiendo cómo, no lo hice, me guardé ese gran secreto, con el título “por si acaso”. No puedo explicar por qué no lo dije, no sabía de nadie a mi alrededor que hubiera pasado por un aborto, no era la palabra que contemplaba, no sé, sigo sin entenderlo un año después.
El día 18 me fui a la cama, fui al baño a hacer pis y vi un pequeño sangrado, leve. Pregunté a la IA (a.k.a chat GPT) y me dijo que podía ser normal. Volví a levantarme al poco tiempo para revisar y no había resto de ese sangrado, así que me quedé tranquila y me dormí. A la mañana siguiente… no puedo describir la sangría. Yo sabía perfectamente que lo había perdido, la sensación en mi cuerpo era totalmente distinta. Me maquillé, me fui a trabajar y procuré tener calma, “Miguel no se merece esto” era el pensamiento principal anclado en mi cabeza… Le dije de la forma más sosegada que pude que iba a ir a trabajar y que me pasaría por las urgencias de la maternidad para que me echaran un ojo… y eso hice. Un test de orina (positivo todavía, claro), una analítica de sangre y una ecografía transvaginal para confirmar lo que mi cuerpo me estaba gritando, pero mi mente aún no procesaba. Recuerdo las caras de las enfermeras y ginecólogas, de pena, de circunstancias, y yo con voz tranquila decir: “chicas, sé que he tenido un aborto, no pasa nada, ya lo sé”. Pese a todo, la confirmación de ello me dolió. Me quedé absorta, notaba la mano de Miguel, pero notaba sus lágrimas y sentía mis propias mejillas húmedas. Es curioso como después de haber trabajado tantos años en el hospital infantil y sentirlo con esa sensación de “hogar” cuando entraba a trabajar, que hubiera desaparecido completamente y ahora fuera un lugar que me dolía tanto ver. Me quemaba estar ahí. Otra vez la nube gris posada en nuestras cabezas, pero es que mi paraguas estaba tan flojito…que nos mojó a los dos.
¿Es complicado salir de ahí? No sé, cada uno tiene su proceso. A mí me ayudó mucho hablar del tema, contar lo que me había pasado y quitar la connotación de un tema tabú. Conforme empecé a hablar de esto, encontré testimonios de tanta gente que había pasado por lo mismo… “Mal de muchos, consuelo de tontos”, pero no tanto por ello, si no porque cuando yo tuve esta pérdida sentí que era “mi culpa”, que algo había hecho algo mal (“¿comí algo que no debía?”, “¿algún “bicho” del hospital me hizo esto?”) y después de esas evidencias de vida, vi que era algo frecuente, ahí es cuando hallé algo de confort y desapareció esa “culpa”.
A veces sigo acordándome, sigo llorando, a veces me cuesta verbalizar algún paso del proceso… pero estoy bien. Mi nueva preocupación es que nos está costando volver a quedarme…pero eso es otro tema que ya estamos tratando.
Si alguien alguna vez ha pasado por esto, no estás sola, es una mierda. Rodéate de gente que sea tu sostén y deja que te cuiden. No hay que ser la más fuerte siempre. Déjate llevar, acepta que la vida tiene momentos amargos y no dejes que estos sean tu plato principal. La vida, pese a todo, es bonita si te rodeas de la gente adecuada. No sé si todo llega porque el proceso no es justo (ni muchísimo menos), pero bueno, estoy descubriéndolo.