A mi ángel en el cielo

Mi princesa, mi pequeña, mi Leire…
Después de 40 días, empiezo a encontrarme con fuerzas para hablarte sin que se me rompa el alma y empiece a llorar sin control alguno…
En primer lugar, te doy las gracias. Gracias por elegirme a mí.
Gracias por aparecer en mi vida por sorpresa cual un milagro caído del cielo. Gracias por regalarme el sonido más bonito que he escuchado en mi vida, tu corazón. Gracias por aguantarme durante 38 semanas mis cambios de humor, mis sobresaltos, mis movimientos nocturnos. Gracias por estar ahí cada mañana, escuchándome cada vez que te hablaba. Gracias por dejarme experimentar lo que es un embarazo, con sus cosas buenas y no tan buenas. Te doy las gracias por cada uno de tus movimientos en mi barriga: Tus patadas, tus estiramientos, etc. Gracias por dejarnos verte en cada una de las ecografías porque, de alguna manera, te hemos conocido más a fondo viéndote sonreír, bostezar, meterte los deditos en la boca, tocarte la cabeza, etc. Gracias por hacer que desaparezcan mis miedos y preocupaciones por las pruebas médicas y el parto. Gracias por hacerme ver que soy más fuerte de lo que pensaba, por hacerme confiar más en mí misma (sé que, de alguna manera, sabías que lo necesitaba). Pero sobre todo, te DOY LAS GRACIAS por hacerme MADRE.
Porque ser madre no es solo criar a un hijo. Ser madre es sentir un amor incondicional hacia tu hijo/a, hasta tal punto que harías cualquier cosa por él/ella. Ser madre es sacar fuerzas de donde no las hay para seguir adelante con o sin él/ella. Y a mi me ha tocado sacar fuerzas para seguir en esta vida sin ti…Y es cierto eso que dicen, “no hay dolor más grande que el que siente una madre que pierde un hijo”. Y ahora lo entiendo.
Pero además, te tengo que dar las gracias por la lección de vida que me has dado. Por abrirme los ojos y hacerme ver que hay cosas en esta vida más importantes que lo material, lo físico y el dinero. Que no sirve de nada vivir con envidias, miedos, rencor, orgullo o pesimismo. Que hay que disfrutar de esta vida al máximo, que hay que disfrutar de la familia en cada momento, que hay que ser positivo siempre; y sobre todo que hay que ser feliz. Porque en cualquier momento, días, minutos, segundos o como en tu caso horas, la vida puede detenerse y llegar a su fin.
Así que, te doy las gracias mi pequeña. Gracias porque, sin siquiera abrir los ojos, me has enseñado el sentido de la vida. Me has enseñado a conocerme más a mi misma y a cambiar mis pensamientos hacia los demás.
Gracias por elegirme a mi, Leire. Gracias por dejarme ser tu madre.
Sé que, donde estés, vas a estar muy bien. Sé que te van a cuidar muchísimo y que tú nos vas a cuidar a tu papi y a mi. Sé que nos vas a dar fuerzas para seguir y que cuidarás de tus futuros hermanitos como su hermana mayor que eres. Y sé que algún día nos volveremos a ver y recuperaremos el tiempo que no hemos podido disfrutar.
Brilla, brilla en el cielo mi angelito y vuela alto. Mamá algún día volará contigo.
Te quiero princesa.