Adiós, mi pequeña Luna

Era mi tercer embarazo (buscado como los otros dos). En el screening del primer trimestre nos dijeron que Luna tenía un alto riesgo de cromosomopatía, que luego se confirmó mediante la amniocentesis. Entré en una fase de negación total, parecía que no era a mí a quien le estaba pasando todo aquello. Tras varios días de muchas dudas, decidí interrumpir. Busqué y leí mucha información, y con ella decidí que quería una interrupción por inducción de parto, para poder despedirme de mi hija Luna. No fue fácil conseguir esto, ya que estaba condenada a hacer una interrupción quirúrgica. Me sentía desahuciada por el sistema. Emprendí una agotadora lucha para conseguir mi objetivo, y al final lo logré. Pese a que acabé exhausta, no me arrepiento en absoluto de ese esfuerzo, puesto que gracias al mismo pude ver a mi hija y decirle en persona cuánto la amaba y pedirle que me perdonara por mi decisión tomada. Todo esto no me quita la carga de culpabilidad pero, al menos, estoy satisfecha de haber podido tomar mis propias decisiones. Por el camino fue difícil no tirar la toalla, y más estando rodeada de personas que me metían prisa para interrumpir cuanto antes. Para mí fue clave tomarme las cosas con calma, ir dando pasos en firme, y no caer presa de la sensación de shock y de querer huir hacia adelante.