Hoy quiero compartir una parte muy íntima de mi vida: mi duelo gestacional.
El duelo gestacional no es “menos” duelo. Es un duelo silencioso, muchas veces invisible, pero profundamente devastador para quienes lo viven.
Ellas siempre serán parte de mi cuerpo, de mi historia y de mi identidad. No haberlas podido ver o tocar no las hace menos reales. El amor no necesita forma física para ser eterno.
En febrero de 2025 nos enteramos de que estábamos esperando a Leonor. Estábamos felices, llenos de sueños e ilusiones.
El 4 de marzo, en un control, escuchamos: “no encontramos latidos”. Ese día sentí que, junto a mi bebé, también se iban los sueños de toda una familia.
Con el tiempo decidimos sanar, esperar, confiar y seguir adelante. Meses después llegó Helena, nuestro bebé arcoíris, llenándonos nuevamente de amor, pero también de miedo.
Hasta que un día, otra vez: “no encontramos latidos”.
Hay dolores que no se pueden explicar. Vivir un duelo gestacional es despedirte de un hijo sin haberlo tenido en brazos, sin un lugar donde ir a dejar flores, sin un espacio donde el mundo reconozca tu pérdida… pero el duelo existe, y el amor también.
Aun así, sé que viven en cada latido que cambió mi vida, en lo que fuimos y en lo que somos. Porque una madre nunca deja de amar, aunque sus brazos estén vacíos.
Comparto esto no desde la lástima, sino para visibilizar una realidad que muchas mujeres y familias viven en silencio. En Chile aún es un tema tabú, y quienes atraviesan la pérdida de un hijo merecen ser reconocidos, acompañados y validados.
Si estás pasando por esto, quiero que sepas algo: no estás sola 🤍