Semana 20 y CIR Precoz

Hola. Estoy escribiendo esto porque creo que es una forma de desahogarme.

Tuvimos una niña en abril de 2025; preciosa y muy sana.

Mis embarazos son siempre de riesgo, porque soy diabética tipo 2. Pero con mi pequeña Cayetana y cuidándome mucho, todo salió muy bien.

En noviembre de 2025 nos enteramos que venía Manuel. No esperado, pero sí muy querido.

En la semana 12 me indican que hay un riesgo de preeclampsia, pero que normalmente con una aspirina diaria, se suele moderar el riesgo o seguir siendo tan solo un riesgo.

Semana 16+3, eco pre-morfologica, todo bien. El bebé está perfecto.

Semana 17+3, por el privado, todo bien de nuevo.

Semana 20, eco morfológica. Las dos ginecólogas/obstetras ven algo que no cuadra.

«Victoria, ¿cuánto pesó Cayetana?» 3,245 kg, ¿por qué, viene grande el bebé? (Como es habitual en las embarazadas diabéticas)

«No Victoria, viene pequeño, muy pequeño. Necesitamos que andes un poco para medir algunas cositas.»

Mi marido estaba fuera porque tardó en aparcar y a mí me llamaron puntual a la cita. Cuando salí a andar, se lo comenté a mi marido.

Entramos de nuevo, y le midieron.

Mi bebé no recibía los nutrientes suficientes y por eso venía pequeño.

«Nos gustaría descartar algo genético, vente en dos días porque la persona correcta es cuando puede hacerte la amniocentesis».

A los dos días volví. Era la misma ginecóloga que me diagnosticó el riesgo de preeclampsia.

Miró. Miró. Miró y remiró. 2 horas se llevó conmigo. El bebé había pasado del percentil 3 al 1 en dos días. Seguía cogiendo nutrientes pero ella creía que no iba a durar mucho. ¿Podía revertirse? Pues normalmente no, pero nada era imposible. Las casuísticas que me dieron fueron 3:

– Si llegábamos a la 24 (que lo veía poco probable) el bebé fuera podría no sobrevivir.

– Si llegábamos a la 24 y sobrevivía, había entre un 50 y 80% de que el bebé viniese con muchas secuelas o enfermedades irreversibles.

– Interrupción del embarazo.

Ella me dijo que realmente no creía que fuera genético, sino que la placenta no había ramificado lo suficiente.

Tanto mi marido como yo, dentro del dolor que teníamos, no queremos que nadie tenga una vida que no sea digna. Pero no quería rendirme. Eso fue un jueves, y tuve que estar en reposo 48 horas.

El lunes, fui al Virgen del Rocío de Sevilla, que tienen una unidad de medicina fetal muy reconocida. Y les expliqué mi caso. No quería tomar una decisión sin tener todas las posibles opciones. Sin haber hecho todo lo posible por la vida de mi bebé.

Me dijeron que me verían en esa semana, que el martes me llamaban para confirmar cuándo.

El martes fui a mi médico ginecólogo privado. Y ahí, sin casi cogerme de sorpresa, me dijo que el bebé estaba parado. Que ya hacía al menos dos días. Parece que yo, en mi interior, lo sabía, pero que me agarraba a que era algo de mi cabeza.

Avisé a mí marido y fuimos a mí hospital público de referencia (Juan Ramón Jiménez) y de seguida me trataron.

Mi hijo Manuel nació el 18 de marzo de 2026 a las 16 h. Estaba ya muy maceradito, por lo que la ginecóloga que me parteó me indicó que recomendaba no verlo (que en otras condiciones siempre recomendaba ver al bebé). Pero lo pude tener encima (envuelto) todo el tiempo que necesité. Siempre recordaré acariciar su cuerpo, y sus piecitos muy pequeñitos. Él pesó 200 gramos.

Me hicieron una caja de recuerdo con sus huellas.

Hoy, 20 de marzo de 2026, lo he incinerado y me he despedido de él. Físicamente. Porque se ha llevado la otra mitad de mi corazón.

Me queda el consuelo que Dios y la naturaleza, decidieron por mí. Que no ha recaído sobre mí ni mi marido el peso de una interrupción.

Me consuela el saber que intenté todo. Que lo parí. Y que lo querré toda mi vida.

Muchas gracias a todos los facultativos primero de Quirón Huelva, por tener tacto en las formas de decirlo.

Dar las gracias a todos el equipo del Hospital Juan Ramón Jiménez, porque trataron la situación de la forma más humana y generosa que se puede tratar.

Y al Virgen del Rocío porque el mismo martes, tal como me dijeron, a las 13 h. Me llamaron para citarme y tratar el caso.

Gracias de verdad a todos y cada uno de esos profesionales que no me dejaron de la mano en ningún momento. Todo ha sido con el respeto y la humanidad que merece una situación como esta.

Lloro a cada momento. No me sale la sonrisa. No tengo ganas de comer o de quedar. No contesto a los mensajes de «lo siento» porque ahora mismo nadie siente lo que siento yo.

Me queda pasar un duelo; no sé si largo o corto. No sé el cómo ni cuánto va a durar… Pero estoy segura de que pasará el dolor duro, y me quedará un dolor distinto. Siempre con dolor, pero que ocupará más el amor que le tengo a mi bebé, Manuel.

Te quiere y te querrá siempre, tu mamá.