Mi corazón se fue contigo, Hijo

Llevaba casi 10 años intentando tener un bebé. Embarazos naturales que perdía, tratamientos de fertilidad, pasar varias veces por el quirófano por miomas. Y de repente llegó a mi vientre mi pequeño. Se aferró fuerte a la vida y a su mamá. Los 4 meses que estuvo con nosotros fueron los más felices de mi vida. Un embarazo feliz, estábamos viviendo mi pareja y yo. Todas las pruebas iban bien y yo no podía estar más pletórica e ilusionada. Un día normal, fui al baño y de repente salió muchísimo liquido. Comprendí que se había roto la bolsa. Y lo que eso podía significar en semana 16. Fuimos a urgencias, aún había latido y el periplo fue espantoso. Con el COVID no dejaron a mi pareja apenas quedarse. Estuve sola viviendo la agonía de 3 días hospitalizada sin ninguna posibilidad, con un niño desahuciado. Debido a los protocolos espantosos en Madrid, me dieron el alta y tuve que ir a una clínica de aborto, oculta, como si estuviese haciendo algo malo. No me trataron en el propio hospital porque mi pequeño seguía vivo, con angustia. Allí recuerdo parte del personal que me atendió entre bostezos mientras yo lloraba desesperada
. Recuerdo que nadie me informó de que yo podía reclamar y disponer del cuerpo de mi hijo. Me dejaron sola en la antesala del quirófano. Sólo se me ocurrió usar ese tiempo para despedirme entre lágrimas y sollozos de Mi hijo. Con él se iba mi corazón entero. Hubiese preferido morir yo, darle mi vida, pero que él tuviese la oportunidad de vivir. Después de la intervención quirúrgica por motivos médicos, volví a casa con las manos vacías y nadie a quien cuidar. La atención psicológica que necesité y sigo necesitando fue tremenda. Ni siquiera tengo un sitio al que acudir, su cuerpo para despedirme. Me atormenta eso. Solo tuve el acto simbólico de hablar con él antes de la operación, y ahora voy a escribirle una carta y hacer una cajita de recuerdos con su ecografía y una mariposa. Han pasado 2 años y en las mismas fechas en que le concebimos a él, concebimos a su hermana. La fecha de parto de ambos era prácticamente la misma. No me parece casualidad, no me lo tomo así. Mi hijo llevaba tiempo intentando entrar en nuestras vidas, entrar en mi vida. Parte de él está en mí y en su hermana, que nació y está entre nosotros. Yo siempre seré madre de todos los hijos de mis pérdidas gestacionales anteriores, y por supuesto de mi Nico. Siempre tendrá su espacio en mi familia. Pero sinceramente no sé qué hacer con tanto dolor, y cómo transformarlo en otra cosa. Estoy yendo a grupos de acompañamiento en el duelo, pero el sistema sanitario y la sociedad española no está preparada para atender estos duelos silenciados, añadiendo más sufrimiento añadido al dolor ya de por sí insufrible. Es antinatural ver perder a un hijo. La peor condena posible para el resto de nuestras vidas es convivir para siempre con su ausencia. Sé que cuando yo muera me acordaré de él, da igual los años que pasen. Aún me queda bastante para elaborar este duelo, no, aún no lo tengo integrado. No sé cómo se hace eso.