Con mi pareja estuvimos buscando un bebé durante 7 meses. El día que nos enteramos que había quedado embarazada (con una prueba casera positiva) nos pusimos realmente muy felices.
Todo iba bien hasta la semana 11+6. Ahí nos dijeron que el bebé era más chico que lo que se esperaba (11s) y que el corazoncito no se estaba desarrollando bien. Nos dieron un turno para la siguiente semana 12+6 para ver si algo cambiaba en una semana. El bebé seguía teniendo el mismo tamaño más o menos (11+3), no había diferencia con la ecografía anterior, tenía un solo vaso sanguíneo en vez de dos, y el ducto reverso. Por lo cual era altamente probable que los latidos del corazón paren estando aún en la panza, o si llegara a nacer, no sobreviva.
Nos hicimos muchas preguntas, desde si hicimos algo mal (y realmente no, me cuidé como nunca en la vida), hasta si tendríamos algo mal en los genes.
El ADN fetal en este punto solo nos serviría de información para próximos intentos de embarazo, porque solo verificaría alguna cromosopatía en caso de que dé riesgo alto. Ya la viabilidad del embarazo estaba en juego, sin importar los resultados de este estudio.
Con lo cual, tuvimos que tomar la decisión de interrumpir el embarazo en la semana 13, porque realmente cuanto antes se hace es menos invasivo para el cuerpo y supongo que también a nivel emocional (aunque una se sienta con el corazón roto sin importar las semanas).
Realmente estuve muy mal esos días, pero me ayudó leer los testimonios de todas las personas que cuentan su historia.